"Que morir por la patria es vivir…"

mayo 28, 2006
  • Abusos y costumbres del decasílabo dactílico
  • Sostiene Plaqueta: chairos viajan

No hay manera de evitarlo: los restos de uno acabarán en el camposanto, en el tracto digestivo de un caníbal, inventariados en una facultad de medicina o, pasarán, en estado de cenizas, unas buenas décadas en el librero, hasta que el biznieto indiferente que no nos conoció, en un arranque de renovación doméstica, las arroje al inodoro. En este espacio-tiempo en que nos tocó existir, no ser es la norma y ser es más bien la excepción: ¿cuántos millones de años transcurrieron antes de tu nacimiento? ¿Cuántos pasarán después de tu muerte? ¿Cuánto dura tu vida? A mi modesto entender, tal vez no sea una buena idea acortar aún más esa brevedad, de por sí abrumadora, por despecho amoroso, por vergüenza profunda, por frustración radical o por amor a la patria. Y, sin embargo, esta última es una palabra tradicionalmente usada para convocarnos a que nos saquemos las tripas entre prójimos y a que derramemos hasta el último mililitro de sangre para defender un centímetro cuadrado de territorio.

Versión franquista

Hace un cuarto de siglo, en 1982-1983, la mayoría de habitantes de América del Norte compartían mi cobardía, según un estudio realizado con base en la Encuesta Mundial de Valores de esos años: sólo 16 por ciento de los estadunidenses, 12 por ciento de mexicanos y canadienses anglófonos, y apenas 4 por ciento de los quebequenses, se manifestaban dispuestos a sacrificar su vida por la patria. Y es que, a pesar de lo aprendido en la escuela, no es fácil disponerse a recibir un bayonetazo en la barriga cuando no se padece un cáncer terminal o cuando todavía es posible hacer planes sobre un paseo bajo el sol, una berenjena frita, una sesión amorosa o una tarde de plática bajo la lluvia.

Versión castrista

Ir al campo de batalla a dejarse perforar por un cañonazo es una acción tan contra natura que, para realizarla, se requiere de mecanismos de motivación adicionales al patriotismo. Tal vez haya sido con ese propósito que se inventó el género de himno nacional latinoamericano, una cruza de cantos partisanos con poesía neoclásica que derrocha mármoles, bronces, laureles e inmortalidades poco confiables, tropicalizaciones en serie de La Marsellesa e injerencias de la clerecía en un territorio hasta entonces reservado a los juglares, ensayo de ordenamiento positivista del desmadre en que se encontraban nuestras repúblicas a mediados del siglo antepasado.

Los latinoamericanos decimonónicos hicieron sus himnos con un mismo molde: casi todos -salvo Colombia y Venezuela, creo- están compuestos en cuartetas de decasílabos dactílicos, cuyos versos pares son habitualmente agudos. No hablo de insecticidas altamente especializados, sino de ritmos poéticos que, gracias a su uso y abuso en los cantos patrios, se han asociado a la solemnidad tan polvorienta como ensangrentada, pero que a veces no son horribles. Los usó sor Juana, a quien se atribuyó falsamente la invención de ese metro (“Con las flechas me hieres de amor”), y en el siglo pasado los emplearon Federico García Lorca (“Esta noche ha pasado Santiago”), César Vallejo (“Padre polvo que subes de España”) y Carlos Pellicer (“La sandía pintada de prisa”), entre otros picudísimos, y sí, también Rubén Darío dio rienda suelta a su mal gusto (está bien, despelléjenme) en versos de 10 sílabas, como los del Himno a Bolívar (“¡Gloria al genio! a la faz de la tierra / de su idea corramos en pos, / que en su brazo hay ardores de guerra / y en su frente vislumbre de Dios”). No puedo dejar de preguntarme si la lectura de ese texto tendrá, en el organismo de Hugo Chávez, un efecto similar al que produce la ingesta de Viagra en otros individuos.

Copio de la venerable Métrica española, de Tomás Navarro, filólogo rodano ya fallecido, quien es a los versos en español lo que Carlos Linneo a las especies zoológicas: “El tipo dactílico del decasílabo, acentuado en tercera, sexta y novena, venía interviniendo, en combinación con otros versos, desde el cosante de don Diego Hurtado de Mendoza, siglo XIV: ‘A aquel árbol que mueve la foxa’ (…) La relativa intensidad con que de ordinario se pronuncia la última sílaba de los vocablos esdrújulos explica que cuando el citado verso empieza por una palabra trisílaba de esta especie, se coloque el apoyo rítmico sobre la sílaba final de tal palabra, aun cuando el acento prosódico por su parte se mantenga en su posición inicial.”

