La vida sigue

K’naan
  • Cantores de Somalia
  • Otras músicas prohibidas
El año y el mes pasados nos quedamos en el son jarocho, prohibido por la Inquisición porque le pareció vulgar y pecaminoso. Regreso, le dejo la rienda suelta a la computadora para que bogue hacia donde ella quiera y por alguna razón o sin ninguna ha decidido volver al camino en el mismo punto en el que lo dejó: El Chuchumbé acumuló 11 denuncias ante el Santo Oficio “pero igual llegó a la ciudad de México y luego a Acapulco, atravesando el país de costa a costa, de boca en boca. El ritmo era tan pegajoso que inclusive un organista de iglesia lo tocó en una misa de Navidad, lo que le acarreó severos regaños de sus superiores”. La intolerancia fanática no aprende lecciones. En 2006 los fundamentalistas islámicos que aún controlan buena parte del territorio de Somalia emitieron una fatwa que recomendaba apresar y condenar a muerte a todos los integrantes del Comité Nacional de Música de ese país despedazado. Ahora los asesinos que despachan en la Casa Blanca y el Pentágono han decidido rescatar a los somalíes del autoritarismo de los integristas y, de paso, salvarlos de todos los peligros que entraña la existencia: hace unos días, los aviadores estadunidenses lanzaron su artillería sobre unos pastores miserables y famélicos en la región de Afmadow, en el sur del territorio somalí y mataron a 70 de ellos cuando descansaban alrededor de sus hogueras o se agrupaban en torno a pozos de agua.

La incesante guerra ha llevado al destierro a los músicos de Somalia. Los cantos han dejado de escucharse en los pozos de Afmadow y se han trasladado a las calles y bares de Toronto, de Londres y de Miniápolis. Uno de los cantantes más conocidos es el rapero K’naan, nacido en Mogadiscio en 1978 e hijo de un emigrante que consiguió trabajo de taxista en Nueva York y desde allí enviaba a su casa discos de hip-hop. A los 13, K’naan, que significa viajero, logró salir, con su madre y sus hermanos, rumbo a la urbe de hierro. Vivieron en Harlem, se trasladaron luego a Ontario, y ya instalado en Canadá el muchacho dejó la escuela y se dedicó a rapear. Lo hizo tan bien que en 2001 fue invitado al concierto realizado en Ginebra con motivo del 50 aniversario del Alto Comisionado de la ONU para Refugiados. Allí lo escuchó el consagrado senegalés Youssou N’Dour, quien lo incorporó al proyecto Building Bridges, lo que le permitió a K’naan recorrer el mundo y ganar la fama.

Mariam

Pero antes de K’naan viene Maryam Mursal, única niña en una familia musulmana de cinco hijos y quien, de adolescente, mandó la tradición al carajo y se atrevió a volverse cantante profesional en la capital somalí. Tras criticar al tirano Mohamed Siad Barre, se le prohibió presentarse en público durante dos años, tiempo en el que se ganó la vida conduciendo un taxi por las calles de Mogadiscio. Cuando empezó la guerra civil, Maryam tomó a sus cinco hijos y emprendió una larga huída, a pie, al vecino Djibouti, en donde finalmente encontró asilo en la embajada danesa. La artista reside actualmente en Dinamarca y es considerada la figura central del llamado jazz somalí, en el que se integran el blues, el soul africano y los ritmos de origen árabe. Escuchen parte de la historia contada por los labios dulces de la propia Maryam.

