Con perdón de Vallejo

Agosto 31, 2006


¿Quién hace tanto hack, y ni deja
testar las islas que van quedando?

¿Ratz? ¿Dr. Smile? ¿Hildebrando?

¿Alguna pista?

P.D.: Posteo en el carril de alta, en el Periférico, a 80 kms/h: si la NASA me llama para una asesoría, estoy dispuesto a pensarlo.


Sopa reloaded

Agosto 31, 2006

Siempre sí me fui con la disertación La verdad y la sopa en la navegación que se publica hoy en La Jornada. Le puse unas cosas al post original y le quité otras, y devino columna. El post fue antes, o sea que quedó una postcolumna. Bonito género estoy inventando.


Verdaderos resultados preliminares

Agosto 30, 2006
Según Walt Disney, en las elecciones sólo puede haber un ganador. Las cosas no son tan simples. Los comicios del 2 de julio y el cochinero de antes, durante y después, dan como resultado:

2 perdedores

2 ganadoras

y 1 difunto.

Salvo por el último, aún falta por ver en dónde pone la historia a cada cual.

Poesía, no profecía

Agosto 30, 2006

(En recuerdo de don Pedro Mir)


















La espada tiene una espiga
la espiga tiene una espera
la espera tiene una sangre
que invade a la verdadera

que invade al cañaveral
litoral y cordillera
y a todos se nos parece
de perfil en la bandera

la espiga tene una espada
la espada una calavera


Tres punto dos por ciento

Agosto 29, 2006

De acuerdo con un estudio de Caixa Catalunya, en la década 1995-2005 la llegada de inmigrantes a España impulsó en 3.2 por ciento el crecimiento del producto interno bruto del país. Sin la inmigración, sostiene el documento, el PIB per cápita se habría reducido en 0.6 por ciento anual en vez de crecer, como lo hizo, en 2.6 por ciento.

No es el único caso. En la mayor parte de los países europeos el crecimiento económico registrado en los últimos años se convertiría en decrecimiento si se le restara la contribución de los extranjeros: sin ellos, la economía de Alemania habría experimentado un crecimiento negativo de -1.5 por ciento y la de Italia, de -1.2. En su conjunto, la Unión Europea, que tuvo un incremento anual promedio de 1.79 del PIB per cápita entre 1994 y 2005, habría perdido cada año el 0.23 por ciento del tamaño de su economía si no hubiera recibido inmigración alguna.

En términos demográficos, los extranjeros aportaron el 76 por ciento del incremento poblacional, con 11 millones 900 mil de los 15 millones 700 mil nuevos habitantes. En Alemania e Italia la llegada de inmigrantes ha contrarrestado incluso las tendencias a la disminución, en términos absolutos, de la población local (El Mundo, 28 de agosto).

No es probable que los gobernantes de los países ricos (en Estados Unidos de seguro ocurre algo similar, aunque no hay datos) desconozcan estos hechos ni que, conociéndolos, estén decididos a evitar que crezcan las economías de sus respectivas naciones. Sin embargo, en la porción próspera del mundo, las políticas orientadas a impedir, perseguir y penalizar la inmigración se acentúan día con día y, con ellas, el llamado “costo humano” del fenómeno: la prohibición de libre tránsito se traduce de manera cotidiana en incontables seres humanos ahogados, balaceados, calcinados, presos, deportados, torturados y humillados, tanto en las riberas del Río Bravo como en el Estrecho de Gibraltar, lo mismo en las costas del Pacífico centroamericano que en el norte de África.

El viejo continente y Estados Unidos impulsaron e impusieron una globalización despiadada para, después, convertir sus territorios en enormes fortalezas medievales. Hay que detener a toda costa a esos nuevos bárbaros desharrapados que llegan por oleadas, con una mano atrás y otra adelante, a impulsar la productividad, el consumo y el crecimiento económico en general. Hay que conseguir a toda costa que en el imaginario colectivo el trabajador extranjero sea identificado como terrorista, violador, ladrón, traficante de drogas. Hay que invertir parte de ese crecimiento económico logrado gracias a los migrantes en nuevos dispositivos electrónicos de vigilancia, en armas de fuego y en barcos patrulleros para que los nuevos aspirantes la tengan un poco más difícil y se incrementen sus posibilidades de morir en el intento.