Si lo anterior les suena a puro cacle cacle, no se preocupen. Lo importante es que los himnos patrios latinoamericanos están compuestos, casi todos, con un misma fórmula métrica y prosódica, y con base en una misma obsesión conceptual (queremos paz pero qué antojo de una guerra, la patria es hermosísima y hay que apresurarse a fallecer en su defensa), lo que explica que se parezcan tanto entre ellos como una Big Mac de Malasia y una de Moscú. Salvo los de Puerto Rico, Nicaragua y Venezuela, más bien apacibles, y con excepción de los de Brasil, Colombia y Venezuela (el primero usa endecasílabos; el segundo, en heptasílabos, podría cantarse al ritmo de “Adiós, Mamá Carlota”, y el tercero, en hexasílabos, con la música de un villancico), las semejanzas formales son tan pronunciadas que las letras y la música resultan intercambiables. Hagan la prueba: se puede cantar el himno salvadoreño con la melodía del mexicano, el ecuatoriano con el ritmo del guatemalteco, el uruguayo con los acordes del chileno, y así. Por lo demás, en casi todos está presente la convocatoria a dejar el bofe en el campo de batalla. Miren nada más:

“Coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir” (Argentina),

“Que los hijos del grande Bolívar
han ya mil y mil veces jurado
morir antes que ver humillado” (Bolivia),

“Ricaurte en San Mateo
en átomos volando
‘Deber antes que vida’, con llamas escribió” (Colombia),

“Nuestros pechos serán tu baluarte,
con tu nombre sabremos vencer” (Chile),

“Cuando alguno pretenda tu gloria manchar,
verás a tu pueblo, valiente y viril,
la tosca herramienta en arma trocar” (Costa Rica, que no tiene fuerzas armadas),

“Al combate corred, bayameses,
que la Patria os contempla orgullosa.
¡No temáis una muerte gloriosa
que morir por la Patria es vivir!” (Cuba),

“Si mañana tu suelo sagrado
lo amenaza invasión extranjera,
tinta en sangre tu hermosa bandera
de mortaja al audaz servirá” (Guatemala),

“Por guardar ese emblema divino
marcharemos, ¡Oh Patria!, a la muerte” (Honduras),

“Antes, patria, que inermes tus hijos
bajo el yugo su cuello dobleguen,
tus campiñas con sangre se rieguen,
sobre sangre se estampe su pie” (estrofa en desuso en México),

“Suene el grito ‘¡República o muerte!’,
nuestros pechos lo exhalen con fe” (Paraguay),

“Que es santuario de amor cada pecho
de la patria se siente vivir;
y es su escudo invencible, el derecho;
y es su lema: ser libre o morir” (Dominicana).

La semana entrante seguiré con el tema y ofreceré, como gesto de desagravio a posibles himnófilos ofendidos, una pequeña himnoteca en línea. Patria o muerte, y sostiene Plaqueta:

Pobres hombres antiquísimos que se soplaron el proceso de ensayo y error para descubrir qué se podían comer y qué no. ¿Y el Trucutú? Híjole, se zampó un conium maculatum y ya se nos murió, mano. Algunos habrán tenido mejor suerte, y en vez de fallecer o probar algo tan aburrido como la col, se toparon con los alucinógenos. ¡El antecedente arcaico de las raves!

Pero mucho antes de las electrofiestas en el Ajusco, estuvieron los años 60, década en que los chairos -entonces jipis- (re)descubrieron una fuente de diversión infinita en el consumo de hongos, peyote, semillas de campánula y otros portentos naturales.

Todo posible uso lúdico quedó sepultado bajo una imbatible capa de solemnidad quesque chamánica. ¡Bah, pues quédense con su Carlos Castaneda y su monte-cerro-desierto hostil, verán qué chidos hongos hawaianos pido a Holanda por Internet!


Predata

mayo 28, 2006

Una tarde Clara regresó de la escuela cantando una versión muy suya del Himno Nacional: “… Y retiemble en sus centros la tierra / al sonoro rugir del camión”. Cuando la escuché se me vino a la cabeza el infortunio de un poeta yucateco, cuyo nombre no recuerdo ahora, que se metió en severos problemas legales por insultar a la Patria. Y que en una ocasión multaron a Pérez Prado por adaptar el Himno al ritmo de mambo. Y recordé también el Artículo 56 del Capítulo Séptimo de la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, que a la letra dice:

“Las contravenciones a la presente Ley que no constituyan delito conforme a lo previsto en el Código Penal para el Distrito Federal en materia de fuero común, y para toda la República en materia de fuero federal, pero que impliquen desacato o falta de respeto a los Símbolos Patrios, se castigarán, según su gravedad y la condición del infractor, con multa hasta por el equivalente a doscientas cincuenta veces el salario mínimo, o con arresto hasta por treinta y seis horas. Si la infracción se comete con fines de lucro, la multa podrá imponerse hasta por el equivalente a mil veces el salario mínimo.”


Lo bueno es que el equívoco de Clara no tenía el menor asomo de interés comercial y que su “condición de infractor” hacía muy poco probable la aplicación de la multa o del arresto: no había cumplido cuatro años por ese entonces.

Continúa mañana.


Posdata

mayo 26, 2006


El blog convierte las posdatas en predatas, porque se acomodan arriba de su referencia. Pero miren de qué manera se concatenan las cosas: anoche me preparaba para visitar esa bonita recreación de Guantánamo que se encuentra en Río Danubio y Paseo de la Reforma, México, D.F., en donde sólo falta que a los solicitantes de visa nos pongan uniformes anaranjados y nos orinen encima. Un muro como el que los senadores gringos proyectan en la frontera ya fue construido, hace mucho, alrededor de esa sede diplomática. Me puse a hurgar entre papeles, en busca de alguno que me permitiera demostrarles a los cónsules que no soy Abu Musab al-Zarqawi, aunque tenga facha de algo parecido, y zas, que me voy encontrando con el pequeño cartel que va en seguida. Diez años ha, y sigues con lo mismo, pedazo de obsesivo.


