En el día de Cronos

  • La idea de Sonora Smart
  • Sostiene Plaqueta: oportunidad perdida

Cronos: versión de Goya

El 11 de mayo pasado se anunció en este muelle un crucero por las aguas teñidas de testosterona de la paternidad, y aquí estamos hoy, en medio del frenesí futbolero, para mayor acento, en pleno festejo de los progenitores. Sed felices, hijos e hijas e híjoles, en esta fiesta que es mucho más sosegada que el 10 de mayo tal vez porque nunca viene en día laborable, porque hay menos obligación social de honrar al padre que a la madre, porque hay menos padres que madres (si se cuenta a los que son desconocidos y a los que se hicieron ojo de hormiga al nomás nacer la criatura, y si se considera que los hombres desalojan este planeta, en promedio, unos dos o tres años antes que las mujeres) y porque, a recuento de buen cubero, parece que abundan más los Cronos que las Medeas.

Casi no hay país en el que no haya un día más o menos fijo para honrar a los padres o antepasados masculinos: primer domingo de septiembre en Australia y Nueva Zelanda, tercer domingo de junio en Argentina, Canadá, Colombia, Chile, Francia, Japón, Holanda, México, Estados Unidos, Perú, Reino Unido y Venezuela, segundo domingo de agosto en Brasil, 20 de junio en Bulgaria, Día de la Ascención en Alemania, primer domingo de junio en Lituania, 8 de agosto en Taiwán (en donde la fecha ocho del ocho (ba ba) suena igual que padre (baba) en mandarín), segundo domingo de noviembre en Escandinavia (sin Finlandia), 19 de marzo en España, Portugal y Bolivia.

Fechas aparte, el Día del Padre es otra gringada como el de la Madre. La idea del primero la tuvo Sonora Smart (así se llamaba por culpa de su papá), hija de un veterano de la Guerra Civil que enviudó tras el nacimiento de su sexto vástago y que acometió la empresa admirable de hacerse cargo de toda su prole: si uno maldice al Cielo porque hasta la fecha casi no hay muebles para cambiar pañales en los baños de hombres, me hago cargo de lo que habrá pasado este señor (junto con millones de mamás y uno que otro papá) cuando no había cambiadores, ni pañales desechables, ni baños públicos, por no hablar de la pomada para rozaduras y de las providenciales toallitas húmedas. Sonora propuso que el festejo se realizara el 19 de julio, cumpleaños de su progenitor, iniciativa que causó entusiasmo a principios del siglo pasado. Pero no fue sino hasta 1966 cuando Lyndon Johnson proclamó el tercer domingo de junio como Día del Padre en Estados Unidos.

No faltarán en este día los engendradores que pretendan ser festejados (y que hasta lo consigan) sin tener más mérito que la aportación de un chisguete de semen a la construcción de un individuo, o con el demérito de haber sido o de ser ausentes, o peor: abandonadores; golpeadores, o peor: violadores, de sus propios hijos.

Si buscan en Google las combinaciones posibles de “violada(o)(s) por su (propio) padre” y “padre violador”, hallarán 913 referencias en español, en ninguna de las cuales quiero ahondar; si hacen una búsqueda semejante con “golpeada(o) por su padre” tendrán un listado de 417 páginas, noticiosas en su mayoría; y si le rascan al buscador con la expresión “asesinado(a) por su (propio) padre” encontrarán 387 tumbas que hoy no podrán hacerle fiestas a sus otros tantos progenitores: en menos de dos minutos, reloj en mano, uno se pone en contacto con mil 717 historias de horror –una puntita del iceberg– que desmienten la imagen universal del padre protector, benéfico y amoroso asociada en automático a esta fecha por la propaganda comercial. Y qué linda corbata, y qué chulas mancuernas, m’ijo(a), muchas gracias.

Como ocurrió tras la navegación dedicada a la cabecita blanca de Medea, no faltará quien atribuya estas reflexiones a espantosas experiencias personales del navegante con su apá y su má, o a un afán iconoclasta desprovisto de sentido. De lo primero, lamento desilusionarlos: no hay en mi condición filial episodios atroces que lamentar, y de lo segundo, me consta que hay muchos buenos padres por ahí (no me atrevo a decir “la mayoría”), más otros tantos que nos esforzamos en serlo; ya tocará a nuestros críos decidir si lo conseguimos o no, y encuentro que ese veredicto debería preocuparnos bastantito más que el de la Historia, que ni es nuestra parienta. Pero la paternidad biológica no es meritoria por sí misma de exaltación, y no cualquier fecundador de óvulos se hace acreedor, por esa sola actividad, a una conmemoración anual. Ser padre o madre no es bueno ni malo sino todo lo contrario, en tanto no se demuestre lo ídem, pero cuando esos atributos dan lugar a festejos nomás porque sí, Medea y Cronos quedan incluidos en el convite. “El padre sería quien desea ser padre y desea a su hijo como tal. Opta por él, y por tanto lo reconoce. El verdadero padre es siempre ad-optante y opta por el hijo en tanto desea y lo desea”, apunta Daniel Feriolli y hay que preguntarse cuántos de esos que menciona ocupan el sitio de honor en las mesas de este día.

