Pierre y sus homónimos

  • Cuatro Cornejas artistas
  • Guillaume, Glenn, Nyungura

Pierre

Este 6 de junio el célebre escritor nacido en Rouen cumplió 400 años y es bueno mencionarlo porque, a pesar de las desigualdades y los altibajos de su obra, Pierre Corneille es, en varios sentidos, un profeta de la modernidad: en sus obras, según apunta Oscar Caballero en La Vanguardia, hay más preguntas que respuestas; en su faceta de dramaturgo establece su oficio como una profesión con reglas claras, lo mismo para la composición que para el cobro de honorarios y revoluciona la puesta en escena mediante una meticulosa codificación de las normas para crear la magia del teatro. Hizo comedia, comedia heroica, tragedia-ballet y tragedia propiamente dicha, todo sin apartarse de una vida apacible de un burgués provinciano. Con su éxito mayor, Le Cid (1637), inspirado en Mocedades del Cid, de Guillén de Castro, publicada seis años antes, “nuestro teatro nunca estuvo tan cerca de tener a su propio Shakespeare”, anota la Lagarde et Michard (XVIIe Siècle, p. 103, Bordas, París 1985). Pero con esa pieza comenzaron las impugnaciones: se le acusó de plagio y la Academia establece que la obra “no se ajusta a las reglas ni a la decencia”. En trabajos posteriores Corneille acabó por acatar el precepto y la calidad de su dramaturgia decayó. Después apareció el joven Racine en el panorama del teatro francés y se comió con todo y tripas (hablo de una feroz competencia literaria, no de antropofagia) a un Corneille viejo y plañidero: “He perdido los versos y los dientes”, solía quejarse. Esto me hace recordar que ya habíamos navegado por las aguas del estanque cornelliano hace poco más de un año, concretamente el domingo 22 de mayo de 2005. Da la impresión de que mi pobre tocayo es uno de los escritores más impugnados de la historia, y no sólo por su obra, sino también por sus circunstancias vitales. Ocurre que, cuando el teatro no le daba para comer y alimentar a sus seis hijos, se refugiaba en las ganancias que obtenía su familia de las acciones de una empresa de tráfico de esclavos.

La polémica le siguió a la tumba. Voltaire, quien adoptó a una de sus nietas, Marie Corneille, maltrató gravemente al abuelo en un prólogo a sus obras. Ya en este siglo, el brillante escritor nazi Robert Brasillach -fusilado por colaboracionista en febrero de 1945- “elogió” a Corneille como “precursor del fascismo”. “Vejestorio según Molière y Racine, mal escritor cien años más tarde para Voltaire, facha 300 años después, a sus 400, el pobre Corneille carga con la culpa de las rentas de la esclavitud que disfrutó su padre, pero que a él no le sacaron de la pobreza”, concluye Caballero.

Por si Corneille no tuviera suficientes desventuras póstumas, hasta antes de la implantación del euro su cara aparecía impresa en los billetes de 100 francos, los más frecuentemente falsificados en Francia.

Guillaume

Sigo en orden cronológico. Guillaume Beverloo Cornelis, enorme grabador de la segunda mitad del siglo XX, nació en Lieja en 1922, de padres holandeses. Siete años más tarde, la familia se mudó a Amsterdam, donde el joven artista tomó cursos de dibujo y grabado en la Academia de Bellas Artes entre 1940 y 1943. Encontró que la enseñanza de la pintura resultaba demasiado académica, por lo que se decidió a ser autodidacta. Su primera exposición personal se realizó en 1946, en Groningue. Al año siguiente expuso en Amsterdam junto con Karel Appel, Eugène Brands, Constant Nieuwenhuis, Anton Rosskens y Théo Wolvencamp, con quienes fundó el Grupo Experimental Holandés, el cual publicó la revista Reflex. Poco después Guillaume partió a París, donde participó en la fundación, junto con Appel, Alechinsky, Asger Jorn y otros, del neoexpresionista Grupo Cobra. El nombre no era homenaje a un automóvil deportivo, sino un acrónimo por COpenhague, BRuselas y Amsterdam. Es a partir de ese momento que el artista empieza a firmarse con la forma francesa de su apellido: Corneille. La exposición Las manos asombradas, que Cobra realizó en la galería Maeght, fue un punto de viraje para el arte del siglo XX. Da la impresión de que este flamenco colorido es un enamorado del mundo. Lo mismo se le encontraba atravesando en automóvil el continente africano que incursionando en Hungría y Yugoslavia, que husmeando en Curaçao, que tomando el sol en Mallorca, que exponiendo en Nueva York, que solidarizándose in situ con Cuba, que viviendo en México. Salud a su corazón luminoso.

Glenn

El 23 de agosto del año pasado, en Laren, Holanda, el pianista Glenn Corneille perdió el control de su automóvil, se impactó contra un árbol y murió. Tenía sólo 35 años, pero a esa edad ya había tocado con buena parte de las bandas europeas de jazz, había formado su propio trío y tenía una carrera como solista. Tenía cara de niño bueno y su sonido era ligero y suave. Quién sabe qué habría hecho con sus notas si hubiera seguido en este mundo. La pinche Muerte no tenía derecho a sembrarnos esa duda. Vean a Glenn en acción haciendo clic aquí.

Nyungura

Para finalizar, hay otro músico Corneille que sigue vivo y que causa desmayos y furor en varios países del primer mundo. Se trata de Nyungura, un joven (29 años) producto de la globalidad, ruandés nacido en Alemania (la nacionalidad en ese país es por herencia, no por nacimiento, aunque vaya en contradicción con la etimología y con las consideraciones humanas más elementales), refugiado de guerra y fundador, en Canadá, de la banda R&B O.N.E., algunas de cuyas composiciones han ocupado los primeros lugares de popularidad en la nación ártica. En 2003 presentó su primer álbum como solista, Parce qu’on vient de loin (“Porque uno viene de lejos”). Su historia tiene puntos en común con la del sudanés Emmanuel Jal, el menor de edad reclutado antes de los 12 años por el Ejército Popular de Liberación y quien, tras desertar, emprendió una fructífera carrera musical en Kenia. Pero el viaje de hoy no es un recuento de niños de la guerra, sino de corneilles, que es como se llama en francés a las cornejas: “especie de cuervo de 45 a 50 centímetros de longitud y un metro o algo más de envergadura, con plumaje completamente negro y de brillo metálico en el cuello y dorso”, o bien “ave rapaz nocturna semejante al búho, pero mucho más pequeña que éste, con plumaje en que domina el color castaño ceniciento y en la cabeza dos plumas en forma de cuernos pequeños”, como quiere El Buscón de la RAE, o bien nombre genérico de los córvidos o corvidae, según la pretensión de Encarta, o cosas emplumadas semejantes.

Corneja

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