Palabras contra el muro

mayo 25, 2006
  • Mending Wall, de Robert Frost
  • Equívocos en torno a un poema

Le robo el título de esta columna a un trabajo espléndido del madrileño El Mundo, que en 2003 tuvo la idea de reunir a algunas de las voces más representativas de España para protestar por ese gallinero infame y fortificado que Israel construye alrededor de los despojos de Palestina. En México y en el mundo se han dicho cosas muy buenas sobre la cerca fronteriza que el Senado de Estados Unidos ordenó erigir en su frontera sur. Pero las mejores palabras contra ése y contra todos los muros de la vida y de la historia fueron escritas por un gringo y publicadas, hace 92 años, en el poemario North of Boston:

Something there is that doesn’t love a wall,
That sends the frozen-ground-swell under it,
And spills the upper boulders in the sun;
And makes gaps even two can pass abreast.
The work of hunters is another thing:
I have come after them and made repair
Where they have left not one stone on a stone,
But they would have the rabbit out of hiding,
To please the yelping dogs. The gaps I mean,
No one has seen them made or heard them made,
But at spring mending-time we find them there.
I let my neighbor know beyond the hill;
And on a day we meet to walk the line
And set the wall between us once again.
We keep the wall between us as we go.
To each the boulders that have fallen to each.
And some are loaves and some so nearly balls
We have to use a spell to make them balance:
‘Stay where you are until our backs are turned!’
We wear our fingers rough with handling them.
Oh, just another kind of outdoor game,
One on a side. It comes to little more:
There where it is we do not need the wall:
He is all pine and I am apple orchard.
My apple trees will never get across
And eat the cones under his pines, I tell him.
He only says, ‘Good fences make good neighbors.’
Spring is the mischief in me, and I wonder
If I could put a notion in his head:
‘Why do they make good neighbors? Isn’t it
Where there are cows? But here there are no cows.
Before I built a wall I’d ask to know
What I was walling in or walling out,
And to whom I was like to give offense.
Something there is that doesn’t love a wall,
That wants it down.’ I could say ‘Elves’ to him,
But it’s not elves exactly, and I’d rather
He said it for himself. I see him there
Bringing a stone grasped firmly by the top
In each hand, like an old-stone savage armed.
He moves in darkness as it seems to me,
Not of woods only and the shade of trees.
He will not go behind his father’s saying,
And he likes having thought of it so well
He says again, ‘Good fences make good neighbors.’

No dirán que no hice el intento:

La pared no es querida por un algo
que inflama el suelo helado abajo de ella
y desparrama al sol sus piedras altas
y por las oquedades resultantes
pueden pasar hasta de a dos en fondo.
Y luego, la labor de cazadores:
he reparado el muro tras su paso
pues no dejaron piedra sobre piedra
hurgando el escondrijo de la liebre
para saciar el ansia de sus perros.
Los huecos aparecen sin testigos,
están allí cuando hay que repararlos.
Convoco a mi vecino tras el cerro
y caminamos juntos por la linde
y una vez más los dos la reparamos.
Mantenemos el muro entre nosotros.
Cada quien alza piedras de su lado,
unas oblongas, otras casi esféricas,
a conjuros logramos su equilibrio:
“¡Quédate quieta mientras nos volteamos!”
Nos raspamos los dedos al tocarlas.
Oh, sólo es otro juego al aire libre,
uno de cada lado. Y algo más:
donde está, la pared no es necesaria:
yo tengo un manzanar, él tiene pinos.
Le digo que mis árboles no cruzan
a comerse los conos de sus pinos.
Y él sólo me contesta: “buenas bardas
hacen buenos vecinos”.
Primaveral, travieso, inquiero cómo
meter una noción en su cabeza:
“¿Por qué habrían de hacer buenos vecinos?”
Si hubiera vacas, sí, pero no hay vacas.
He de saber, antes de hacer un muro,
lo que emparedo y lo que dejo afuera
y a quién puedo con ello hacer agravio.
La pared no es querida por un algo
que quiere demolerla. “Elfos”, diría,
pero no es eso exactamente. Y quiero
oírlo de sus labios. Lo contemplo
transportar una piedra en cada mano,
salvaje armado con antiguas piedras.
En lo oscuro se mueve, y me parece
que la sombra no es sólo la del bosque.
No será infiel al dicho de su padre,
le da gusto encontrarlo convincente
y me dice de nuevo: “Buenas bardas
hacen buenos vecinos”.