Cronos: versión de Rubens

Los dioses no son más piadosos con sus hijos que los mortales. Dice Wikipedia: “En la mitología griega, Crono o Cronos (vocablo griego de etimología oscura, quizás relacionado con ‘astado’ o, mejor, con la raíz kr- como en kratos, ‘poder’) era el líder y el más joven de la primera generación de Titanes, engendrada por Urano y Gea. Los menores resultaron ser monstruos: los Cíclopes, gigantes de un solo ojo, y los Hecatónquiros, gigantes de cien brazos y cincuenta cabezas. Urano se avergonzó de ellos y decidió encerrarlos en el Tártaro. Sin embargo Gea los amaba, así que incitó a los titanes a que se rebelaran contra su padre, pero sólo Crono estuvo dispuesto a ello: encontró a Urano confiado en brazos de Nix, lo castró con una hoz de pedernal y arrojó los testículos tras él. Luego se casó con su hermana Rea y subieron al trono como reyes de los dioses. Engendraron varios hijos: Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón, pero Cronos se los tragó tan pronto como nacieron, pues había sabido que estaba destinado a ser derrocado por uno de sus hijos así como él había derrotado a su padre. Cuando Zeus nació, Rea dio a su hambriento padre una piedra envuelta en pañales que fue devorada en seguida. Zeus creció en secreto, y al ser mayor, con la ayuda de Gea, le dio a Crono una pócima que le hizo vomitar a sus otros hijos. Una versión más antigua de Cronos se relaciona con la deidad semítica Ba’al Hammon, adorado en Cartago como Moloch, al cual se ofrendaba niños que eran arrojados, vivos, al fuego. Por lo demás, no sé si el Dios de los cristianos le preguntó a Su Hijo, antes de mandarlo al mundo en una misión estratégica de Estado, si estaba de acuerdo en hacerse humillar y crucificar por una horda de brutos.

Castrando a papá: versión de Vasari

“Mi familia es toda misógina y homofóbica. Muy hipócrita también. Por supuesto que mi madre no es normal. Ella tiene el edipo al revés conmigo. Siempre me vigiló desde chico. Sobre todo mi sexo y mi relación con las chicas. Me pegaba a mí y a mi hermano porque no le podía pegar al marido que era una bestia que la fajaba a ella y odiaba a las mujeres. Yo fui el único que terminó llamando a la policía”, cuenta Claudio en un foro de sicología. Quién sabe cuántas historias como la suya haya tras los encuentros familiares de esta fecha. Pero lo más probable es que eso sea pura ficción y que cualquier parecido con la realidad sea mera coincidencia, así que feliz Día del Padre, y sostiene Plaqueta:

Témome que dejé escapar la oportunidad de mi vida. Me llegó la cartita esa donde me invitaban a ser funcionaria de casilla… y yo no la pelé. O bueno, sí, pero por múltiples circunstancias nunca acudí. Por ejemplo, me disuadió imaginar las sesiones de capacitación como una serie de clases ñoñísimas, de esas en que al final del día el profe organiza una utilísima “dinámica de integración grupal”. Y que cuando el entrenamiento termina, hay un intercambio de regalos y todos se escriben en una hojita de papel pegada a la espalda “eres una persona muy valiosa, nunca cambies”. Pero no, ya me chismearon que no es así. Sin embargo, ahora es muy tarde para unirme al gran pachangón del conteo de votos. Me siento una ciudadana sucia, irresponsable, y bastante bruta.
Prueba de la diversión infinita que hasta ahora han tenido los funcionarios de casilla, es la experiencia de mi cuate el Chidoguán, quien sí acudió oportunamente al llamado de la democracia. El IFE lo premió no sólo eligiéndolo “primer escrutador” (que quién sabe qué sea eso, pero suena bien acá), sino que le otorgó el gloriosísimo Manual del Funcionario de Casilla, obra de enorme valor literario y gráfico de la que este güey ya se pitorreó durísimo en su blog, en un post que quedará grabado en los anales blogosféricos como uno de los más chistosos de la historia:

Él tendrá mucho más que contarle a sus nietos sobre la elección de 2006, bah. Pero lo que más me duele es haber desaprovechado la irrepetible ocasión de derramar (accidentalmente) café sobre los votos por el PAN. Me lo perdí, joer. Ya ni modo. A ver si en 2048 me vuelve a tocar.

En caso de que llegue Carlos Salinas a votar, los funcionarios procederán a saludarlo efusivamente y a limpiarle los mocos.

Vida en familia: versión del IFE

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