Yvette vale un dólar

Yvette. Foto de Emily Wax
  • Violaciones a cargo de los cascos azules
  • ¿Para eso sirven nuestros impuestos?

Uno los evoca en automático, en cuanto una soldadesca cualquiera empieza a asesinar gente: albaneses en Kosovo, saharauis en su propia tierra, palestinos en Gaza y Cijsordania, cristianos en Darfur… “¡Que manden cascos azules!”, exclamamos, asumiendo que los muchachos bajo el mando de la ONU pondrán a los agresores en su lugar, protegerán a los desvalidos y evitarán nuevas masacres. En alguna ocasión habrá sucedido así, pero lo normal es que las tropas internacionales se sienten a ver la guerra a su alrededor como su fuera una película envolvente. En Bosnia los milicianos serbios perpetraron un par de carnicerías en las narices de los cascos azules y más recientemente, en Líbano, los muchachos de la ONU se sentaron a ver la entrada de las tropas israelíes que destruyeron por enésima vez el País de los Cedros.

Esa es la parte menos mala. Los conflictos bélicos son el espacio ideal para la impunidad porque en ellos rige de manera literal, en lo individual y en lo colectivo, la ley del más fuerte. Y los chicos de la ONU también están armados hasta los dientes, y sus gobiernos quedan allá lejos, y los civiles inermes están muy a la mano. Ahora sabemos que los cascos azules violan, asesinan, prostituyen y roban a las poblaciones que debieran proteger. Es el caso de Yvette, una niña congolesa de 14 años que hace dos deambulaba en las calles polvorientas de Bunia y que se resignaba a tener sexo con algunos de los efectivos de los cuerpos de paz (MONUC) destacados en ese pueblo. Le pagaban con una taza de leche, con una lata de coca cola o, en el mejor de los casos, con un dólar. En una situación semejante se encontraban sus amigas Chantal, de 17, y Francine, de 16, quienes fueron entrevistadas por Emily Wax para The Washington Post. Faela, una madre soltera de 13 años, habló para The Independent, medio que reportó una treintena de niñas en situación similar y que son llamadas kidogo usharatis, que en swahili quiere decir “pequeñas prostitutas”. “No es propiamente violación, pero sí explotación de menores”, dijo Antoine Tambwe, un pediatra local también entrevistado por Wax. Por su parte, la responsable de la misión de la ONU en Bunia, Dominique McAdams, una señora tan despistada que parece la mamá de Paris Hilton, decía a quien quisiera escucharla que si bien sospechaba de la comisión de abusos sexuales por parte de la tropa, ella no había visto ninguna evidencia.

La tal Dominique McAdams

En otras regiones las cosas han sido peores. A fines del año pasado las autoridades policiales haitianas investigaban una treintena de casos –la punta del iceberg– de violaciones y abuso de menores cometidos por algunos de los militares y policías que integran la Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH). Los episodios más conocidos fueron el de unos soldados de esa fuerza que, frente al Palacio Presidencial de Puerto Príncipe, persuadieron a dos niñas de 11 y 14 años para que tuvieran sexo con ellos a cambio de dulces, y el de un niño de menos de 14 que fue violado en una base naval de los cascos azules. Por añadidura, en noviembre tuvieron lugar en la capital haitiana violentas confrontaciones entre la población local y los efectivos extranjeros por la tendencia de éstos (brasileños, jordanos y filipinos, principalmente) de “abrir fuego en forma indiscriminada” contra los manifestantes. Tal práctica se acentuó luego de que dos uniformados jordanos fueron emboscados y asesinados en una emboscada que les tendieron individuos no identificados en Cité Soleil, uno de los barios más pobres de la paupérrima Puerto Príncipe.

Cascos azules y civiles haitianos. Foto: Daniel Morel

El pasado 15 de febrero Amnistía Internacional reportó las muertes de los albanokosovares Mon Balaj y Arbën Xheladini, ocurridas durante la represión de una marcha por efectivos de la Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo (UNMIK), los cuales dispararon granadas de gas lacrimógeno, balas de goma y proyectiles de acero recubiertos de plástico, contra unas tres mil personas que rechazaban, sentadas en la calle y en forma pacífica, el plan de la ONU para Kosovo. Algunos de los 80 heridos –varios de ellos se reportaban en condición grave– recibieron en la espalda el impacto de los proyectiles.