Perdón por el engendro, pero no hallé en la red una traducción menos mala que la que les ofrezco. Si alguien la encuentra, no deje de avisar.
Sobre el poema: Dice no sé quién que Robert Frost concibió Mending Wall en su época de granjero, en las ocasiones en que se encontraba con su vecino Napoleon Guay para reparar la pared de piedra que dividía las propiedades de ambos. Tal vez esa circunstancia no haya ocurrido nunca y el narrador del poema sea una mera alegoría intelectual del poeta, quien expone así su extrañeza ante el impulso de las personas, tan ancestral como absurdo, a erigir paredes entre ellas. El texto es enigmático y hermoso, cargado de guiños, sutilezas y giros intraducibles, y me atrevo a afirmar que es uno de los poemas más citados, más reproducidos y menos comprendidos de la literatura estadunidense: hoy en día, “buenas paredes hacen buenos vecinos” se ha convertido en un refrán positivo y hasta “proactivo“, como dirían los muy proactivos destructores del español (“dinámico y con visión de futuro“, interpreta alguien por ahí), lo que desvirtúa su sentido como la expresión de un señor conservador, tradicionalista, pobre de espíritu y terco como una mula: un senador republicano, por ejemplo. “Una ironía adicional en el poema -apunta Wikipedia– es que el único momento en que el narrador se encuentra con su vecino es cuando ambos se ponen a reparar la cerca que los divide”.
Creo que el dicho es anterior al poema y tiene, como todo refrán, una carga moral y preceptiva. La composición de Frost es, además de una deconstrucción del sentido del proverbio, un desmentido rotundo a su aparente sentido común; si hubiera que resumir el poema en seis palabras, yo lo haría así: ¿Para qué carajo sirve un muro? Sin embargo, algunos, como el senador republicano Jeff Sessions, halló que la iniciativa de construir una cerca de 500 kilómetros en la frontera entre México y Estados Unidos era una aplicación lógica del refrán. También el “presidente” de esa cosa llamada “República Turca del Norte de Chipre”, Rauf Denktash, se permitió usar la frase para justificar la atrocidad con púas implantada manu militari por Ankara para dividir a la isla mediterránea. Incluso espíritus más refinados que ese par de “brutos armados de la edad de piedra”, como el humanista israelí Amos Oz, o el economista italiano Tito Boeri, se equivocan al ver el poema de Frost como un alegato a favor de las líneas divisorias, cuando es todo lo contrario.
A mi modo de ver, y al margen del sentido que cada quien quiera hallarle al poema, los promotores de la erección de muros fronterizos son la encarnación de ese “old-stone savage armed”, del salvaje armado con antiguas piedras, del gen depositado en nuestra especie que nos vuelve bestias de impulsos territoriales.

Asuntos murales

mayo 21, 2006
  • Murallas defensivas y murallas opresivas
  • Turno de los lectores
  • Sostiene Plaqueta: JjjJjJjjjóvenes a las urnas

Esta navegación será breve porque hace siglos que no cedo el espacio a los mensajes de los lectores y porque Tamara practica, a mis costillas, una discreta pero persistente expansión territorial que tarde o temprano me obligará a erigir una línea divisoria fortificada, eterna e inamovible, a la altura del carácter número 6 mil de esta columna, y entonces sí, cada quien en su pedazo de charco para navegar: será una línea defensiva a semejanza de la Muralla China y de la Línea Maginot, algo muy diferente a las infamias divisorias opresivas, como el Muro de Berlín, la alambrada que sembró el régimen turco para partir en dos a Chipre, los paredones impuestos por Marruecos en el Sáhara Occidental para impedir que los habitantes de ese territorio hagan lo que quieran con y en su propio país, la canallada que construye Israel para robarse tierras palestinas y enjaular y humillar a la población árabe de Cisjordania, Jerusalén y Gaza, o la triple pared que los senadores estadunidenses proyectan en un buen tramo de la frontera con México. Ahí les encargo.

La sandez y la inhumanidad de los legisladores gringos han puesto en la boca de todos el verso archiconocido que se reitera en el poema Mending wall: “good fences make good neighbors”, “buenas paredes hacen buenos vecinos”. El autor, Robert Frost, aunque nació en San Francisco y vivió en California los primeros 11 años de su vida, es considerado un hombre de Nueva Inglaterra (Nueva Hampshire y Massachusetts, de donde eran sus abuelos) y uno de los pilares de la poesía estadunidense del siglo pasado. Fue granjero, profesor de enseñanza media, conferencista y hasta delegado de Washington en misiones oficiales. Cuando uno mira a la especie humana sufrir derrotas como esa que se llama John Bolton, es bueno recordar, hermanos estadunidenses, el tiempo en que el país de ustedes tuvo a un poeta insigne y lúcido como representante.

Habrá que dejar para el jueves o para el domingo próximos la tarea de comentar y reproducir Mending wall, e intentar una traducción, por chicuareta que sea, del poema.

Nada que ver, digresión, gracejada, ejercicio de comprensión de última hora: después de medio siglo de encubrimiento y complicidad, Marcial Maciel recibió un tenue castiguito vaticano por su documentada trayectoria como pederasta. A cualquier partidario de la separación entre la Iglesia y el Estado tendría que darle un poco de vergüenza: la autoridad religiosa se adelantó a la secular en la admisión de las responsabilidades de este señor y en hacer algo al respecto, así haya sido una suspensión a divinis que le ahorra la pena de un proceso canónico. Ahora podemos imaginarnos la clase de diálogo -y de relación- que pudo haber habido entre el fundador de la Legión de Cristo y el difunto antecesor del actual pontífice: “Qué pasó, Maciel…”

Maciel y Juan Pablo II

María Concepción Peralta Zagal asistió al concierto de Salif Keita en la Nezahualcóyotl y percibió, al igual que el firmante, la catástrofe provocada por los técnicos. Juana Enciso encuentra que mi pequeña crónica de ese acto es producto de “sus (o sea, mis) esquemas musicales (…) abrevados de La Academia con la orientación de Enrique Guzmán” y me critica por “atacar a los técnicos de la Neza”, cosa que jamás hice. Juana está muy enojada, además, por lo que escribí sobre el 10 de mayo y piensa que la navegación anterior es producto de la misoginia y de una “rabieta infantil (que) lo (o sea, me) lleva a la idiotez”.

