Legisladoras italianas /II y último

  • Franca, Rita, y algo sobre las Genovevas
  • Sostiene Plaqueta: “Su colitis es un bebé”

La actriz

“Franca Rame es una hija del espectáculo. Comienza a hacer teatro a los ocho días de nacida en los brazos de su madre, en el papel de la hija de Genoveva de Brabante. Imagino que no decía gran cosa. Por casualidad, más tarde, cuando todavía era una niña, comenzó a participar en otros textos clásicos de Shakespeare. Casi sin darse cuenta, aprendió los personajes al escucharlos de boca de su madre y sus hermanas, noche tras noche. Actuar era para ellos tan normal como caminar o respirar. Después, al pertenecer ya al grupo de teatro de compañías importantes, se pudo constatar que tenía un estilo más puro y eficaz que aquel de los actores de renombre. En sus comienzos en el teatro oficial, tenía vergüenza de su tendencia constante a la improvisación. Habían logrado persuadirla de que ésta era una manera inculta y un tanto grosera. Mucho más tarde descubrió que era un atributo del teatro popular.”

Mariel Turrent Eggleton presenta así a esta senadora italiana, postulada por la Unión Verde-Comunista y pareja de Darío Fo, el gran payaso que restituyó su plena honorabilidad al oficio y que obtuvo, en 1997, el premio Nobel de Literatura. Franca y Darío procrearon al escritor Jacopo, y los tres han trabajado de manera conjunta en montajes teatrales (El zen o el arte de coger, por ejemplo, escrita por el hijo y escenificada por los padres, y montada en español con el título Tengamos el sexo en paz) y manifiestos políticos como Una guerra disimulada y Atentos al anarquismo de Estado.

Darío y Franca

Un detalle: la criatura de Genoveva de Brabante era de sexo masculino. Según la leyenda de los siglos V y VI, Genoveva fue falsamente acusada de infidelidad, durante la ausencia de su esposo, Sigifredo, por un mayordomo (Golo) que moría de deseo por aquella Penélope. La mujer fue hecha prisionera y en cautiverio dio a luz a un niño. Cuando Sigifredo volvió de combatir a los sarracenos, mandó matar a la madre y al niño, pero los criados a quienes se encomendó la tarea se limitaron a dejar a ambos en el bosque. Años después, el frustrado asesino intelectual se los encontró en el curso de una incursión de caza y Genoveva le demostró que había sido calumniada. Sigifredo ajustició al mentiroso, se reconcilió con su esposa, reconoció al niño como suyo y habrían vivido los tres felices para siempre pero, ay, el entorno silvestre había quebrantado la salud de la mujer y ésta murió poco después del rencuentro. El viudo, que no sabía hacerla de papá soltero, se recluyó junto con su huérfano en un convento (“y ya muy ascetas/ se hicieron puñetas”, sería un final posible, aunque algo procaz).

En el XIX los Románticos se empalagaron a gusto con esta historia, escribieron y pintaron cosas de lo más lacrimógenas sobre el tema y acabaron confundiendo a la señora con una monja homónima que contribuyó a la defensa de Lutecia contra los hunos de Atila y contra los francos del rey Childerico. Esa otra Genoveva fue canonizada no sé cuándo, desde el siglo XII se le considera patrona de París y hasta la fecha se venera una urna conservada en la iglesia de Saint-Étienne-du-Mont en la que podrían quedar dos o tres partículas de sus huesos. Y es que, en tiempos de la Revolución Francesa, los jacobinos los arrojaron al Sena. No fueron los únicos despojos santos que fueron pasados por agua. A fines del siglo XVIII ese célebre río recibió las osamentas de tantos bienaventurados de tiempos anteriores que quedó convertido en una sopa (fría) de tuétano.

