La voz de la txalaparta

  • El cambio en España de marzo de 2004 a marzo de 2006
  • Un dvd que cimbró a la península

Llevo varios meses intentando escribir sobre el asunto vasco y mientras más vueltas le doy al tema menos logro ordenarme. Euskadi y su conflicto con España, o España y su conflicto en Euskadi, tienen un algo de ancestral, pero son dinámicos, y cuando uno piensa que por fin entendió algo, las cosas ya cambiaron. Y sí: la semana pasada dos comunicados de ETA removieron bruscamente las certidumbres -así fueran las certidumbres pesimistas- y pusieron a la península, y en alguna medida a toda la Unión Europea, en un camino nuevo.

No guardo ninguna simpatía para con los etarras, asesinos irredentos, pero hay que reconocer que consiguieron fijar la atención y el momento de España en la posibilidad de la paz. Eso no habría sido posible, desde luego, sin la discreta política de distensión emprendida desde hace dos años por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien en mucho se distingue de su nefasto predecesor, José María Aznar, pero también de su correligionario socialista, Felipe González, introductor de la guerra sucia en la España posfranquista. No hay que olvidar que el segundo de esos tres personajes trató de atribuir la autoría de los atentados criminales del 11 de marzo en Madrid a la ETA para justificar de esa forma una ofensiva total que no se habría limitado a esa organización terrorista sino que habría tenido como objetivo, en cambio, todo el espectro político y social del nacionalismo vasco, empezando por el gobernante PNV de Juan José Ibarretxe. En las horas posteriores a los bombazos en las estaciones ferroviarias, Aznar apostó a una doble carta: ocultar su propia responsabilidad por haber llevado al país -gratuita, estúpidamente- a una guerra contra los fundamentalismos islámicos, y propiciar en la propia España una fractura que justificara el recurso del gobierno a la fuerza bruta, que es el recurso de Estado más tentador para los sucesores “democráticos” de Franco.

Pero los electores españoles no se dejaron engatusar. Entendieron con rapidez que el terrorismo etarra y el terrorismo de Bin Laden son cosas de naturaleza y escala muy diferentes, aunque ambos sean canallas, echaron de La Moncloa al del bigotito, y en adelante las cosas se han ido acomodando por sí mismas: al sacar sus tropas de Irak, el nuevo presidente de gobierno deslindó al país de la criminal aventura bushiana en Medio Oriente; en forma paralela, empezó una tarea mucho más sutil y sosegada para buscar salidas al conflicto vasco. El ex canciller de Aznar, Jaime Mayor Oreja, todavía anda por ahí, como alma en pena, doliéndose del resultado de las elecciones del 14 de marzo de 2004, y asegura que los atentados de tres días antes fueron “una gran tragedia para la democracia”. No: la tragedia fue para las víctimas y sus familiares, y también, desde luego, para los halcones posfranquistas que se vieron expulsados del gobierno. La democracia española, en cambio, se fortaleció con los comicios, y se fortaleció doblemente la perspectiva de la paz: España abandonó la guerra entre Bush y los integristas, y tuvo la posibilidad de explorar las vías para superar sus propias violencias.

El Correo Digital, jueves 23 de marzo: “Los servicios de información de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado desconocían hasta esta mañana el comunicado por el que la organización terrorista ETA ha anunciado un alto el fuego ‘permanente’, a pesar de que en días recientes habían llegado informaciones a sus ‘cuarteles generales’ sobre la inminencia de un anuncio de relevancia, según han informado fuentes de la lucha antiterrorista en Policía y Guardia Civil. A las 12:15 horas de hoy, (el sistema de radiotelevisión autonómico del País Vasco) EiTB daba un adelanto del comunicado de la banda, que emitiría a las 13 horas en su integridad. El medio elegido para hacer llegar el material que contenía el anuncio fue Radio Euskadi, a cuya redacción en Bilbao fueron enviados dos mini-disc, una copia de dvd y un ‘master’ de cámara. Los mini-disc llevaban estampado el anagrama de la organización terrorista. En éste último los periodistas de Radio Euskadi pudieron escuchar la voz de una mujer leyendo el comunicado de ETA y en el resto del material de video vieron y escucharon lo siguiente: música de txalaparta que introducía la imagen de tres encapuchados sentados a una mesa con mantel blanco, el anagrama de ETA de fondo y flanqueado por tres banderas.”

comunicado

Tengo para mi que el mensaje principal del comunicado iba en una pista subliminal, y que tal vez las pocas y dulces notas de la música de fondo hayan tenido mayor peso en la conciencia de España que la voz ríspida de la señora con capucha que leyó el comunicado. ¿Txalaparta? -“Idiófono que en su origen tradicional estaba circunscrito a una pequeña parte del País Vasco, más en concreto a algunas poblaciones y caseríos de la cuenca del río Urumea, como Lasarte, Usurbil, Hernani, Ereñotzu, Urnieta, Astigarraga, Ergobia y Andoain. Su existencia se encuentra íntimamente relacionada con las labores de la fabricación de sidra, siendo tablones empleados para moler las manzanas los que al final del proceso eran puestos a secar para lograr un buen sonido y poder aportar la música a la fiesta. En cualquier caso es un instrumento ‘recuperado’, lo que implica que, con el mismo fundamento cada constructor o intérprete lo construye a su modo y con arreglo a sus pretensiones. Hay txalapartas de muchas tablas de distintas maderas, grosores, longitudes (…) Unas suenan a tierra, a bosque, con un sonido primitivo e inquietante. Otras más sofisticadas suenan como grandes marimbas y en realidad para mi modesto parecer no son otra cosa, con un sonido más propio de latitudes tropicales que del Pirineo”. A sus intérpretes se les conoce como txalapartaris; uno de los más notables fue Jesús Arce, o Jexux Artze (1945-2002).

Txalaparta

txalaparta2

Vascos, gallegos, catalanes, asturianos, andaluces, castellanos, extremeños y demás pueblos de la península merecen vivir en paz y ser respetados en sus derechos. Ojalá que, a raíz de los sucesos recientes, txalapartas, gaitas, castañuelas y guitarras puedan sonar juntas o por separado y ahogar de una vez por todas el ruido atroz de las bombas y de las balas. Ojalá.

Gracias por sus mensajes a Alejandro Eguia-Lis, María Eugenia Gómez, Moisés Tafolla, Miguel Palma y Diana Negrín. Abrazos y hasta el domingo.

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