Va un abrazo para el vasco trasterrado José Bilbao y otro para su bisnieto mexicano Unai Bilbao Zontlimatzin, para Manoli Segurajáuregui (Granada) y Mohamed Elmoujahid (Marruecos), para don Julio César Mosches (Rockville, Maryland), para Laura Olivia Mora Barreto y Ana Cofiño (Guatemala), para María Rosas (Tepoztlán), Néstor Rodríguez (Cuernavaca), Carlos Montes de Oca (Guadalajara), Gerardo (Torreón, Coahuila), Raúl G. Enríquez y Luis Guillermo Cota Preciado (UNAM), y para los cibernautas Héctor Ziblat, Martín Triana, Jesús Luna Camarena, Isabel Gómez, Salvador Zaragoza Jiménez, Ildefonso Girón, Mario López, María José Hernández, Nicolás Rodríguez Miranda, Dontriana, Dalach y Jgmulet.

Elisabeth Bernardo, en Brasil, nos informa que la princesa y farsante Funmilayo Bathmos sigue buscando incautos (“Dear Bernardo, good day and compliments”, le escribió a nuestra corresponsal brasileña, suponiendo, por su apellido, que era hombre). Abel Briseño (Ciudad Juárez) me envió el cuento “Una pareja y el tiempo”. Me suena, Abel, a que pudo salir de la pluma de Iván Efremov o Anatoli Dneprov, pero seguiré investigando. Alejandro Merediz Alonso halló en el Gulf Times de Qatar “un artículo que trata de los delitos, juicios y sentencias que se dan en este pequeño país; lo más interesante en la publicación de hoy es la sentencia que podría recibir la mujer cuyo ‘delito’ aparece bajo el título ‘Illegal Relations’“.

Sufridos y queridos lectores, perdón por no responderles con oportunidad. Solución: irnos al blog de Navegaciones a platicar; es más fácil establecer contacto allí que por medio del correo electrónico. Envíen al de Tamara de Anda (y con copia al de Navegaciones, si lo desean) sus comentarios, fanfarrias y chiflidos a propósito de lo que sigue. Sostiene Plaqueta: JjjJjJjjjóvenes a las urnas.

Un amigo relata: “Estaba leyendo en el periódico una nota que decía ‘el voto duro del PRI se concentra entre campesinos iletrados’. Entonces levanté la vista y vi a mis papás hablando maravillas de Madrazo. Yo básicamente dije: chale”. Después de las insolentes risas de chamacos malcriados, lo que concluimos mi cuate y yo fue que, fuera de los labriegos anónimos, sus papases -competentes ingenieros con pésimo gusto electoral- y un taxista platicador que en un largo viaje hacia el Metro me fue recitando las innegables-históricas-grandiosas bondades del tricolórico, no sabemos de nadie que vaya a votar por él (por el PRI, no por el taxista).

Pues sí, se entiende que ya nadie pele a ese partido destartalado. Especialmente los que estamos tiernitos. Mi generación creció entre lamentos por el fraude del 88, comió poco y pinche en 94 (y ya no hablemos de la carencia de lujos mayores, desde ropita abrigadora para aquel invierno pesadillesco, hasta las ambicionadas novedades de Supernintendo) y vio convertido al ex presidente en máscara para show de crucero (de calles, no a las Bahamas). Son improntas demasiado profundas. Hay que ser un nostálgico, un despistado o alguien que tomó cursos de oratoria y hawaiano desde chiquito en la sede local del PRI para votarlo. Y ni así.

Acá el Madrazo con cara de quererse
librar de los raros especímenes de jJjjJjjjóvenes que lo apoyan

Descartado por Madrazo por defaul, los otros dos güeyes (los que no son Campa ni Mercado, porque a ellos de una vez hay que decirles “gracias por participar y que disfruten de su premio de consolación, patrocinado acá por la gente, vía IFE”) se disputan el codiciado voto de ese indefinido y chocante sector de la sociedad: los jJjjjJJJjóvenes (sí, así con muchas jotas, pa que suene afectado y de cartón). Unos seres extraños que merecen apartados especiales en los discursos, unas cosas con las que hay que tomarse la foto y para las que, en el caso de Calderón, conviene lanzar una línea de ropa con eslogans súper-ultra-chidísimos (gooeeeei) como “Felipe es la onda” y “Vota por Felipe, wey”. Gulp.

Y luego se preguntan que por qué no votan los chavos. El concepto “oficial” de juventud es tan ajeno, y está tan enrarecido, que los mismos sujetos de entre-diecialgo-y-veintitantos años hablan de los jjJJjJjjóvenes en tercera persona. Porque el día que nos demos cuenta de que somos como el estereotipo siniestro al que se dirigen en las campañas (unas “emprendedoras” pero confundidas emulsiones antropomorfas, tentadas sistemáticamente por las drogas, ávidas de “hacer deporte” y participar en una democracia igual de atractiva que un pollo hervido, sin sal), gritaremos: ¡Dios, haznos rucos por favor!

