Muertos para el cuidado del cutis

  • Cosméticos, vacas locas y chinos ejecutados
  • Evocación de Farabeuf

El reportaje, publicado por The Guardian el pasado 13 de febrero, dio rápidamente la vuelta al mundo: “Una empresa china de cosméticos usa piel tomada de los cadáveres de convictos ejecutados para producir productos de belleza que se venden en Europa.” Tal es el origen, a decir de un agente de la compañía, del colágeno para labios y tratamientos dérmicos contra las arrugas, productos que han sido exportados a Estados Unidos y diversas naciones europeas, entre ellas, Gran Bretaña. Esgrimiendo “razones legales”, el rotativo londinense se negó a identificar a la empresa en cuestión, cuyo representante también reconocieron que ésta busca desarrollar rellenos quirúrgicos con tejidos procedentes de fetos abortados.

“Cuando fue abordado de manera formal por The Guardian, el agente negó que su empresa usara piel de prisioneros ejecutados. Sin embargo, admitió el hecho en varias conversaciones con un reportero que se hizo pasar por un empresario de Hong Kong”. En esas pláticas el representante afirmó que el “material” extraído de los sentenciados y de los nonatos era comprado por compañías de biotecnología de la provincia norteña de Heilongjiang, e insinuó que el uso de la piel y otros tejidos de los ejecutados no era infrecuente. “En China se considera normal y me impactó que los países occidentales pudieran hacer tanto escándalo al respecto”. Más detalles: “Los clientes extranjeros se sorprenden de que China pueda manufacturar colágeno humano por menos del 5 por ciento de lo que cuesta en Occidente”; la piel de cadáver solía ser incluso más barata, pero “en estos tiempos, hay que pagarle cierta tarifa a la corte”.
La preocupación europea por este posible tráfico no provino de consideraciones éticas, sino de inquietudes sanitarias, luego que el Ministerio de Salud de Londres mencionó la necesidad de establecer regulaciones adicionales para controlar los tratamientos con colágeno. “Los procedimientos cosméticos son un sector de rápido crecimiento en los servicios de salud privados (y) debemos garantizar una protección efectiva de los pacientes”, dijo el señor Liam Donaldson, titular de la dependencia. En efecto, la popularidad de esa clase de tratamientos se ha disparado en años recientes, y hoy en día se realizan en Inglaterra unas 150 mil inyecciones o implantes al año. El mejoramiento de labios es uno de los tratamientos más populares, y tiene un costo promedio de 300 dólares.

Algunos implantes y rellenos se fabrican con tejidos de gato o cerdo, y otros con material proveniente de humanos. El Ministerio de Salud sostiene que puede haber riesgo de infección por virus de transmisión sanguínea, incluida la variante de Creutzfeld-Jakob (conocida por sus siglas en inglés vCJD), una condición neurodegenerativa infrecuente y fatal, clasificada como Encefalopatía Contagiosa Espongiforme y que forma parte de los padecimientos englobados bajo el título general de “mal de las vacas locas”.

La nota de The Guardian recoge, por otra parte, rumores que circulan en la comunidad de cirujanos plásticos en torno al aprovechamiento de otras partes de los cuerpos de los ejecutados en China –manos y córneas, entre ellas– para trasplantarlas en los organismos de visitantes extranjeros provistos de los dólares suficientes. Las autoridades de Pekín, por su parte, aseguran que los restos sólo se aprovechan si se cuenta con una autorización previa de los condenados y de sus familiares.

La foto de una desolladura pública y lenta, efectuada en una plaza de Pekín, a principios del siglo pasado, dio pretexto a Salvador Elizondo para su novela Farabeuf o la crónica de un instante, de cuya primera edición se cumplirán 40 años en noviembre próximo. La imagen de una atrocidad muy semejante, pero con otra víctima, puede encontrarse en la parte superior derecha de la página 155 de Le musée des supplices de Roland Villeneuve (Azur-Offenstadt, París, 1968), lo que confirma la idea de que esas ejecuciones eran práctica común en el lugar y el tiempo mencionados. Si lo publicado por The Guardian es cierto, hay que reconocer, como enorme avance en una centuria, que hoy en día las autoridades chinas ejecutan antes de descuartizar en vez de matar mediante el descuartizamiento. Qué piadoso: pensándolo bien, no hay mejor analgésico –ni siquiera la acupuntura—que la muerte.

Pero estábamos en que las preocupaciones occidentales tienen menos que ver con las consideraciones humanitarias que con un tabú relacionado con el complejo de Frankenstein, y no me refiero aquí a la expresión acuñada por el inolvidable Isaac Asimov para explicar el temor ante las creaciones humanas potencialmente incontrolables, sino a esa fobia al reciclaje utilitario de organismos de nuestra propia especie: el canibalismo –apenas matizado por la tecnología farmacéutica— de Soylent Green y las atroces artesanías nazis fabricadas con piel de judíos asesinados. Por cierto, la fabricación industrial de jabón con la grasa de los exterminados parece ser mera leyenda, pese a que fue pregonada por el cazador de nazis Simon Wiesenthal, sobreviviente de los campos de exterminio y figura grande del siglo XX, muerto el martes, en Viena, a la edad de 96 años. Descanse en paz.

En la navegación del jueves 16 de junio apareció una de tres fotos de la ejecución de una joven china. Publico ahora la secuencia completa, obtenida del sitio perverso ogrish.com. En cuanto a la imagen de Farabeuf, aparece en uno de los links anteriores.

Ejecución

Alejandro Pineda Martínez me reprocha, con toda la razón, el no haber dedicado la columna del domingo, víspera del 20 aniversario de la tragedia de 1985, a consignar ligas sobre el sismo y sus secuelas. No lo hice por dos motivos: el primero –que considero válido— es que ha habido, en estos días, una total saturación informativa con el tema. El segundo, mucho más cuestionable, es que no quiero, no he querido, no he podido, meter la embarcación en ese Estigia que inundó a México hace dos décadas, porque el 19 de septiembre me resulta una fecha insoportable. Me esforzaré por superar esa resistencia de aquí a un año y por lo pronto, y a modo de disculpa, aquí van estas referencias:

Terremoto de 1985: Ciudad quebrada

“No sin nosotros”

Las causas probables de la catástrofe sísmica del 19 de septiembre de 1985

Recuerdo latente

El terremoto de 1985, por Joani Hocquenghem

Los años siguientes, de Bertha Hiriart

Dato para Jesús Luna Camarena: esta columna nació el domingo 25 de abril del año pasado.

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