Los siete de la Torre Sears

  • Una conjura poco verosímil
  • Va por Angel Maturino Reséndiz

El gigante de Chicago

La aburrida, larguísima, inverosímil y muy sangrienta película de Hollywood que se llama Guerra contra el terrorismo tiene una nueva escena: el supuesto complot para atentar contra la Torre Sears, en Chicago. Siete infelices fueron detenidos este jueves y acusados de ser “simpatizantes” de Al Qaeda. Podría ser cierto, pero todo parece indicar que no: no se les encontró armamento, no se les demostró vínculo alguno con la red de Bin Laden y su única acción demostrada es haber tomado fotos y videos del célebre edificio, el más alto de Estados Unidos. Habría que tomar en sentido literal la declaración del alcalde de Miami, ciudad en donde fueron detenidos cinco de los siete acusados: “les aseguro que no hay ningún peligro para nosotros”. La sospecha se robustece si se piensa que los secuestrados en Guantánamo son inocentes, y no sólo porque el gobierno de Bush no se haya tomado la molestia de demostrar lo contrario en un juicio regular, sino porque no hay un solo cargo contra ninguno de los pocos afortunados que han logrado salir de ese infierno. Hay que tener en cuenta, además, que el procurador de Estados Unidos, Albert Gonzales (la doble falta de ortografía del apellido es responsabilidad exclusiva del interesado), es un partidario confeso de la tortura, y que ésta ayuda enormemente a establecer las culpas de los indiciados por delitos o por propósitos monstruosos. Son siete negros miserables, cinco estadunidenses y dos haitianos, que tal vez jugaban a convertirse en terroristas, pero que no llegaron a serlo, para saciar la paranoia.

La Torre Sears se construyó en la década de los 70 del siglo pasado. Tiene entre 108 y 110 pisos y una altura que varía entre 442 y 527 metros de altura, según las fuentes consultadas, que nunca se ponen de acuerdo en cuanto a fechas ni dimensiones precisas. Al parecer, le arrebató el sitio del edificio más alto del mundo a las desaparecidas Torres Gemelas de Nueva York y lo ostentó hasta la terminación de las Torres Petronas, en Kuala Lumpur, Malasia, en 1997, pero aún es la construcción más alta de Estados Unidos y tiene una superficie interior de 418 mil 63.68 metros cuadrados, equivalentes a casi 10 mil viviendas para pobres como las que se planifican y no se construyen en áreas miserables estadunidenses de las que Liberty City es un ejemplo.

Cierta o falsa la conjura contra el edificio de Chicago, un grupo de profesores y estudiantes de Comunicaciones, Artes Escénicas, Matemáticas y Física de la Universidad del Norte de Michigan (Northern Michigan University, NMU) se adelantó a los pobres sospechosos floridanos y demolió la Torre Sears el 30 de noviembre de 2005, en un performance en el que participaron, además, cuatro robots. El suceso fue videograbado.

De los capturados el jueves, Gonzales dijo: “son personas que, por razones no determinadas, llegaron a ver su patria como el enemigo”. Es posible que Gonzales no sea tan tonto como pretende parecer y que conozca perfectamente las “razones no determinadas” que pudieron tener los sospechosos, si es que sus intenciones eran reales, para “ver a su patria como el enemigo”: cinco de ellos vivían en Liberty City, un asentamiento al norte de Miami sumido en la miseria que es mencionado muy de vez en cuando, cada vez que un huracán despedaza las construcciones miserables o cuando los guionistas de un videojuego requieren de entornos sórdidos para el desarrollo de una historia violenta, símbolo de un “Miami tenebroso, sentenciado al ghetto y la pobreza”. ¿Razones no determinadas?

Otro infortunado que no tiene deudas con ninguna patria es Angel Maturino Reséndiz o Angel Leoncio Reyes Recendis, migrante nacido en Puebla, criado en las calles, víctima de abusos y violaciones, cruzador indocumentado de la frontera norte desde los 16 años, asesino convicto de la médica Claudia Benton, de Houston, sospechoso de otra docena de homicidios en Texas, California, Florida, Georgia, Kentucky e Illinois, sentenciado a recibir una inyección letal este martes 27 de junio.