Bueno, ya, pero vayan a votar. No porque “tu rock es votar” (¡!), sino por todas esas razones que ya saben y que aquí no caben. Aunque sea por el PRI, nomás me avisan para añadirlos a la lista de insólitos.


São Paulo: apuntes de la revuelta

mayo 19, 2006
  • Concierto prohibido en Hortolândia
  • Un centro de tortura llamado Tatuapé

A finales de febrero pasado, en la localidad de Hortolândia, la policía antidisturbios impidió con violencia la realización de un concierto de rap y hip hop en el Club Metropolitano, en el que iban a participar los grupos Racionais, Mcs, Realidade Cruel, Trilha Sonora do Gueto

A neblina caia E a noite surgia
Fim de semana um sábado
Um ar de maldade eu sentia
Trocando idéia com a banca
Os manos da quebrada
9:30 da noite
a viela lotada
meu coroa passo
e me comprimento
com a sacola na mão
cheia de alimentação
provavelmente dinheiro nem deu
ao eives de comer
preferia fumar o crak

… e Inquérito. La actividad había sido autorizada por la alcaldía, pero un par de horas antes del inicio, una funcionaria gubernamental se presentó en el local para informar que el permiso había sido cancelado. Desconocedores de la situación, unos 4 mil jóvenes acudieron a escuchar a sus músicos, y al hallar cerrado el recinto entonaron en la calle las rolas que querían escuchar. Entonces aparecieron grupos de policías antimotines que atacaron a los muchachos con gases lacrimógenos y balas de goma. La promotora del concierto, Lucia Raimundo, dijo a la prensa que la reacción de las autoridades obedecía a los prejuicios y a la discriminación “porque es música de protesta y porque (los participantes en el frustrado encuentro) son de la periferia y son negros”.

En la página web del ayuntamiento de Hortolândia se anuncian esta semana los festejos por los 15 años de la constitución administrativa del municipio. Como parte de la celebración, la autoridad ha programado un concierto del cantante Felipe Dylon (blanco) y su banda para el domingo 21. O sea que la fobia no es a la música, sino a los pobres.

La ciudad de Hortolandia, en el estado brasileño de São Paulo, tenía en 2003 una población estimada de 173 mil personas y este fin de semana contaba con tres cárceles amotinadas: las penitenciarías I y II y el Centro de Detención Provisional (CDP), con capacidad conjunta para albergar a 2 mil 304 reos, pero con una población real sumada de 3 mil 581. Esos números no sólo hablan de hacinamiento. Indican, también, que más de 2 por ciento de los habitantes de Hortolândia se encuentran en prisión. En todo el estado, corazón económico de Brasil, y poblado por 40 millones de personas, existen 144 centros de reclusión con una población total de 124 mil 498 internos.

La propaganda oficial

De acuerdo con el sitio de la Secretaria da Administração Penitenciária, el sistema carcelario de São Paulo es un modelo de humanismo, modernidad y planificación. El 9 de diciembre de 2002 el gobierno demolió el presidio de Carandiru, situado en la capital del estado y considerado una representación mundana del infierno. Diez años antes, en ese establecimiento estalló una rebelión que fue sofocada en forma simple: a tiros. Ciento once reclusos fueron ejecutados por la Policía Militar, muchos de ellos con tiro de gracia. “Fue un trabajo como tantos otros. Si tuviera que comandar la tropa en una situación idéntica, lo haría nuevamente (…) Sólo murieron los que no acataron la orden de rendición; quien se rindió está vivo.” El coronel Ubiratan Guimarães, que comandó la operación, fue condenado en junio de 2001 a 632 años de cárcel, pero, gracias al ejercicio de fueros legislativos y de argucias legales, nunca perdió su libertad. En febrero de este año el Tribunal de Justicia local anuló el juicio y aceptó el argumento de que el carnicero –actualmente diputado electo del derechista Partido Progresista Brasileño (PPB)- actuó “en estricto cumplimiento del deber legal”. “Sólo murieron los que no acataron la orden de rendición; quien se rindió está vivo”, repito lo que dijo el coronel a modo de justificación, pero nunca explicó por qué la mayoría de los difuntos fueron ultimados -según las investigaciones forenses- de rodillas o en posición yacente. La mayoría de los presos exterminados tenía menos de 25 años y en gran parte estaban sin sentencia al momento del motín; se encontraban allí mayoritariamente por robo o asalto.

La realidad

En el predio donde se alzaba la prisión se preveía instalar un parque deportivo, ciclopistas, centros culturales y una biblioteca, todo ello en medio de una zona verde de 300 mil metros cuadrados.

A pesar de esos loables esfuerzos, el fantasma de Carandiru, símbolo del horror penal, siguió recorriendo São Paulo y Brasil en general, donde las revueltas carcelarias son pan de todos los días. Para no ir más lejos, a finales del año pasado se sublevaron los presos del penal de Urso Branco, en el estado norteño de Rondonia; a principios de abril se amotinó la población de la Correccional de Tatuapé, São Paulo, con un saldo de 57 heridos; en ese mismo establecimiento, señalado por Amnistía Internacional como centro de tortura de menores, un sitio con capacidad para 350 internos y en el que se apretujan mil 200, habían ocurrido revueltas en febrero, mayo y junio de 2000; el pasado jueves 5 de mayo, una semana antes de los motines generalizados de este fin de semana, los internos de Tatuapé volvieron a rebelarse, lo que dejó un saldo de 30 heridos.