Magool

Pero antes de Maryam viene la memorable Magool, ya fallecida, quien nació en Beledweyne el 2 de mayo de 1948 con el nombre Halima Khaliif Omar. A mediados de los años setenta, en tiempos de la guerra contra Etiopía, cantó himnos patrióticos; luego entonó cantos islámicos que no le gustaron al gobierno y partió al exilio. Volvió en 1987 para protagonizar, en Mogadiscio, el concierto más exitoso de la historia de Somalia: 15 mil personas se dieron cita para escucharla en el estadio de la ciudad. Fue partidaria de Mohamed Farra Aidid, el líder rebelde que derrocó a Barre y que fue objeto de una cacería humana por parte de la Fuerza Delta y los Rangers estadunidenses, quienes en la búsqueda de Aidid perpetraron una matazón en la capital somalí (entre 500 y mil muertos) y sufrieron 91 bajas en aquella “batalla de Mogadiscio” que fue posteriormente mal contada en la película La caída del Halcón Negro (Black Hawk Down). El 19 de marzo de 2004 Magool murió en un hospital de Ámsterdam.

Cuántas censuras diversas y contrastadas: son jarocho, cantantes somalíes, taquies andinos, Entartete musik (“música degenerada”, según los nazis), narcocorridos mexicanos, rock and roll, tango argentino, canciones que hablan de drogas, de sexo o de las islas Malvinas que no pasan al aire por la señal de la civilizada BBC… Pero la canción es como la vida: no importa cuán espeso sea el cemento, que a la larga una semilla germinada en las sombras acabará reventándolo.

Y la vida sigue. Por debajo de las ceremonias oficiales, de las buenas costumbres, de las malas noticias, de la mediocridad, la simple estupidez o la crueldad infinita de los poderosos, ha comenzado un año nuevo. Deseo tardíamente que sea bueno y cálido. Vuelvo aquí, vuelvo al blog y al correo. Qué cerca estamos ya de la primavera.

4 respuestas a La vida sigue

  1. Chabelo es Dios dice:

    Jeje, siempre mantuve la esperanza en las Navegaciones (hace unos minutos estuve a punto de borrar tu link, pero me di un brinquito y oh sorpresa).

    Recordé el famoso caso de Fela Kuti con su República de Kalakuta y de Miriam Makeba, a quien le negaron el pasaporte sudafricano después de autoexiliarse (Mandela se lo devolvió como 40 años después). Aquí, una de sus rolas más conocidas.

    Bienvenido de regreso pues.

  2. Anonymous dice:

    Me ha llamado mucho la atención el papel tan relevante que parece haber tenido la mujer en el desarrollo de la música de éste país musulmán. No cabe duda que es muy negativo aplicar el estereotipo de que esa religión implica por necesidad la limitación de la creatividad femenina.
    RRS

  3. Colibrí dice:

    y me llama la atención lo de las canciones prohibidas, y cómoa través de los tiempos van conteniendo la agresividad contextual exacta para ser censuradas o mal vistas a través de los tiempos…antes “El chuchumbé” luego el caso de los somalíes, que en todas se denuncia “algo” que “no debe saberse”…ahora el caso de nuestros narcocorridos en los que se establecen topadas casi huapangueras en donde se trata de demostrar el poderío de algún cártel, y que ahora también no se tardará en censurar porque el contenido, seguramente va a incitar a la juventud a agarrar nuevos iconos aspiracionales y todo eso…

    y yo no estoy segura (seguro porque soy un ente de nuestro tiempo, con los prejuicios de estos tiempos) qué es lo correcto, porque me cae que sí creo en el poder hipnótico de la industria mediática y a la vez no tengo idea de cual es la ética que corresponde para una buena convivencia humana

    qué bueno que ya estás de regreso pues!

    feliz año

    pd. por cierto…que ya mero viene Mr. Küng a dar una conferencia sobre el papel de la ética, interreligiones y esos ajos…

  4. Ijon Tichy dice:

    El humor y la música son las cosas que más asustan a un régimen autoritario. Me pregunto si en el futuro veremos más episodios de persecución en este dividido país.

    En España por ejemplo se están ahora viendo casos de demandas y censura contra loa blogs (véase el caso SGAE vs. Frikipedia) y hay mucho resquemor a la difusión de información en estos medios.

    Saludos Pedro y bienvenido al mundo no real.

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