Medidas de seguridad

La gente terminó por acostumbrarse a las molestias y los gobiernos de la libertad se convirtieron, sin que casi nadie se diera cuenta, en opresivos regímenes policíacos. Todo empezó por las razonables peticiones de asentar el nombre y la hora de entrada en una lista y mostrar una identificación cualquiera. Hoy las casetas de vigilancia almacenan huellas digitales, inquieren por la procedencia institucional e imprimen etiquetas con código de barras que deben mantenerse adheridas al cuerpo de los visitantes como si éstos fueran paquetes de carne del supermercado.

Y cada vez es peor. Ante las sucesivas amenazas reales o inventadas de ataques terroristas o epidemias fulminantes y apocalípticas, los ciudadanos de la sociedad global se enfrentan a hordas adicionales de aparatos de rayos x, dispositivos que leen la retina, documentos que consignan la biomasa, arcos detectores de metales y agentes de seguridad que trabajan, de preferencia, para empresas privadas, y cuya estupidez y falta de criterio suelen ser proporcionales a la complejidad de los aparatos que operan.

En esta época de fronteras comerciales en vías de extinción, las barreras para humanos, al contrario de lo que se afirma, se multiplican y descienden en la escala territorial: es cierto que no se necesita salvoconducto para transitar entre dos condados –y a veces ni siquiera entre dos países, como ocurre en la Unión Europea–, pero el trámite para ingresar a un edificio gubernamental o empresarial resulta cada vez más arduo. En varias latitudes, la temporada actual de paranoias ha puesto de moda la revisión previa al abordaje de autobuses, y los procedimientos de seguridad que se aplica a los pasajeros aéreos de todo el mundo han llegado a un barroquismo digno de la ciencia ficción, no la de Asimov sino la de Orwell: no es la tecnología lo que asusta, sino los rituales de humillación en los que se confiscan tubos de dentífrico, gotas oftálmicas y jarabes, se descalza a los viajeros, se les mira a los ojos para provocar que se pongan nerviosos y se les obliga a abordar con las manos en alto. Al carajo con el principio de presunción de inocencia. Al carajo con la dignidad humana, codificada por Pico della Mirandola siglos antes de la fructífera travesura de los hermanos Wright. ¿Qué sigue en la prevención del terrorismo? ¿Las exploraciones rectales y vaginales, las biopsias, las disecciones?

Desde luego, estos atropellos no son necesarios para impedir acciones terroristas. Cualquiera sabe que, en el ámbito del combate a las drogas, los servicios de inteligencia policiales van directo sobre el pasajero que viene cargado (siempre y cuando ese día tengan ganas de detener a alguien); para impedir el ingreso de una maleta o un intestino repletos de heroína no hay que convertir un aeropuerto en campo de concentración.

Ante la apatía de casi toda la gente y bajo la propaganda aturdidora de la amenaza terrorista, las democracias occidentales se han vuelto regímenes policíacos, opresivos y humillantes, en los que todo individuo es sospechoso. Mientras las tropas estadunidenses e inglesas siguen destripando inocentes en Afganistán e Irak, en los aeropuertos occidentales los viajeros reciben –en muchos casos, por parte de sus propios gobiernos— un trato similar al que se da a las reses muertas cuando se sospecha que son portadoras de una epidemia. En defensa, eso sí, de las libertades.

7 respuestas a Medidas de seguridad

  1. caritina dice:

    Las medidas de “seguridad”, presiento que son escenografías para justificar los “cocos” que el intervencionismo gringo se ha inventado.
    Ahí tenemos en su momento al comunismo, al terrorismo, a las armas de destrucción masiva, etc… Ellos inventan los “males” y luego ahí los tienes “ayudando al prójimo en desgracia”, con el exclusivo propósito de invadir, ocupar y ganarse unos dolaritos con el jugoso negocio bélico.