Más propaganda

Hay, porsupuesto, narcotráfico y crimen organizado en el asunto. En los ataques delictivos ocurridos fuera de las cárceles contra oficinas policiales, autobuses y sucursales bancarias, la delincuencia paulista mostró su organización, su red de comunicaciones y su poder de fuego. El Primer Comando de la Capital (PCC), organización hegemónica en las prisiones del estado, exhibió una capacidad de maniobra que sólo puede explicarse en un contexto de masiva corrupción policial y penitenciaria. En medio de la insurrección de los presos y los delincuentes, importantes sectores de la población canalizaron su pánico en demandas de “orden” y “aplicación de la ley”, pero “fueron pocas las voces que alertaron sobre los posibles excesos en la represión a los miles de presos amotinados y en el combate a los líderes de esa organización delictiva”, reseñó el corresponsal de Clarín. Por supuesto, cualquier parecido con los sucesos de San Salvador Atenco es mera coincidencia.

Anna Alvazzi del Frete, investigadora de la Oficina de la ONU sobre Drogas y Delincuencia, señaló que “emocionalmente, la reacción inmediata de un gobierno puede ser el envío de tropas al lugar de la crisis, pero eso no siempre es una solución; dependerá de cómo actúen las fuerzas públicas y cuál será su función”.

Realidad

Loic Wacquant, profesor de sociología en la Universidad de California e investigador del Centro de Sociología Europea en París, fue más tajante: recordó que en Brasil (y me atrevo a generalizar: en casi todo el mundo) “el sistema carcelario es un campo de concentración de los muy pobres”. La violencia institucionalizada, dijo el especialista, “crea un vacío que el delito organizado sabe cómo llenar”.

Entre el martes y el miércoles, después de un centenar de muertes y un fin de semana de pesadilla, São Paulo parecía haber recuperado la paz. El gobernador paulista Claudio Lembo negó que hubiera habido una negociación con la delincuencia. Es lo que se llama un milagro.


De la tortura en la España contemporánea

mayo 15, 2006
  • Amnistía y Human Rights Watch, ¿fachadas de ETA?
  • Sostiene Plaqueta: qué negociazo, el de la charlatanería

La visión imperante sobre la transición de España del franquismo a la democracia tiene una marcada influencia estilística de la revista Hola: casi todo en ese proceso es felicidad, las buenas maneras son parte de las leyes naturales que rigen el cosmos y después de los Pactos de la Moncloa los españoles vivieron felices para siempre. En 1977 el Partido Comunista Español y el Partido Popular decidieron que era de mal gusto hablar de las cosas horribles sucedidas en el pasado entonces reciente y casi todo mundo acató el designio. Nunca se investigaron, en consecuencia, los crímenes de lesa humanidad cometidos por el franquismo desde 1936 hasta el último cuarto del siglo pasado. Sigue vivo y morirá impune Manuel Fraga Iribarne, mentor de José María Aznar y cómplice en los atroces asesinatos de Estado de Julián Grimau, Francisco Granados Data, Joaquín Delgado Martínez (1963), Puig Antich (1974) y en otros casos de terrorismo gubernamental. Siguen vivos, y morirán impunes, varios de los responsables de los homicidios de Juan Paredes Manot, Txiqui, José Luis Sánchez Bravo, José Baena Alonso, Ramón García Sanz y Angel Otaegui Echeverría, fusilados el 27 de septiembre de 1975, de Javier Fernández Quesada, estudiante canario muerto a tiros por la Guardia Civil en 1977 y de muchos otros. Y en plena democracia, los hijos y los nietos políticos del Criminalísimo preservan cuidadosamente la impunidad: en septiembre del año pasado el PP impidió que se leyera en el Congreso una declaración institucional contra los fusilamientos de septiembre de 75 en la que se asentaba que tales crímenes no debieron ocurrir y que condenaba “a todos aquellos regímenes en los que todavía perdura la pena de muerte”.

Tengo para mi que la impunidad pactada para los crímenes del franquismo tuvo y sigue teniendo consecuencias graves; una de ellas es la persistencia, en el Estado español actual, de prácticas violatorias a los derechos humanos, como la tortura. Este tema, sin embargo, goza de invisibilidad: nadie sabe nada de eso; se tratará, a lo sumo, de uno que otro caso aislado, o bien la imputación es producto de una conspiración de los etarras, sus simpatizantes y el entorno independentista vasco en general.

Pero hace 20 años las izquierdas documentaban la barbarie de Estado en Chile, Argentina o Sudáfrica con informes de Amnistía Internacional. Si uno les sacaba un texto de esa organización en el que se hablara de violaciones a los derechos humanos en China o en Cuba, los labios del interlocutor revolucionario disparaban una respuesta automática como un fusil cargado de futuro: “Ah, no, es que esos trabajan para la CIA…” O peor: “Bueno, pero los cubanos tienen servicios de salud y de educación que ya quisieran los hondureños”.