No terminaríamos nunca. Desde que la insustituible Graça Machel elaboró (1996) el informe que lleva su nombre, la ONU se vio obligada a reconocer algunas de las atrocidades cometidas por las tropas que actúan bajo su bandera. Hace unos años Kofi Annan propuso que se actuara con “cero tolerancia” ante los abusos de los cascos azules contra las poblaciones civiles, pero el llamado no ha tenido un impacto significativo. A principios de 2007, ya con Ban Ki-moon al frente de la organización, se divulgó que al menos una veintena de niñas de 12 años o menos habían sido violadas por efectivos multinacionales desplegados en Yuba, en el sur de Sudán. De enero de 2004 a noviembre de 2006, 319 cascos azules han sido sometidos a investigación se ha repatriado a 144 militares y 17 policías asignados a diferentes misiones y se ha despedido a 18 civiles. El organismo internacional adoptó medidas disciplinarias contra 179 agresores destacados en la República Democrática del Congo (RDC). Pero “los soldados de la ONU tienen inmunidad respecto a las leyes locales y depende de sus gobiernos el que sean castigados con sanciones; la mayoría de las veces simplemente son repatriados y la ONU tiene luego muy poca información de lo que sucede con ellos, en caso de que sus respectivos gobiernos hagan algo”, comentó la BBC. Las sexuales no son las únicas agresiones. En 1993 African Rights publicó un documento titulado Abuses by the United Nation Forces en el que da cuenta de asesinatos, torturas y robos en los que se vieron implicados soldados belgas, canadienses, noruegos e italianos.

Camboya, Angola, Mozambique, Somalia, Bosnia, Kosovo, Timor, Sierra Leona, Croacia, Ruanda, Liberia, Haití, RDC, Sudán: tal vez falten algunos escenarios de esta sobrebarbarie ejercida sobre las personas más desamparadas y agredidas del mundo. Hace unos días leí que Vicente Fox destinó durante su mandato unos 31 millones de dólares de fondos públicos para colaborar en el financiamiento de los cascos azules en otros países. Lo importante era quedar bien con Occidente y presentarse como el gobernante moderno, democrático y humanista que nunca fue. De esa cantidad, diez millones fueron a dar a la MONUC, y otros siete millones, a los destacamentos de la ONU en Sudán. Es posible que algunos de esos dólares salidos de nuestros impuestos hayan servido para pagar la explotación de las kidogo usharatis congolesas o peor aún, hayan hecho parte del salario de los violadores de niñas en Yuba. No hay manera de saberlo y supongo que el propio Fox jamás se lo ha preguntado.

Los chicos buenos llegan a Sudán

10 respuestas a Yvette vale un dólar

  1. Otra Chilanga dice:

    Bueno, ya había adelantado un comentario al respecto en la entrada anterior; hay aún muchas cosas que agregar, pero lo que pienso de todo esto es que viene a ser una prueba más de que la guerra es la más grande de las estupideces humanas y que un militar, póngase pasamontañas, se cale una boina, lo exonere un “ombuspan” gastroenterólogo (Ricardo Rocha, dixit) o se vista de azul, como la Mona, militar se queda.

  2. Olli Carreira dice:

    Ni mucho menos negar los abusos que hayan cometido algunos individuos bajo el mandato de la ONU. Sin embargo, creo que caeríamos en un error si generalizásemos este tipo de conductas para con el grueso de la tropa, que recordemos se juega el pellejo para intentar defender a la población civil. Si en muchas ocasiones las tropas de la ONU no pueden actuar, no se debe a pasividad, sino a que las reglas de enfrentamiento lo impiden. Te recomiendo “Hotel Rwanda”, película algo lacrimógena pero que sirve como botón de muestra sobre la actuación de los cascos azules, y las dificultades con las que se encuentran a la hora de ejercer su labor.

