El viejo poema obsesivo

No sé ni en dónde estás,
si estás,
ni sé qué estás pensando.
A lo mejor estás aquí a la vuelta.
Pero no, aquí no hay vuelta:
esto es el bosque. Bosque es el entorno
de esto en que estoy, donde no estás estando,
donde no eres
sino en cosas que dejas, en el signo
de ideas que te pienso y que no escribo
casi nunca, casi de vez en cuando, cuando pienso
todo lo que has perdido de presencia.

No estás, y lo que soy levanta el acta
de tu no ser ni estar, tu ser con nadie
al tiempo que un epíteto lanzado
contra el negro no ser de la distancia.
Estatua lagrimal de la no estancia,
convento general de los no seres,
el amor sólo existe y me persiste
como esa enfermedad que tú no quieres
ni siquiera saber. Y estoy muy triste.

6 respuestas a El viejo poema obsesivo

  1. El Blues de la Estufa Divina dice:

    No quiero, Pedro, alabar el poema ni hablar de él. Sólo digo que me quema la vista. Es demasiado espejo.

    Entré para comentarte que me he tomado la libertad de poner en mi bitácora enlace a tu blog, porque hay muchos que no leen La Jornada por atea, comunista, etarra, lopezobradorista, ezetaelenita poniatowska, naca… y manchadedos.

    Un saludo.

  2. pk dice:

    la segunda estrofa es una chingonería, pedro.

    salud

    (y ya’sta mi estadístico asunto allá -que pa’ saber de qué me sirve-, gracias)

  3. Pedro Miguel dice:

    Pues si tus tripas están en él, Agustín, el poema es tuyo: transcríbelo, fírmalo, entrégalo o rómpelo. Te agradezco mucho el enlace, pero me temo que este bló no es necesariamente menos ateo ni naco que La Jornada. Lo único es que no mancha los dedos (dependiendo, claro, del mantenimiento que le des a tu teclado). Va un abrazo.

    Gracias, Pk;siento que el final, descoyuntado y encabalgado, tiene –mira tú qué cosas– una clara influencia vallejiana.

  4. Colibrí dice:

    llega un momento en la vida en que un poema como estos se vuelve autobiográfico…y la retrata a una y me saca del clóset del aquí-no-pasa-nada-cuando-pasa.

    me gustó…aunque me lea masocas

  5. Victor Castillo dice:

    Pedro Miguel:

    Una vez, hace años, mi Profesor David Márquez, me dijo: -A ti que te gusta leer, échale un ojo a Pedro Miguel. Bueno, que ahora soy lector recurrente de su columna en La Jornada; pero hasta ahora no había leído un poema suyo.

    No soy experto en el género de la poesía, pero me gustó mucho éste.

    Le comentaba a Tlacuiloco, que no se me da el arte pictórico y, tampoco, el poético; ahora pienso que son géneros abstractos que le permiten al lector u observador, una vasta libertad para interpretar, quizás ahí radique su complejidad: estamos, en general, tan ajenos a la costumbre de la libertad.

    Un abrazo.

  6. Pedro Miguel dice:

    Cuando pasa, pasa, querida Colibrí, y ni pa’qué mentirse. Vivir esos momentos es parte del vivir. Vivir nada más en esos momentos, eso sí que es masoquismo.

    Uy, Víctor, qué orgullo el haber sido recomendado por ese lujo de profesor.

    Se me ocurre: la poesía está en todas partes o no está en ninguna, y la libertad, también.

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