No puedo evitar el recuerdo de esas actitudes cuando constato las actuales resistencias a reconocer el problema de la tortura en España. En junio de 2004, es decir, cuando ya habían pasado algunos días desde que el Caudillo estiró la pata, Irene Kahn, presidenta del referido organismo humanitario, lo sintetizaba así: “Amnistía Internacional, Naciones Unidas y el Comité Europeo para la Prevención de la Tortura han documentado graves casos de torturas y malos tratos en España, incluyendo casos con alto componente racista. En el pasado, la negación ha fomentado el ciclo de tortura y malos tratos. El gobierno debe hacer frente a sus obligaciones, investigar plenamente dichas acusaciones y dejar claro que habrá cero tolerancia para la tortura”.

Un documento de la benemérita institución que preside Kahn señala: “A finales de mayo de 2003, en respuesta a una pregunta parlamentaria, el gobierno español indicó que ningún organismo internacional había condenado a España por un caso de tortura o malos tratos. Sin embargo, organismos internacionales, como el Comité de Naciones Unidas contra la Tortura, el Comité Europeo contra la Tortura, el Comité Europeo contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI), el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de Naciones Unidas o el Comité de los Derechos del Niño han expresado su preocupación por el aumento de casos de tortura y malos tratos en España durante los últimos años”.

Todo esto viene a cuento porque la semana pasada me invitó Fausto Zapata a su programa Diálogos políticos, que se transmite en Televisión Educativa, acerca del reciente aniversario de la República Española, los exiliados y la transición del franquismo a la democracia. En el debate participaron personas de mucha mayor relevancia que este escribidor; el programa ya pasó al aire y no voy a reseñarlo. Sólo diré que me impresionó la dificultad que encuentran mentes honestas, abiertas y lúcidas para admitir la existencia de un problema como éste, que ha sido documentado -botón de muestra- por Amnistía y Human Rights Watch. ¿O será que esos organismos son fachadas de ETA?

Sostiene Plaqueta (Tamara de Anda, autora de lo que sigue) que la charlatanería es un negociazo:

La semana pasada relaté un episodio que ejemplificaba cómo los médicos pueden ser los entes menos confiables del universo. Ir a consulta es como una ruleta rusa, donde te puede tocar un completo taquero (con todo respeto a los que sí se dedican al negocio de la comida), un saxofonista frustrado mamá-Susanita que soñaba con tener hijo doctor, o un Palinuro despistado.

Pero quizá lo peor sea toparse con alguno que le haga a la medicina alternativa chafa. Hay doctores que tras la respetable bata blanca ocultan… ¡reiki!, ¡refuá esh!, ¡cromoterapia! O ya de plano ni bata se ponen para anunciarse descaradamente como semichamanes, y ahí todo mundo va a ver qué onda. Hasta este periódico ha sacado notas sobre el poder de los chacras y las flores de Bach (tras cuya lectura casi muero atragantada con el cereal de mi desayuno jornaloso). Está bien que la medicina alopática (o sea, la “normal”) tiene sus límites, que hay mil cosas con las que no ha podido… ¿pero y qué con las que sí? ¿No son suficientes para confiar más en eso llamado ciencia que en unos güeyes oportunistas colgados del negocio contracultural?

En Rebelarse vende (librazazo, duele hasta el alma leerlo, pero derrumba las incongruencias chairas más comunes), Andrew Potter y Joseph Heath señalan una espantosa ironía: muchos evaden la medicina convencional-occidental porque no les da confianza nada producido por algún maléfico laboratorio trasnacional, tipo Pfizer, Bayer o Roche. Y sí, totalmente de acuerdo con que son unos cerdos con eso de las patentes y el chiquiteo de hallazgos por puro interés mercantil. Sin embargo, al mismo tiempo, la medicina alternativa crece bestialmente, y los gringos gastan en ella millones de dólares (30 mil mdd en 1997; ahora han de ser más). En México quién sabe cómo andemos de cifras, pero desde el aromaterapeuta de la esquina hasta los estafadores de Genomma Lab, hay un montón que aprovechan la tendencia alternativosa pa’ forrarse de billete.

Luego está la homeopatía, que en México hasta reconocimiento oficial y carrera en el IPN tiene (en la que por fortuna también les enseñan medicina estándar). Con este tema todo se pone polémico y cada quien habla según le fue en la feria, pero los estudios serios más bien apuntan a que las mejoras ocurren por un efecto placebo, muy positivo contra el dolor, la depresión y la ansiedad… lástima que la gama de padecimientos posibles sea ligeramente mayor que eso. Yo dudaría de un método inventado hace 200 años y que desde entonces no ha variado mucho, basado en atacar el mal con el mismo mal que lo produce, nomás que diluido. O sea que para la obesidad nos comemos unos chochos de tacos de carnitas y ya, infalible.

Otra cosa planteada en el mismo libro de acá arriba: si la medicina alternativa realmente funcionara, ¿no se hubieran encargado ya esas mismas empresotas globales de apropiarse de ella y empezar a hacer varo desenfrenadamente? Y como dice Phil Plait, astrónomo divulgador (autor de la página banastronomy.com): “No fue alguien que practicara la homeopatía quien encontrara la cura de la viruela o la poliomielitis. Los científicos lo hicieron, científicos médicos”.

Pues sí, yo me quedo con ellos.

Negocios de la contracultura.