  3. Virginia dice:

    Estoy de acuerdo con el comentario de Olli. Es muy doloroso tener conciencia de los horrores de la humanidad, pero tampoco podemos quedarnos sólo con eso, si no, la única solución que yo encontraría sería el arrasar con el ser humano y volver a empezar.
    Creo que traemos un chip de origen que permite estas barbaridades, pero tenemos otros con los que las tenemos que combatir, sobre todo ahora que de alguna manera tenemos más conocimiento de que suceden que antes.

  4. Roque Nuevo dice:

    Nuna pensé que Pedro Miguel iba a criticar a la ONU. ¿Qué sigue, Pedro? ¿La corrupción endémica? ¿La falta de representatividad de la vasta mayoría de los embajadores, quienes representan no más al monarca o al dictador en torno? ¿La hipocrecía de la Comisión de Derechos Humanos?

    Estoy también de acuerdo con Olli: no debamos generalizar. Por ejemplo, en cuanto a los sacerdotes pedófilos. Este tipo de conductas. Recordemos que se juega el pellejo. Yo sé que es cierto, porque lo vi en muchas películas. Te recomiento “Nido de Ratas”. Es algo lacrimógena, pero sirve de botón de muestra sobre la actuación de los sacerdotes, y las dificultades con las que se encuentran a la hora de ejecer su labor.

  5. Colibrí dice:

    yo no leo en ningún momento que esté generalizando

    solo está reportando hechos…y esos son innegables de crueldad y abuso.

    se reportan hechos y eso no necesariamente deviene en generalizaciones…esas las hacemos en nuestras interpretaciones…creo

  6. Virginia dice:

    No, yo tampoco digo que Pedro esté generalizando, mi comentario va más bien encaminado a tratarme de sobreponer ante la brutalidad de esos hechos, y encontrar esperanza.

  7. Pedro Miguel dice:

    Órale, la que se armó.

    Básicamente concuerdo con Chilanga en la apreciación de los militares: por nobles que sean los propósitos esgrimidos para la opción vocacional, el oficio de matar es intrínsecamente deplorable (por eso me cagan el Che Guevara y sus glorificaciones de la metralleta).

    Encuentro muy atinado el comentario de Olli en el sentido de que la horrorosa inacción de los cascos azules en diversas circunstancias (como la que se retrata en Hotel Rwanda)casi nunca es culpa de ellos, sino de sus jefes políticos, y concedo que al principio del texto da la impresión de que acuso a los efectivos y no a sus mandos por quedarse como espectadores de acciones bárbaras.

    Virginia tiene razón: la humanidad es buenimala, pero en el texto de marras no venía al caso deleitarse con la hermosura de un violín gitano ni con la genialidad humana de Nelson Mandela; se trataba de ponerse cara a cara con una circunstancia dolorosa y hedionda. Pero tomo nota de que tal vez sea pertinente rematar esta clase de entregas amargas con algún dato reconfortante.

    Roque nuevo: no es la primera vez que critico a la ONU porque por muchas razones resulta criticable: es antidemocrática, es opaca, es corrupta, es burocrática, es insensible y es poco representativa. Lo que nunca se me pasaría por la cabeza sería proponer su abolición, y tampoco, desde luego, respaldar la propuesta del pintoresco Bolton quien, con una insufrible insolencia imperial, pedía que le recortaran diez pisos a su sede de Nueva York.

    (Entre paréntesis, y sin ningún ánimo de ofender, te aventaste un 10 con esta frase: “Yo sé que es cierto, porque lo vi en muchas películas”. Me recuerda a esta otra, que suscribo, de un diálogo en El salario del miedo: “Guatemala no existe; lo sé porque viví allí”.)

