Por las aguas del Níger

  • Homenaje a Ali Farka Touré
  • Solomon Linda y Buena Vista Social Club, víctimas de la rapacidad

toure

Mali no tiene litorales. Para navegar por ese país del occidente de Africa hay que remontar las aguas del Níger río arriba desde Nigeria y transitar hacia el norte y el occidente, por Benín y Níger, para llegar a las llanuras de Bamako y Kulikoro y bajar al suroeste, más allá, a Guinea Conakry y a las fronteras de esta otra nación con Sierra Leona, que es donde nace esta corriente, la tercera más poderosa del continente negro, sólo superada por el Nilo y el Congo. Mucho antes de llegar a Bamako, capital de Malí, hemos pasado por la ciudad mítica de Tombuctú, localidad de los 333 santos, vedada a los infieles hasta 1928, puerta de entrada al Sahara fundada por los camelleros tuareg en los tiempos de la dinastía Mandinga, allá por el año de 1100. Y no lejos de Tombuctú, río arriba, se encuentra la localidad de Niafunké, cuna del músico. Hube de tener ese mapa en la cabeza para comprender por qué, hace unos quince años, en México, el saharaui Malainin se conmovió hasta el trance cuando escuchó las notas de Timbarma que salían del gaznate de oro de Ali Farka Touré, no recuerdo si en un casete o en un disco LP de 33 revoluciones. Entre los lugares de origen de ambos, Ali Farka y Malainin, hay un país entero de por medio -Mauritania-, pero toda la zona conforma una axila donde convergen el Africa árabe y el Africa negra, una una región hollada por influencias externas y sedimentaciones migratorias (por allí pasaron los antiguos cartagineses, los misioneros musulmanes y los ejércitos coloniales de Francia e Inglaterra) que incluye a Senegal con todo y su Casamance plagada de griots. Perdonen la exageración, pero quienes se hayan adentrado por la producción sonora del occidente africano podrán comprenderla: todos los ritmos del mundo tuvieron su cocción originaria en el caldero de esas tierras. Por eso uno descubre en las melodías de su gente ecos de la infancia propia, aunque sea jarocho, carioca o hasta noruego.

Rioniger

El Niger

Ali Farka Touré murió el martes pasado en Bamako y desde el miércoles el cementerio de Niafunké tiene una nueva tumba venerada. Ahora que ha vuelto a formar parte de los espíritus del Níger, no hay mucho que decir -además, el nudo en la garganta no lo permite- aparte de lo que se consignó en la nota de La Jornada, salvo, tal vez, agradecer la vida de ese músico fluvial y generoso y proponer referencias para un itinerario en torno a su obra.

Ali Farka siempre se preocupó por mejorar las condiciones casi siempre terribles en que viven sus compatriotas y por hacer menos áspera la confrontación entre los humanos y sus entornos naturales. Tal vez una manera de homenajear su memoria sea recordar la siempre frágil situación alimentaria del Sahel y el desastre ambiental que amenaza a la cuenca del Níger, cuyas aguas son imprescindibles para la subsistencia de Guinea Conakry, Malí, Benín, Níger y Nigeria, y hasta países por los que no transita, como Burkina Faso, cuyo territorio nororiental humedece a distancia. En su informe El agua: una responsabilidad compartida, que se conoció esta semana, la UNESCO dice que en Malí “el acceso a unos recursos hídricos, sin embargo abundantes, sigue siendo un problema que impide el desarrollo económico del país y perturba los medios de vida de sus habitantes. Las malas condiciones de las infraestructuras hidráulicas y de saneamiento, junto con la pobreza, hacen que un porcentaje significativo de la población sufra de malnutrición y padezca enfermedades transmitidas por el agua. La escasez de datos y las limitadas capacidades técnicas de las instituciones son algunas de las principales causas que impiden la planificación y el desarrollo de programas y estrategias dirigidas a una mejor utilización de los recursos hídricos y al control de unos niveles de contaminación que van en aumento”.

Alifarka

En julio del año antepasado, Navegaciones fue a Sudáfrica en busca de la raíz de El león duerme de noche, canción cuyos derechos se apropió a la mala la trasnacional Disney. La pieza fue compuesta por Solomon Linda (1909-1961), negro, africano y músico, igual que Ali Farka. Dije entonces: el blues, el soul y el jazz tienen raíces africanas, las músicas “tropicales” (cumbia, salsa, rumba, guaguancó, son, merengue) son africanas, el son jarocho y el candombe uruguayo, el samba brasileño, los ritmos negros de Perú, los cantos de Totó, la Momposina, la marimba chiapaneca, el reggae, el calypso y la especie humana, todo procede de ese continente mayoritariamente despedazado por la rapacidad occidental, las epidemias, las hambrunas, las guerras tribales, las dictaduras y la corrupción.

Ahora, otros músicos negros, pero no africanos sino cubanos, corren el riesgo de ver expropiada su música por una firma disquera gringa, Peer International Corporation, la cual pretende poseer, desde hace setenta años, los derechos de muchas de las canciones del disco Buena Vista Social Club; la Peer jura que representa a 14 compositores, todos ellos difuntos, y acusa al gobierno de Cuba de haberse apropiado, por medio de la Editora Musical de Cuba (EMC), de la propiedad intelectual correspondiente. La empresa isleña alega, por su parte, y con una buena dosis de sentido común, que los compositores originales nunca recibieron un centavo por esas canciones que han hecho bailar a varias generaciones.

Gracias a Sergio Téllez-Pon por informarnos de la muerte del poeta Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1924), ocurrida esta semana en Milán. “Lo mejor que podemos hacer con él es leerlo“, dice Sergio, y lo secundo. Esta es la última estrofa del Parque para un hombre dormido (1944): “Amo así este cráneo en su ceniza, como al mundo / En cuyos fríos parques la eternidad es el mismo / Hombre de mármol que vela en una estatua / O que se tiende, oscuro y sin amor, sobre la yerba.”

Sylvia Angélica Villareal, desde Tuxtla Gutiérrez, sobre Armin Meiwes y canibalismo: “No justifico al sicópata éste, no simpatizo con él y mucho menos con el canibalismo… ¡guácatelas! Con tanta porquería que tragamos, la carne humana debe saber horrible, y más si lo que pensamos y nos metemos por cualquier sentido se nos impregna en la piel, en nuestras glándulas y vísceras (…) Lo que me da risa es que seguramente estos tipos ‘mochos’ y ‘persignados’ que se asustan, han de ser más morbosos que los que acusan, y de seguro vieron la trilogía de Hannibal Cannibal con muchísimo gusto… La verdad, acaba una simpatizando con el personaje de Anthony Hopkins; ¡es encantador ese Hannibal Lecter!” Finalmente, Sylvia Angélica prodiga a esta columna un elogio enorme e inmerecido: encuentra en ella, dice, “el lado cagado de la realidad”. Gracias y un abrazo, Sylvia. Ah, y concuerdo contigo: la alimentación contemporánea parece diseñada para volvernos cadáveres no biodegradables.

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