Algo sobre la resistencia civil

  • Pasajes de Kapuscinski
  • Parks, King, Gandhi, Mandela

Rosa

La autoridad es una relación entre personas y requiere de un acuerdo, y cuando éste se rompe, no hay autoridad que valga. Uno de los pasajes más esclarecedores en toda la obra de Ryszard Kapuscinski dice así: “Ahora el momento más importante y que va a decidir el destino del país, del sha y de la revolución será el momento en que un policía reciba la orden de abandonar su formación, acercarse a un hombre de entre la multitud y ordenarle a voz en cuello que se vaya a casa. Tanto el policía como el hombre de la multitud son personas sencillas y anónimas, y, sin embargo, su encuentro tendrá un significado histórico. Ambos son personas adultas que han vivido ya algo y han acumulado experiencia. La experiencia del policía: si le pego un grito a alguien y levanto la porra, éste se aterrorizará y echará a correr. La experiencia del hombre de la multitud: al ver acercarse a un policía me entra el pánico y echo a correr. Basándonos en esas experiencias completamos el guión: el policía grita, el hombre huye, tras él huyen los demás, la plaza queda vacía. Esta vez, sin embargo, todo se desarrolla de una manera diferente. El policía grita, pero el hombre no huye. Se queda donde está y mira al policía. Su mirada es vigilante, todavía contiene algo de miedo, pero, al mismo tiempo, es dura y descarada. El hombre de la multitud mira descaradamente al poder uniformado. Se queda plantado donde está. Después mira a su alrededor y ve las miradas de los demás. Son parecidas: vigilantes, todavía con una sombra de miedo, pero ya firmes e inexorables. Nadie huye a pesar de que el policía sigue gritando. Al final llega un momento en que se calla; se produce un breve silencio. No sabemos si el policía y el hombre de la multitud se han dado cuenta de lo que acaba de ocurrir. De que el hombre de la multitud ha dejado de tener miedo y de que esto es el principio de una revolución.” (El Sha o la desmesura del poder, Anagrama, 1987, pp. 140-141)

Lo anterior se me vino de inmediato a la cabeza cuando abrí un sitio de Internet y leí: “Es llamativo cómo grandes revoluciones pueden comenzar con gestos aparentemente minúsculos y sin importancia. Nunca mejor dicho que en este caso. El 1º de diciembre de 1955, Rosa Parks, una modesta y tranquila costurera, subió al autobús en la Avenida Cleveland camino a casa luego de una larga jornada de trabajo. Tomó asiento detrás del departamento reservado a los blancos, y a medida que recorría las calles observaba cómo el vehículo se llenaba lentamente; al poco tiempo, el chofer se acercó a ella y le ordenó, junto a otros tres negros, que dejaran sus lugares a los pasajeros blancos que acababan de ingresar. No había otros asientos libres, así que tendría que ceder su sitio a un varón blanco y proseguir de pie el resto del trayecto. En una reacción sin precedentes para la comunidad de Montgomery, la señora Parks, serena pero firmemente, se negó. El resultado inmediato fue su detención. La noticia circuló como reguero de pólvora por la ciudad, y la imagen de la policía arrestando a una mujer de porte humilde y equilibrado, de la que no podía imaginarse ni sombra de provocación, causó su impacto. Pronto los líderes negros se pusieron en campaña, y la circunstancia hizo surgir en la escena al joven pastor de una iglesia bautista local, quien, desconocido hasta ese momento, sería luego admirado en todo el mundo como uno de los máximos paladines de los derechos civiles del siglo XX: Martin Luther King Jr.”

Martin

El héroe británico Winston Churchill también habló de estas circunstancias. En febrero de 1931 criticó “el nauseabundo y humillante espectáculo de este viejo abogado del colegio de abogados de Londres, hoy fakir sedicioso, trepando por las rampas del palacio del Virrey, para discutir y negociar de igual a igual con el representante del Emperador, mientras pone en marcha una insolente campaña de desobediencia civil”. Se refería a Mahatma Gandhi, quien años antes (1921) sintetizó sus empeños de esta manera: “Los ingleses, decía, quieren obligarnos a llevar la lucha al campo de las ametralladoras porque ellos tienen armas y nosotros no. Nuestra única posibilidad de vencerles es la de llevar el combate al campo en el que nosotros tenemos armas y ellos no”.