El despropósito de la persecución de migrantes es uno de los ejemplos más grotescos y ofensivos de la irracionalidad en que naufraga el mundo contemporáneo. Dicen quienes mandan en él –es decir, los dueños reales y políticos de las economías desarrolladas— que la idea consiste en establecer reglas más racionales, maneras más humanistas y formas más benéficas de ejercer el poder. Tal vez un día de éstos lo consigan.


¡Ja! ¡Lo logré!

Agosto 29, 2006

Gracias, Alejo; gracias, Tono.


Licenciado Sopa

Agosto 28, 2006


También encontré un oficio firmado por el Lic. Antonio Sobrado Paz, nacido el 8 de julio de 1939 y cuyo Registro Federal de Causantes quedó cagadísimo. Feliz cumpleaños tardío, Lic. Sopa. Espero que no me cache, como el Dr. Sonrisa, y si me cacha, que no se engorile conmigo.

Pensándolo bien, y en ensayo anticipado de desagravio, es posible que el Licenciado Sopa venga a ser el mismo que el (mucho más célebre) Licenciado Verdad, por más que ni don Ciro Gómez de Silva ni El Buscón de la RAE se hayan enterado que, desde tiempos inmemoriales, “soltar la sopa” quiere decir confesar la verdad y que, por ende, una de las legítimas acepciones del término que designa a la bebida caliente es ese juguetito que tanto les gusta a filósofos, teólogos y lógicos.

“Sopear” no sólo es remojar cosas en bebidas calientes, sino también sondear a alguien o inducirlo a que confiese algo, sea con buenas o con malas artes. Incluso sería posible, al menos en teoría, sopear a alguien sopeándolo, es decir, introduciéndolo en una bebida caliente, en cuyo caso habría que pedir la inmediata intervención de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, no sólo para corregir la infamia contra el escaldado sino también para prevenir que los sobrantes del líquido le fueran servidos a una tercera persona.

Convertido en calle adyacente al Plantón, el Lic. Verdad es de una actualidad soprendente:

“Por la situación de la península, la autonomía de la Nueva España ya se veía como una realidad alcanzable conforme a las leyes establecidas, pues los criollos rescataron la antigua legislación española en la que se hacía constar que en ausencia de la cabeza del estado, la soberanía regresaría al pueblo a través de las Cortes; esta ley sería aprovechada para deslindarse de la tutela española por la vía legal:

Nadie pues á vista de tan respetables opiniones, podría argüir al ayuntamiento de México de infidelidad, ni tendrá frente para decirle que intentó trastornar la constitución Monárquica [...] el cuerpo político representado en el pueblo no intenta destruir su organización, quando en crisis tan funesta como la presente, cuida de conservarse por medios legítimos, aunque desusados.
(Francisco Primo de Verdad y Ramos, Memoria Póstuma)

El principio de la soberanía popular invocada por el Licenciado Verdad, según Vicente Riva Palacio en México a través de los siglos, era ‘tan avanzado que hasta entonces jamás se había invocado [y] sobresaltó a muchos de los circunstantes [...] y todos se apresuraron a impugnarlo’. La Iglesia lo declaró como proscrito y anatemizado, pero los partidos ya estaban tomados: ‘radicalizadas las ideas y polarizadas las opiniones, el Ayuntamiento y con él todo el grupo criollo aspiraba a que Nueva España se gobernase libremente a través de un congreso que representara a la nación y designara a las autoridades que fueran necesarias’.”

Lo más chistoso es que el fragmento anterior pertenece a un discurso pronunciado por el senador panista Manuel Cortina Reynoso, de Aguascalientes, para pedir que se inscribiera con letras de oro, en el muro de honor del Palacio Legislativo de San Lázaro, el nombre de Francisco Primo de Verdad y Ramos.

Es entendible, en todo caso, que el interfecto acortara su nombre, porque el original se prestaba a que lo botanearan y lo llamaran “Primo de a mentiras” .

Y para terminar, y con todo respeto para los abogados, concédanme que la expresión “Licenciado Verdad” es un contrasentido.

(Ya me clavé. Si no les molesta, creo que voy a convertir este choro en una entrega de la columna.)


Luz parda: La migrante de regreso

Agosto 28, 2006

Encontré esta décima y me encantó.


Las piedras del cielo

Agosto 28, 2006
  • Meteoritos artificiales de Saddam
  • Gesta de Artigas
  • Poema de Neruda

Aunque no tenga nada que ver, robo el título al volumen de Neruda que empieza así: “De endurecer la tierra / se encargaron las piedras: / pronto / tuvieron alas:/ las piedras / que volaron: / las que sobrevivieron / subieron / el relámpago, / dieron un grito en la noche, / un signo de agua, / una espada violeta, / un meteoro.”