    Saludos

  2. e.h. dice:

    Quizá no exista una auténtica necesidad, una “justificación técnica”; pero, en cambio, se obtiene un control cada vez mayor de nuestras actividades y se siembra la sensación de vivir en un perpetuo estado de amenaza.

  3. Pedro Miguel dice:

    Me parece que amabs cosas son ciertas: las paranoias antiterroristas sirven, por una parte, para justificar posteriores agresiones bélicas contra otras naciones; por la otra, para incrementar el control sobre los individuos en las naciones propias; doctrina de seguridad nacional hacia afuera, macartismo hacia adentro. Saludos, Caritina y Erathora.

  4. Rocío dice:

    Al leer estas líneas, pienso en las políticas norteamericanas e israelíes, y por supuesto, en las masacres que justo ahora se perpetran.

    Pero igual pienso en México.
    Se me viene a la mente el desplegado aparecido en la prensa el martes de la semana pasada. Su apariencia y su contenido están impregnados de “intenciones malévolas”, como el decir que la movilización de la Asamblea Popular del Pueblo de Oaxaca, la resistencia civil de López Obrador y la batalla entre bandas de narcos son parte de una conspiración. De no ser porque la palabra terrorista aparece en lugar de comunismo, juraría que se está leyendo un pronunciamiento antirrojo como los que andaban por allí en los cincuenta y setenta.

    Creo que lo que se busca es la legitimación ideológica de la violencia estatal e institucional que posibilite un ataque frontal contra toda disidencia. Se está construyendo un escenario represivo en vasta escala para desarticular de forma duradera, la organización y la oposición al sistema gobernante. Allí están Atenco, el asesinato de un manifestante el jueves pasado en Oaxaca…

    Qué bueno que ya estés otra vez por aquí Pedro Miguel.

    Un abrazo para todos

  5. María de Lourdes Aguirre Beltrán dice:

    Cierto, hace poco viajé de Los Cabos a Toluca y tuve que llegar 2 horas antes, y las medidas de “seguridad” que instituyeron ingleses y gringos las copiaron idénticas, como si nosotros estuviéramos involucrados en sus guerras.Ellos ni siquiera creo que tengan miedo, pues el coco lo inventaron para justificar sus marranadas.Ojalá y el coco que inventaron se les aparezca.

  6. Pedro Miguel dice:

    Rocío: encuentro –lo digo sin ironía– que tu apreciación es optimista. A mi modo de ver, atribuirle al grupo gobernante la aptitud para “construir un escenario”, así sea el represivo, es atribuirle mucho. Yo percibo un régimen que se mueve por pura reacción a los sucesos, por inercia, en completo desorden , sin más lineamientos estratégicos que su ambición de impunidad y de dinero. Pensar que el régimen extenso –partido en el poder, gobierno, cúpulas empresariales, corporaciones mediáticas y centros de producción ideológica— tiene una dirección clara es suponer que, de algún modo, las cosas están bajo control, y me parece que la volatilidad actual obedece en buena medida a que ninguno de los contendientes (incluyo al Peje) cuenta con una estrategia definida para enfrentar el impasse y a que todos reaccionan a la mera coyuntura. Desde esta perspectiva, imaginar un régimen de alguna manera “fascista” (me surge la palabra cuando le ves ganas de “desarticular de forma duradera, la organización y la oposición al sistema gobernante”) es pensar que los fascistas eran más estúpidos de lo que realmente eran, que el grupo gobernante en el país es más perverso de lo que realmente es y, a fin de cuentas, que la situación actual puede resolverse, así sea en el tránsito a un largo periodo de estabilidad represiva. Yo estoy un poco más alarmado, pero no tanto como para empezar a almacenar en el sótano latas de atún, rollos de papel de baño y garrafones de agua embotellada. Es más: ni siquiera me he tomado la molestia de construir un sótano.

    Lourdes: que la boca se te haga chicharrón. Otro atentado como el del 11-S y tendremos a Bush en un tercer mandato, previa disolución del Congreso. Un abrazo, decimera.

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