Angel de la muerte

Los crímenes de Reséndiz, conocido como “el asesino de las vías del tren” (Railroad killer), son atroces. Aprovechaba el aislamiento de casas próximas a vías férreas, en donde casi nadie quiere vivir, por el ruido, se introducía en ellas cuando sus habitantes habían salido, y cuando regresaban los atacaba por sorpresa con cualquier objeto punzante o cortante que tuviera a la mano. Luego se llevaba las cosas de valor que encontrara. Vivía para delinquir y matar. Cuando ya era uno de los delincuentes más buscados por la FBI, fue detenido por la Migra, la cual lo deportó a México. Reséndiz regresó y siguió robando y matando hasta que su hermana lo entregó a un policía de Texas, con la condición de que no lo mataran y que le practicaran una prueba sicológica.

Ocurre que Angel Maturino padece de esquizofrenia paranoide y que cuando cometió los asesinatos que se le imputan estaba convencido de que era un ángel enviado por Dios para destruir a los malvados. A unos días de recibir la inyección letal, el hombre está seguro de que resucitará en Medio Oriente, en donde ayudará a los judíos a combatir a los árabes. Los siquiatras de la fiscalía admiten que el sentenciado padece alucinaciones y que muestra daño cerebral, pero sostienen que es “apto para ser ejecutado”. Durante el juicio fue necesario administrarle drogas antisicopáticas para reducir los síntomas de su mal. Sin embargo, el acusado descalificó a sus abogados defensores y pidió que lo condenaran a muerte porque, dijo, si lo ejecutaban el jurado y el verdugo fallecerían al instante, en tanto que él volvería de entre los muertos. En el sexenio en que ha permanecido en el pabellón de los sentenciados, Angel ha sido hospitalizado en una unidad siquiátrica en ocho ocasiones, se ha mutilado unas 30 veces y, según un informe de Amnistía Internacional, “se encuentra en un estado de total delirio”.

Dejo para el próximo jueves el segmento Sostiene Plaqueta para difundir el llamado que sigue, y es que tal vez haya una manera de salvar a los gobernantes, jueces y policías texanos de su propia degradación, e impedir que asesinen a un hombre que, más allá de toda duda razonable, está loco de remate. Dice Amnistía: “Envíen sus llamamientos para que lleguen lo antes posible, en inglés o en su propio idioma, manifestando su apoyo a los familiares y amigos de Claudia Benton, y explicando que no pretenden disculpar la manera en que murió ni restar importancia al sufrimiento que su muerte ha causado; expresando preocupación porque Angel Maturino Reséndiz fue condenado a muerte sin que se determinara si estaba capacitado para ser juzgado, pese a las abundantes pruebas de que sufría una grave enfermedad mental; señalando que la salud mental de Angel Maturino Reséndiz se ha deteriorado aún más en el “corredor de la muerte” y que actualmente, según indican los informes, no comprende que su ejecución le causará la muerte; expresando preocupación por la terrible calidad de la asistencia letrada que recibió durante la apelación, y señalando que la clemencia del ejecutivo existe precisamente para compensar las desigualdades que los tribunales no pueden o no quieren remediar; pidiendo que se conmute su condena de muerte en aras de la moral y la justicia; instando a las autoridades de Texas a conceder, como mínimo, una suspensión de la ejecución para que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos disponga de tiempo suficiente para pronunciarse sobre las alegaciones que le han sido presentadas en nombre de Angel Maturino Reséndiz. Los mensajes deben ser enviados a la presidenta de la Junta de Indultos y Libertad Condicional, Ms. Rissie Owens, Presiding Officer, Texas Board of Pardons and Paroles, P.O. Box 13401, Austin, Texas 78711, Estados Unidos, Fax: 1 512 463 8120; o al gobernador de Texas, The Honorable Rick Perry, Office of the Governor, State Capitol, P.O. Box 12428, Austin, Texas 78711-2428, Estados Unidos, Fax: 1 512 463 1849. Hacer mención del número de recluso de Angel Maturino Reséndiz: TDCJ Number 999356.

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