Pasan

Por el carril de baja velocidad del Periférico he visto pasar, en un Clío rojo, a una mujer que tenía cara de ser el amor de mi vida. Tomó la salida de Chivatito y me abandonó de manera irremediable. Me dejó, a mí junto a muchos, en el estacionamiento enorme que serpentea desde Tlalpan a Tlalnepantla y que simboliza el atorón en curso de la democracia. Esta tarde volveré a pensar en ella por unos minutos y después, paf, se desvanecerá para siempre. Su imagen se disolverá en una sopa de restos de recuerdos fugaces, pasiones imperceptibles, estremecimientos amorosos infinitesimales.

Es extraño que un capitán de Artillería haya tenido la sensibilidad suficiente (con la cuarta estrofa uno hasta se lo puede imaginar mordiéndose los nudillos) para codificar esos microenamoramientos intrascendentes que forman, en conjunto, una textura adicional en la vida de (casi) todos y de la que (casi) no se habla, por más que en nuestros días esté tan de moda la intimidad afectiva. Mujer del Clío rojo que sale del Periférico en Chivatito: lo que sigue es un digno panteón para dar sepultura a tu recuerdo.

Antoine Pol

Les passantes

Je veux dédier ce poème
À toutes les femmes qu’on aime
Pendant quelques instants secrets,
À celles qu’on connait à peine
Qu’un destin différent entraîne
Et qu’on ne retrouve jamais.

À celle qu’on voit apparaître
Une seconde à sa fenêtre
Et qui, preste, s’évanouit,
Mais dont la svelte silhouette
Est si gracieuse et fluette
Qu’on en demeure épanoui.

À la compagne de voyage
Dont les yeux, charmant paysage,
Font paraître court le chemin ;
Qu’on est seul, peut-être, à comprendre
Et qu’on laisse pourtant descendre
Sans avoir effleuré sa main.

À celles qui sont déjà prises
Et qui, vivant des heures grises
Près d’un être trop différent,
Vous ont, inutile folie,
Laissé voir la mélancolie
D’un avenir désespérant.

Chères images aperçues,
Espérances d’un jour déçues,
Vous serez dans l’oubli demain ;
Pour peu que le bonheur survienne
Il est rare qu’on se souvienne
Des épisodes du chemin.

Mais si l’on a manqué sa vie,
On songe avec un peu d’envie
À tous ces bonheurs entrevus,
Aux baisers qu’on n’osa pas prendre,
Aux coeurs qui doivent vous attendre,
Aux yeux qu’on n’a jamais revus.

Alors, aux soirs de lassitude,
Tout en peuplant sa solitude
Des fantômes du souvenir,
On pleure les lèvres absentes
De toutes ces belles passantes
Que l’on n’a pas su retenir.

Emotions poétiques (1918)

21 respuestas a Pasan

  1. Belle Helene dice:

    ¡Que deliciosa forma de enamorarse!

    Y ¡Que frase! Deliciosa:

    “Estremecimientos amorosos infinitesimales”

  2. V dice:

    Aquí, de paseante por las buenas anécdotas.
    Un saludo.
    La beguina.

  3. Pedro Miguel dice:

    Belle: frases hermosas, las de Pol.

    Beguina: ¡Qué milagro! ¿Y qué le pasó a tu bló? ¿Le cayo cloro?

    Abrazos.

  4. Hilda dice:

    ¿Intrascendentes? ¿Será?
    Si ya van figurando palabras como las tuyas o las de Pol no creo que sean intrascendentes. ¿Viste? Son como las palabras de Ungaretti,

    “una parola
    scavata è nella mia vita
    come un abisso”

  5. La musa enferma dice:

    Eso es tan tan común, pero tan extraño, tan fugaz, aunque a mí me pasa en el Metro, jajaja.

  6. Anonymous dice:

    En el Quentin Durward (no recuerdo cómo se escribe) de Walter Scott hay un epígrafe:
    sólo la he visto de paso
    y la amaré hasta morir…

    juan manuel muñoz cano

    juan.munoz@dacs.ujat.mx

  7. Belle Helene dice:

    PM:

    Ok, estoy de acuerdo. Las frases de Pol son hermosas, pero son historia.

    Tu frase además de hermosa, aún vive y es realidad.

  8. La trompetista de Falopio dice:

    Eso me recordó “la autopista del sur.” Una vez conocí un gran tipo en el trolebús. Salimos durante meses y mis amigos se referían a él como ” mi amor de trolebús” bueno no suyo suyo dellos sino… ya sabes.

  9. Rafael dice:

    Nos sucede a todos, lo tenemos en la sangre, es nuestra naturaleza, lo malo es cuando tienes un amor platónico que ves todos los días…

    Y luego peor aún cuando revelas tu sentir y te mandan por un tubito a la tlapalería

    Ja ja ja

    A mí también me pasa en el metro, pero ligero (No liguero, porque entonces sería más… como te dijiera (Como se habla en my town)) … más …bueno, más vaya!

  10. Pedro Miguel dice:

    Vaya. Parece que aquí todos tenemos el corazón estacionado en un crucero, el alma en el autobús, las feromonas en el tren liguero -adopto la aclaración de Rafael- y, sin duda, es hermosa la idea de recibir un flechazo de Eros en el parpadeo de un semáforo. De regreso al realismo, me pregunto si no hay una gran sabiduría cósmica en el hecho de que no prospere la gran mayoría de las descargas hormonales circunstanciales: si con ligue previo y todo uno incurre en errores atroces de selección, imagínense la clase de cucarachas con las que acabaríamos pernoctando si lleváramos a sus últimas consecuencias a cuanto pálpito de corazón nos da en la calle.

    Mujer del Clío rojo: sigue tu camino.

  11. Clío placas 210 NCK dice:

    Ah, bueno…

  12. Pedro Miguel dice:

    Bueno, pero este blog lo lee todo Dios, o qué. He de mudarme del género blog al género monólogo interior (¿monoblog?). Presunta Mujer del Clío rojo: si no pones el número de serie, no te creo.

  13. por Chivatito dice:

    Lo siento mucho Pedro Miguel: mi Clío es plateado…

  14. Pedro Miguel dice:

    Entonces eres una impostora.

  15. Érato dice:

    O una usurpadora…

  16. Euterpe dice:

    ¡Sí! ¡No hay derecho!

  17. Pedro Miguel dice:

    No me vuelvo a fugazmentenamorar antes de que salga el modelo Terpsícore de la Ford.

  18. Cantando con una lira dice:

    Lo siento, nuevamente, pero es de la Peugeot… ¿Te lanzas aun así? Igual, sigue siendo francés, como Renault.

  19. Pedro Miguel dice:

    ¿Se podría Citroën? Siento nostalgia por los 2 Chevaux.

  20. a ritmo de flautas y liras dice:

    Está bien, Citroën -rojo, por supuesto- (será único en la ciudad) con Érato, Euterpe y Terpsícore a bordo. Las demás no sintieron ganas.

    Bueno, en una de ésas, Urania le cae también.

  21. Pedro Miguel dice:

    Qué posmo, qué global: llegar a bordo de un Citroën rojo, procedente de México, D.F., al paraíso de Mahoma, en donde no hay huríes, sino musas griegas.

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