Mohandas

Dice Kapuscinski: “Cuando [los iraníes] ya están hartos de un poder que se ha hecho insoportable y que no están dispuestos a tolerar por más tiempo, el país entero se queda inmóvil, y todo su pueblo desaparece como si se lo hubiese tragado la tierra. El poder da órdenes, pero no hay quien las oiga; frunce el ceño, pero nadie lo ve; grita, pero es una voz en el desierto. Finalmente el poder se desploma como un castillo de naipes. (op. cit., p. 96)

Las cosas, desde luego, no son tan fáciles. Bien lo sabe Nelson Mandela, quien se pasó tres décadas en el bote (de junio de 1962 a febrero de 1990) antes de ver coronada por el éxito su lucha -y la de muchos cientos de miles de sudafricanos- contra el racismo y por una nación incluyente. En un recodo de la red hallé este rebuzno firmado por Enrique Davis Mazlum, quien se presenta como “maestro de Administración Pública y Políticas Públicas [y] presidente de la Fundación Todos Participando, A.C. (FUTOP)”: “Mándela [mándela a revisión; me refiero a su ortografía, señor Davis] realizó una lucha en contra de la discriminación y se ganó la simpatía de los Sud Africanos [otra vez: yo no fui], quienes años después lo eligieron Presidente, pero todo esto, dentro del marco legal establecido en Sud África, el cual se ha ido modificando.” Si este hombre hubiera tenido la precaución de averiguar antes de escribir sobre un tema del que no sabía, se habría enterado que desde diciembre de 1961 Mandela organizó y encabezó el brazo armado del Congreso Nacional Africano (CNA), que se denominó Umkhonto we Sizwe, Lanza de la Nación, actividades que no armonizaban mucho que digamos con “el marco legal establecido”. Pero es otra historia.

Nelson

No todo es ignorancia en la Internet de los yuppies. En la página de la biblioteca del ITAM, por ejemplo, hay un buen texto de Beatriz Magaloni sobre aproximaciones al concepto de desobediencia civil (Hugo Adam Bedau, John Rawls, Jürgen Habermas, Paul F. Power, Joseph Raz, Howard Zinn) que pueden resultar útiles y esclarecedoras. Las organizaciones antimilitaristas españoles Insumissia y Tortuga tienen espléndidas reseñas, historias y guías prácticas sobre estrategias no violentas. Algo de eso hay también en un blog mexicano.

Seguiré el domingo con estos temas, y antes, el viernes 15 en la noche, estaré en el Zócalo, con el propósito de enviar fotos, crónicas y (de ser posible) video de lo que ocurra ahí, y casi en tiempo real, a la página de La Jornada y a un blog establecido para tal efecto. Ahí nos vemos.

6 respuestas a Algo sobre la resistencia civil

  1. torresvera dice:

    Resistencia, movimiento, detonadores… todo suena al argot militar y eso será siempre peligroso, pero no por ello, debemos dejar de hacerlo.

    Un saludo desde Pachuca.

  2. Pedro Miguel dice:

    No pretendo decir lo que hay que hacer. Hablo de lo que se hizo y aporto referencias a dos temas que están, hoy, en la boca de muchos: resistencia pacífica y desobediencia civil.

    Padre, tu blog.

  3. Anonymous dice:

    Te luciste con la columna de hoy. Me preguntaba por qué la Jornada no había publicado algo parecido.

    Ojalá mañana salga todo bien en el Zócalo, sin violencia.

  4. Tlacuiloco dice:

    Mañana será una fiesta como hace mucho no teniamos en México.
    Si te veo, te saludo como viejo conocido, No te asustes, sigueme la corriente.

  5. Rafael dice:

    Es interesante este punto. Yo en lo personal he aprendido en el transcurso de este conflicto lo que es resistencia civil pacífica, pero también veo que la ignorancia campea por nuestra patria.

    Muchos de mis amigos, conocidos, parientes y demás no tienen ni la más remota idea de lo que es, de lo que tenemos derecho y hasta donde llega.

    Y he visto con disgusto como en algunos medios lo equiparan con la violencia, al decir por ejemplo “esque ha violentado mi derecho de pasar por donde yo quería” violentar, violencia, utilizando términos para manipular.

    Es muy bueno el comprender un poco lo que es la resistencia civil, y más cuando en tu país comienza a realizarse, y aún más cuando sectores específicos la satanizan, incitando incluso a la violencia, como en unos anuncios del CCE, donde preguntan al final “¿Hasta cuando se actuará?”, ese sctuar, todos los sabemos se refiere a usar la fuerza pública.

    Saludos!!

  6. torresvera dice:

    Estoy de acuerdo, no dices qué hacer, ni tampoco pretendo decir que lo dices… sólo que reflexiono y la resistencia siempre genera fricción y la fricción calor y el calor, en algunas ocasiones, fuego… el asunto es que siempre lastima este calor. Son muy atinadas tus referencias y está por demás decir que son muy inspiradoras.
    Hay mucho en qué pensar en estos días y mucho qué hacer. Ojalá y nos alcance el tiempo para todo.

    Un saludo y gracias por la visita.

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