Otra legisladora italiana destacada es Rita Levi Montalcini, senadora vitalicia, neurocirujana, desterrada de Italia (por su origen judío) en tiempos del fascismo y premio Nobel de Medicina 1986, presea que compartió con Stanley Cohen. Ambos investigadores descubrieron que las células sólo comienzan a reproducirse cuando reciben una “orden” que es transmitida por sustancias llamadas factores de crecimiento, las que, a su vez, son una fracción del núcleo proteico. A sus 97 años -los cumplió el pasado 22 de abril-, esta mujer admirable aún tiene energía para asistir a las sesiones legislativas. En 2001 lanzó una crítica feroz a Berlusconi, a quien acusó de haber traicionado a la comunidad de investigadores de Italia con los recortes al presupuesto para investigación científica. Les recomiendo este pasaje autobiográfico (en inglés).


Rita: vida fructífera

Sostiene Plaqueta: ¡Felicidades! ¡Su colitis es un bebé! (o de cómo el IMSS sentencia: madre serás, no hay escapatoria).

Entre que soy bien hipocondriaca y entre que tragaba toneladas de refrescos de colores (artificiales), hubo un tiempo en que estaba aterrorizada porque mis riñones y mi hígado y todas las tripas de la región me dolían extrañamente. Tons hice una cita en mi clínica familiar del IMSS. Tras franquear a las trabajadoras sociales y esperar años-siglos-meses, al fin logré pasar con el doc, un señor de bigotito bastante seco (el señor, no el bigotito, porque éste más bien era grasiento) que se parecía a Francisco Labastida (gulp). Le expuse mis síntomas: me duele acá y acá y acá, y es así como que medio punzante y a veces agudo, aunque a veces grave y otras tantas barítono y hasta contralto.

El doctor respondió, así luego luego, sin palpar-analizar-ni-nada: no señorita, ps qué se me hace que usted está embarazada. Y yo, ejem, doctor, cómo explicarle, ps más bien no creo porque mi novio ya ni me afloja tanto, y además trago unos anticonceptivos que me tienen como fiera y llena de barros, mire doctor mis barros, qué feos están, con consecuencias así de horribles lo menos que podrían hacerme las condenadas pastillas es protegerme contra los chamacos no deseados.

Pero él siguió necio:noooh, ire, le mando a hacer unos análisis de orina, llene usted este frasquito con su primera pipí de la mañana, y lo trae a laboratorio a las 6 de la madrugada, no más tarde porque luego ya no le reciben las muestras. Y de una vez vaya con la dietista, porque usted está muy flaca y ps tiene que estar bien nutridota para su bebé.

Lo del laboratorio plano lo descarté; para eso mejor me compraba la Simi-prueba-de-embarazo del Dr. idem, no iba a desmañanarme por una ocurrencia del ese señor con cara de priísta. Pero sí fui con la quesque nutrióloga, que milagrosamente estaba disponible en ese momento. La mujer me recetó una dieta con huevos fritos y tocino y hot cakes y azúcares refinados y carne roja y helado de chocolate, como si fuera yo levantadora de pesas. “Es para tener bien alimentado al niño”. No pos sí, con las arterias tapadas y obesidad crónica desde el vientre materno, qué buena idea.

Aunque tanto me machacaron lo de la criatura que mejor sí fui por mi Simi-prueba-casera. Cincuenta pesos tirados a la basura (y ni siquiera traía una pipa de regalo como la de Homero Simpson), porque obviamente no había chiquillo ni chiquilla en mi barriga. Total que mejor me puse a investigar en Internet sobre mis síntomas, y llegué a la conclusión de que lo que tenía era una simple colitis (como dos de cada diez mexicanos). Dos meses después llegué con el doctor (seco) del bigotito (grasiento): ya ve doc, no estoy embarazada, se me hace que lo que tengo es colitis.

Y sin preguntar algo ni revisarme ni hacerme análisis ni nada nada nada, dijo: ah, sí, colitis, claro. Mire, tómese esto y esto y esto. Acuérdese que tiene que estar sana, porque cuando se embarace…

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