Gays a la horca


El fiscal general de Irán, Said Mortazavi, confirmó que en días recientes la República Islámica ha ahorcado a 16 personas condenadas por “adulterio, secuestro y homosexualidad” que habían incurrido, además, en “violación, chantaje y luchas callejeras”. El funcionario no especificó las proporciones de secuestradores, homosexuales, extorsionadores, violadores y adúlteros en el grupo de ajusticiados, ni aclaró si uno o varios de ellos habían sido convictos por más de uno de esos cargos, o por los tres.

No importa. Ya suficiente escándalo es que cuelguen a los secuestradores, porque no hay delito en este mundo que justifique un comportamiento del Estado igual o peor que el del infractor. Es motivo bastante de asco el que un vocero gubernamental de cualquier país mezcle en una enumeración delitos graves, como el secuestro y la violación, con faltas administrativas menores, como las riñas callejeras, con asuntos de la vida privada que sólo afectan a los involucrados, como el adulterio, y con orientaciones e identidades que, sean cuales sean, no son delito. Por añadidura, cuando el Estado establece que hay comportamientos sexuales o afectivos punibles –con multas, con azotes públicos, con la soga en el pescuezo— impone a los gobernados, mediante la coerción, prácticas genitales forzadas; es decir, viola e institucionaliza la violación. Por lo demás, el matar a una persona porque le gustan los hombres, o las mujeres, o ambos, o ninguno, es un castigo a dos de las pocas cosas que hay, aparte de la religión, para enfrentar la muerte y el sinsentido en este mundo: el placer y el amor. Más aun: la condición de buga, de gay, de lesbiana, de bi, de tri o de trans lo que sea, es una consecuencia directa de estar vivo y la penalización de cualquiera de esas opciones equivale a asentar que la vida es delito.

Esto no tiene nada que ver con la justicia ni con planes oficiales de seguridad ni con el Islam ni con el derecho de los Estados a abandonar el modelo único que se pretende imponer, desde Occidente, al resto del planeta. Tampoco viene a cuento el pretendido conflicto de civilizaciones. Los líderes del catolicismo europeo hicieron exactamente lo mismo que los ayatolas actuales mientras tuvieron el poder terrenal amplio y bastante para echar leña a las hogueras y, a juzgar por esos antecedentes, si hoy Ratzinger es un homófobo pasivo, no es por su amplitud de criterio, sino por la falta de atribuciones legales para pasar a la acción. El cristiano fundamentalista Bush y el musulmán fundamentalista Ahmadinejad tienen más puntos en común de lo que ambos se atreven a admitir, y uno de los más notorios es la intolerancia asesina. Es cierto: la cultura occidental dio un paso enorme cuando les quitó a los inquisidores los fierros para torturar, pero perdió gran parte de lo avanzado porque los dejó en manos de los dirigentes seculares. Como consecuencia, la Casa Blanca sostiene, en pleno 2007, que hay que emplear la tortura pero llamándola de otra manera.

Para volver a la noticia, la persecución en curso contra los gays, contra los adúlteros y contra aquellos que no se visten ni se arreglan el pelo de acuerdo con el código de apariencia impuesto por los ayatolas, revela la extremada precariedad sicológica de los gobernantes de Teherán, su miedo cerval a lo diferente y su infinita debilidad identitaria o de convicciones. En eso se parecen a todos los que, para reafirmar su cristianismo, su ortodoxia islámica o su heterosexualidad, asesinan, encarcelan o marginan, desde el poder público o desde los convencionalismos cómplices de la sociedad, a quienes se comportan distinto en el templo o en la cama.

Por último: el salvajismo iraní no nos da margen para baños de pureza. Hasta hace unas décadas el gobierno mexicano se reservaba la potestad de perseguir personas por su orientación sexual. De un tiempo a la fecha, tal vez en armonía con la privatización masiva de atribuciones y propiedades estatales, el combate a la homosexualidad ha pasado a manos privadas, las cuales, como se sabe, son más productivas y eficientes; así lo confirma el promedio mensual nacional de tres asesinatos inspirados por la homofobia que se cometen en el país (400 en la última década), 98 por ciento de los cuales permanecen impunes. Qué atrasados estamos en la lucha contra el pequeño nazi que llevamos dentro.

6 respuestas a Gays a la horca

  1. marichuy dice:

    Pedro
    Espléndido, como siempre; aterrador el tema. En todo coincido, en especial en eso de que los mexicanos y los “occidentales” (a Bush mejor no lo menciono, no sea que me vaya a salir la pequeña nazi que llevo dentro) en general, no estamos como para darnos baños de pureza; si la memoria no me falla, no hace mucho en El Salvador (creo) fue asesinado un diplomático israelí, a todas luces victima de un crimen de connotaciones homofobas. Y tiempo más atrás, en la blanca Mérida gobernada por el impoluto panismo, los homosexuales eran víctimas de persecución y hasta cancelación de muestras artísticas elaboradas por artistas gays.

    Un abrazo

  2. Pedro Miguel dice:

    Deja tú, Marichuy. En Chiapas, en la década pasada, hubo algo así como 27 homicidios de gays, se presentaron denuncias que involucraban al ex gobernador Patrocinio González Garrido (luego srio. de Gobernación, recordarás) y nunca fueron investigadas.

    Abrazo.

  3. Colibrí dice:

    y yo celebro tu frase:
    “…la condición de buga, de gay, de lesbiana, de bi, de tri o de trans lo que sea, es una consecuencia directa de estar vivo y la penalización de cualquiera de esas opciones equivale a asentar que la vida es delito…”

    pueden ponerle muchos “asegunes” pero yo la leo perfecta

  4. Pedro Miguel dice:

    No veo qué asegunes puedan ponerle, Colibrí: castigar la homo, la bi, la hetero, la trans o la asexualidad es, en todos los casos, castigar la sexualidad.

  5. Eva Villaseñor dice:

    Que fuerte esta la segunda imagen, me da pánico imaginar que es lo que se piensa en ese momento.
    Ni para donde correr.

  6. Pedro Miguel dice:

    La foto, Eva, es de Mojtar A. (24 años) y Ali A. (25), ahorcados el 19 de julio de 2005 en la plaza Edalat, en Mashad, norte de Irán. No estaban acusados únicamente de ser homosexuales, sino también de haber violado a un menor de edad. Las organizaciones LGBT occidentales hicieron un pésimo manejo del caso, omitiendo los delitos de los ajusticiados y presentándolos simplemente como una pareja de enamorados.

    Aprovecho, de paso, para anotar una precisión importante al post: en Irán la orientación homosexual o lésbica no se castiga, por sí misma, con pena de muerte, como lo han sugerido los activistas LGBT en Europa (hablan, por ejemplo, de “4 mil gays y lesbianas ejecutados por la Revolución Islámica), pero sí se considera agravante de otros delitos. Creo que es una puntualización importante pero que no invalida, desde luego, ni una palabra de lo que escribí.

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