Era el otoño de 1993. Los Acuerdos de Oslo habían sido firmados y en Israel y en los territorios palestinos ocupados el deseo de paz estaba en la respiración de la gente. En un trayecto de Galilea al Golán hice buenas migas con un oficial al que me referiré como Ari. Le pregunté si era cierto que algunos de los misiles Scud lanzados dos años antes por Irak contra territorio israelí llevaban la cabeza explosiva llena de cemento. Así lo había afirmado en tiempos de la primera guerra del Golfo la agencia Ansa, en un despacho aislado fechado en Tel Aviv, luego nadie volvió a hablar del tema y yo me quedé con la curiosidad larvada. “En El Golán hay un teniente que, en tiempos de la guerra, examinó varios blancos de los Scud”, me esperanzó. “A ver si lo encontramos, y a ver qué te dice”.

Horas más tarde, ya en la meseta, Ari se me acercó, llevando del brazo a un joven rubio de no más de 25 años, vestido en traje de fatiga. Me lo presentó como el teniente X, evocó con la mano la parábola de un Scud en vuelo y se alejó. Sin preámbulos, le expuse a X mi interrogante. El se quedó un momento en silencio, tal vez sopesando si aquello era materia de secreto de guerra o una tontería sin importancia; al parecer optó por lo segundo, y tras un movimiento afirmativo de la cabeza, me dijo:

-Hubo varios casos de esos. En Tel Aviv cayeron tres o cuatro misiles con la punta llena de piedras y otro con la ojiva hueca; en el Néguev también cayó un Scud que en vez de explosivo llevaba cemento.

–¿Por qué?

–No lo sabemos. Suponemos que los artilleros iraquíes estaban haciendo pruebas o afinando la puntería -concluyó, con un gesto de perplejidad que me pareció genuino.

Así que era cierto: mientras duró el conflicto, Saddam estuvo tirando sobre Israel pedradas de tecnología balística, meteoritos artificiales, cascajo militar.

En los días de aquella guerra muchos nos sorprendimos por la poca eficacia destructiva de los Scud iraquíes lanzados sobre Arabia Saudita e Israel. Un año antes, el ahora derrocado dictador de Irak había anunciado que disponía de agente vx, gas mostaza y neurotóxicos en cantidades suficientes para “incendiar medio Israel”, y el misil que entregaría esos venenos a domicilio. Es evidente que en 2003 el régimen de Saddam no tenía armas químicas, pero sigue sin estar claro si en 1991 las poseía en cantidades relevantes. En todo caso, contaba con una razón de peso para no emplearlas: unos días antes del inicio de la primera guerra del Golfo, George Bush padre advirtió que la destrucción masiva se respondería con destrucción masiva; o sea, que si Saddam arrojaba sus humanicidas, Washington contestaría con bombas atómicas.

Pero el cemento era otra cosa. ¿Por qué?

En el camino de bajada del Golán hacia Galilea, ya de noche cerrada, Ari apuntó una explicación:

-Porque los militares iraquíes son estúpidos. La prueba es que se metieron en una guerra a sabiendas de que no podían ganarla.

Aquello me pareció una simplificación poco convincente, tan increíble como que los artilleros iraquíes se tomaran el trabajo de poner cemento en la punta de los Scuds sólo para “afinar la puntería”.

Modelo oficial

No he hallado en Internet ninguna referencia relevante sobre ese detalle de la guerra de 1991, pero en los 15 años transcurridos desde entonces me he ido formando una explicación: el Irak de la década pasada, con sus miles de millones de petrodólares y su vasto arsenal, era, a fin de cuentas, un país subdesarrollado. O sea que las estructuras logísticas no se daban abasto para llevar el explosivo hasta donde se encontraban las lanzaderas de misiles, o que los oficiales lo vendían al mejor postor, o que les faltaba el criterio y la preparación para evitar decisiones disparatadas (rellenar misiles con arena y cal, por ejemplo) o que las tomaban para mostrarse congruentes con la bravata de Saddam, quien meses antes había bautizado como “piedras” a sus misiles. Irak peleó en ese conflicto con una doctrina militar que recuerda la Primera Guerra Mundial y con tecnología de la Segunda, habida cuenta que el Scud es, básicamente, un perfeccionamiento de la bomba V2 alemana. El ingeniero aeronáutico español José Luis Torres Cuadra, quien asegura haber participado en el desarrollo de los Scud iraquíes, dice de ellos que “no eran fiables; era más peligroso ponerse detrás de un Scud en el lanzamiento que estar en el sitio donde iba a impactar, porque no tienen sistemas de guía sino que vuelan ciegos, con lo que el radio de error puede ser de kilómetros respecto al objetivo”

