¿Qué culpa tiene el taquero?

  • Guerra preventiva y proliferación nuclear
  • Una mexicana en Teherán
  • El tránsito de Venus en Tabriz

Taquero de Teherán

Alfredo Jalife, que de política internacional y de otras cosas sabe mucho más que este navegante, dice que no caerán las bombas sobre la vieja Persia porque “Estados Unidos no desea desatar otra guerra en el Medio Oriente” y que, en todo caso, el duelo de gestos hostiles en curso entre Washington y Teherán puede conducir a una nueva crisis económica global. Yo mismo, desde la profundidad de mi ignorancia, me atreví a parafrasear a Jean Giraudoux y escribí, hace unos tres meses, que la guerra de Irán no tendrá lugar.
Taquero iraní
Pero la guerra de palabras se hace cada día más álgida, y la verdad es que quién sabe. Los gobernantes iraníes advirtieron antier que si Occidente los sigue hostilizando seguirán realizando sus actividades de tecnología nuclear en secreto, y el máximo líder espiritual del país, Ali Jamenei, amenazó con atacar los intereses estadunidenses en todo el mundo en caso de que Washington lance una agresión militar. De un hombre tan inescrupuloso, fundamentalista e ignorante como George W. Bush se puede esperar casi todo, salvo su propia redención. La combinación de adversarios –fanáticos contra fanáticos— es perfecta para que las cosas acaben mal.
Madre e hijo
Mahmud Ahmadineyad, el presidente de la nación asiática, tiene una sonrisa fácil y agradable, unos ojos tan pequeños y hundidos que pareciera carecer de ellos y suele ser descrito por la prensa occidental como un islamista conservador. Da la impresión que está decidido a proseguir los planes de desarrollo atómico contra viento y marea, aunque asegura que no hay en ellos el propósito de fabricar armas nucleares. Puede ser. En todo caso, la lógica de no proliferación dejó de tener sentido desde que la Casa Blanca lanzó su doctrina mundial de guerra preventiva: visto a la distancia, más le habría valido al régimen de Saddam Hussein poseer las armas de destrucción masiva que no tenía y que Washington utilizó como pretexto para invadir Irak.

Elotero en Teherán

En este nuevo mundo demencial, una cosa es segura: ni India ni Corea del Norte ni Pakistán ni Israel serán objeto de una agresión militar estadunidense, por la simple razón de que, amistades y enemistades aparte, cuentan con bombas atómicas para disuadir a la superpotencia de cualquier acción hostil. Por eso, conforme se intensifican las presiones estadunidenses sobre Irán, mayores y mejores razones tiene ese país para buscar el arma atómica mediante la consecución de planes que no tienen nada de novedoso. De hecho, los esfuerzos de la antigua Persia por dotarse de tecnología nuclear datan de más de tres décadas atrás, cuando aún gobernaba el Sha. En 1974 Irán recibió de la empresa alemana Siemens dos reactores que fueron instalados en la localidad de Bushehr. Años más tarde, la República Islámica compró uranio a China y obtuvo tecnología de la llamada “red A.Q. Khan” que encabezaba un célebre científico paquistaní.

Moflero de Tabriz

En el tema atómico los iraníes comunes y corrientes respaldan abrumadoramente a sus autoridades y expresan ante los atónitos camarógrafos occidentales su orgullo por el desarrollo de una actividad a la que, argumentan, el país tiene todo el derecho, y que contribuirá a la reactivación económica y a paliar el 12 por ciento de desempleo que afecta a la sociedad.

Pese a todo, la moda

En febrero, cuando me dediqué a navegar por Irán, por la biografía de su presidente y por la confrontación con las potencias occidentales, recibí un mensaje de Rebeca González Anduiza, quien acababa de regresar de un viaje por el país islámico. Rebeca resumió sus impresiones en un texto titulado Los Colores de Alá: un viaje al moderno Irán, que tuvo la gentileza de enviarme, y que pondré en línea en cuanto se me ocurra cómo. La crónica está teñida, a mi juicio, de una compartible fascinación ante una sociedad extraña y, a la vez, recónditamente familiar: “Hay tantas dulcerías como puestos de tacos, sólo que no hay ambulantes”.
Esa memoria de viajes, y especialmente la mención de los puestos de tacos teheraníes me hizo caer en la cuenta que una salida bélica al actual conflicto no sólo tendría profundas (y graves) consecuencias geopolíticas y económicas sino que destruiría, en sentido tanto literal como figurado, la vida de mucha gente.
A fin de cuentas, Irán es mucho más que un puñado de ayatolas y una docena de centrifugadoras de uranio: es rebaños pastoreados por nómadas, es condominios verticales y horizontales, es embotellamientos, es niños bulliciosos de preescolar, es odontólogas que hurgan en las bocas de sus pacientes, es herreros y zapateros y tenderos, es cines y gimnasios, es redacciones repletas de periodistas, es obreros y empresarios, es músicos y literatas y bailarines y alfareros, es universidades y centros de fotocopiado, es partidos de futbol y basquetbol, es amantes felices y cónyuges celosos, es sitios arqueológicos y hoteles y bazares y cementerios: es un país lleno de personas que viven con la atención puesta en muchas más cosas que las correlaciones mundiales de fuerzas estratégicas, los imperativos de la economía o los disparates antijudíos de Ahmadineyad y las paranoias de Tel Aviv. Eso trasciende, con mucho, los intereses de las cúpulas gubernamentales de Washington y Teherán y París y Londres y Moscú. Nada en este mundo justificaría que a un taquero de Teherán le cayera un misil estadunidense en la cabeza.

El tránsito de Venus

Con este temor en mente, sentí la necesidad imperiosa de ver algunas imágenes de los iraníes en su vida cotidiana. Encontré en la Red algunas colecciones de fotos, especialmente la de la familia Mahdavi, que tiene música de fondo, y la de Valérie Desnoux, una astrónoma francesa que en junio de 2004 fue invitada por la Universidad de Tabriz a observar el tránsito de Venus sobre el disco solar y que realizó un encantador registro fotográfico de su viaje. De ahí tomé las ilustraciones para éste.

Motofamilia

Una respuesta a ¿Qué culpa tiene el taquero?

  1. Anonymous dice:

    A mi me parece que Irán tiene todo el derecho de poseer tecnología nuclear. No sólo para su desarrollo sino para su defensa. El “bullshit” de (casi) todos los medios es cada vez más absurdo. Irán es una civilización con más de 7,000 años, mientras que los parias iconoclastas con trabajo tienen 300. Paso de McDonald’s, chicle bomba, el “star-system” y el culto al dinero; prefiero el ajedrez.

    Además hay que recordar que los únicos que han utilizado bombas nucleares contra la humanidad son los usamericanos. Lo único que aplaudo es su soberbia; porque los está llevando al hoyo mas rápido de lo que esperaba.

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