    Colibrí: no cometí una generalización literal, pero sí encuentro que el subtexto de la columna sugería que todos los cascos azules son inútiles, en el mejor de los casos, y violadores, en el peor. Qué pinche difícil es este oficio (no me quejo: al contrario, me congratulo), porque a veces, cuando uno opta por contar las cosas tal y como son, sin concesiones, produce visiones un tanto desequilibradas, y creo que es el caso del texto de marras. Ninguno de los datos que se consignan allí es falso, pero el conjunto puede dejar en quien lo lee la impresión de que los cascos azules son una versión moderna de las hordas de Atila, y no quise implicar eso.

    Me temo que tendré que formular algunas aclaraciones públicas y les agradezco mucho por ponerme en la pista de ellas. No olvidemos, en todo caso, un hecho indignante e inaceptable: Yvette vale un dólar.

  8. Roque Nuevo dice:

    Pedro Miguel: Buenos puntos, todos. No que esté de acuerdo con todos, sin embargo. Pero quisiera saber si estás de acuerdo con lo siguiente–y podría ser una temida generalización: que, por las razones que sean (ética personal u órdenes, etc.), la ONU es culpable por solapar y de esa manera perpetuar daños. No quiero (en serio) alargar esto más que lo debido, pero no resultó demás la analogía con los sacerdotes pedófilos. El daño mayor es solapar y proteger. Durante siglos.

    Por esto, una pregunta: Estoy de acuerdo que la ONU sigue siendo de mucha importancia. Nos enteramos muy bien de sus fracasos, pero muy poco de sus logros. Pero no estoy de acuerdo que la Iglesia deba seguir existiendo. Y los crímenes son análogos. Para matizar, la Iglesia tendría que cambiar tantas cosas que dejaría de ser la Iglesia, si quisiera justificar su existencia. ¿Estoy mal? ¿Esto es hipocresía? ¿Por qué el uno sí y el otro no?

  9. Pedro Miguel dice:

    Mira, viejo, es razonable suponer que ni la ONU ni la Iglesia (católica, supongo que a esa te refieres) existirán dentro de, digamos, mil o dos mil, o a lo sumo cuatro mil años, que en términos de historia de la especie pasan más rápido que un pedo de mosca. Pero yo no estoy de acuerdo con eso de que una de las dos, o ambas, deban desaparecer. La construcción de instituciones es un trabajo muy arduo como para echarlo así porque sí a la basura. La Iglesia Católica habrá sido una promotora de barbarie en muchos casos, pero también ha sido –ni modo– un factor de civilización, y mucha gente necesita de ella. Eso sí, debe reformarse: democratizarse, abrirse a las mujeres, dejar de estar anclada en no sé qué siglo del medioevo, renunciar de veras al poder terrenal, prescindir de la soberbia y del chovinismo… Me parece que eso toma tiempo, pero más temprano que tarde una nueva generación de eclesiásticos se verá obligada a modernizar a la Iglesia. En una de esas, y con un poco de suerte, las reformas comienzan en cuanto Ratzinger estire la pata.

  10. Roque Nuevo dice:

    Pedro Miguel: Perdón. Dije que no quería alagrar esto más que lo debido. Pero no me hayas entendido. Dije, “la Iglesia tendría que cambiar tantas cosas que dejaría de ser la Iglesia”. No dije que había que exterminarla. Ahora tú me das una lista–parcial, por cierto–de los cambios. Convertir la Iglesia en un asunto privado y dizque espiritual (como dices) significa que ya no sería la Iglesia. La lista de cambios que propones van al núcleo. No se trata de afinar el motor, sino de instalar otro y además nueva transmisión, suspensión y ruedas. ¿Seguiría siendo la Iglesia? Cuestión de criterio. ¿Los carros del NASCAR son Dodge, Crysler, Ford, Chevrolet? Llámese “la Iglesia” si quieres, pero el resultado no sería reconocido como tal por la Iglesia de hoy.

    Con esto que dices, pareces que sí estás de acuerdo que la Iglesia tiene que desaparecer (mas no exterminado. No propongo el programa de Lenin en contra de la religión [aunque es la única cosa porque le admiro]). Entonces, me permito repetir la pregunta: ¿Por qué el uno sí y el otro no? ¿Esto es hipocresía?

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