La relativa debilidad militar de Irak no habría sorprendido a nadie si los grandes medios de información no hubieran urdido el engaño planetario que presentó a ese país como la quinta potencia militar del mundo. En forma sorprendente, Washington y Bagdad establecieron un acuerdo tácito para sostener y apuntalar la mentira. Pero los misiles iraquíes eran, a fin de cuentas, un refrito local de artefactos soviéticos que a su vez no eran más que perfeccionamientos de las V2 alemanas de seis décadas atrás, y en la punta de los Scud viajaba la Edad de Piedra.

Ilustración hallada aquí.

Mucho más meritoria es la gesta conocida en la historia del Uruguay como La Batalla de Las Piedras, no por haberse librado a la manera de los paleolíticos sino porque así se llama el sitio en que tuvo lugar. Ocurrió el 18 de mayo de 1811 y fue la primera victoria de José Artigas sobre los españoles. Esa confrontación estuvo marcada también por la desigualdad en el armamento de ambos bandos. Los revolucionarios enfrentaron a los españoles con unos pocos fusiles, lanzas tacuaras, cuchillos enastados y dos cañones, pero el talento táctico y la convicción de libertad les permitieron un triunfo crucial, y dos días después pusieron sitio a la ciudad de Montevideo.

La Batalla de Las Piedras, por Manuel Rosé (1882 ­1961)

Citas de la blogósfera (por favor, autores, no las tomen como piratería ni como fusil, sino como homenaje): ayer, sábado 26 de agosto, tuvo lugar la BloggerFete 2006 en un bar del Centro Histórico de esta capital. Se aceptan reportajes y reseñas sobre cómo terminó ese asunto, en el que hubo -así se anunciaba- “alcohol, drogadicción, embarazos inesperados, freaks con palms, vasectomías gratis para los primeros cinco asistentes, transmisión de enfermedades venéreas, bolsitas de dulces genéricos, conversaciones incómodas, torneo de esgrima, rifa de una prostituta sesentona, dos cabras, un ornitorrinco y y dos monos aulladores: todos usando lencería francesa, papel de baño limitado, pleito(s), sexo anal, tampones para todas las presentes, payaso enano experto en globoflexia, galletas de animalitos, negros con abanicos, sacrificio de una virgen en honor a blogger.com, uso indiscriminado de la palabra ‘verga’, guardería, intentos de ligue fracasados, posterior masturbación en casa y mucho, mucho más”.

Sucedió mientras te esperaba a ti y pensaba cómo sería esperarlo a él, o a otro, a cualquier otro que no he conocido, con un escenario casi idéntico, porque yo, las bancas y las tardes, fuimos hechas para aguardar.”


Rendición del soneto ante la décima

Agosto 25, 2006

Pedro Miguel, tu soneto
lleno de humor y alegría
provocó una algarabía
en este paraje quieto.
Espiando detrás del seto
me deslumbró con su brillo
y casi me desternillo
con tu irónico vocablo,
hiriente como el venablo
y duro como el martillo.

Un abrazo
María de Lourdes Aguirre Beltrán


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Envidia del catorce al diez redondo
y de la oncena al ocho que, acostado,
contiene al infinito, capturado
en un trazo simétrico y cachondo,

así el soneto, Lourdes, te respondo,
por la décima vive acomplejado
siendo como es, solemne y tan pesado
que si fuera bajel, se fuera al fondo*.

Plena de agilidad y de frescura,
tu décima jarocha, por su parte,
compagina el rigor y la dulzura.

Me queda claro, debo confesarte,
que si el arte mayor truena y fulgura,
en el arte menor se encuentra el arte.


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* “No sólo al texto: al autor también le urge ponerse a dieta”, anota González de Salas. “Mejor reconsidera y acepta la invitación del Dr. del post anterior, total son aerobics”, agrega una voz sardónica por ahí. “Pero haz algo– tercia una maldad con patas– antes de que tengas de cambiar la talla… de tus sábanas”.