Memorias de un voyeur


Hace años, en un mes de septiembre, invertí mis menguados ahorros en la adquisición de un telescopio. Instalé el aparato sobre mi escritorio, de cara a la ventana de mi estudio (que tenía una esplendida vista sobre dos edificios vecinos y su coleccion de ventanas) y me dispuse a asumir, en forma rigurosa y sin complejos, el oficio de voyeur.

Antes de dirigir el artefacto óptico hacia la intimidad del vecindario, realicé un cuidadoso levantamiento catalográfico de las ventanas a mi alcance (serie A-1 a A-11 para el edificio de la izquierda, B-1 a B-8 para el del centro, C-1 a C-24 para el de la derecha, y de la D a la M para casas solas), escribí el registro en un grueso cuaderno de contabilidad y me dispuse a consignar, con entradas de fecha y hora, las observaciones respectivas.

Para ser sincero, al principio de mi aventura tenía la certeza de que accedería a los aspectos más fuertes de la vida de mis víctimas y soñaba con presenciar en secreto dramas familiares, actos sexuales, operaciones de consumo y empacado de drogas, desnudos abundantes y, quien sabe, tal vez un asesinato.

Durante 14 semanas me apliqué metódicamente de 8 a 11 pm a la observación furtiva de las ventanas vecinas, pero en todo ese lapso no pude contemplar ninguna de las escenas señaladas. Los dramas familiares se reducían a una sucesion de jetas en torno a la mesa del comedor; los actos eróticos más desenfrenados que llegué a registrar fueron unos besos rápidos y rutinarios del marido a la esposa cuando el primero llegaba de trabajar; en vez de personajes siniestros procesando cocaína vi a muchas señoras planchando camisas; el desnudo mas audaz fue el de un abuelito que, frente a la ventana de su cuarto, se quito la camisa del pijama y se quedo en camiseta; en fin, lo mas cercano a un homicidio fue un coscorrón de una madre a un hijo díscolo que, supongo, se negaba a hacer la tarea.


Desistí de mi empeño cuando los primeros foquitos de arbol de navidad empezaron a dificultarme las observaciones. Respiré hondo, me armé de una resignacion heroica, tiré a la papelera mi bitácora de voyeur, levanté el telescopio de mi escritorio, lo doblé con todo y tripié, me lo puse bajo el brazo y salí con paso cansino hacia la azotea del edificio. Allí, sintiéndome perfectamente ridículo, enfoqué el aparato hacia la Luna y luego hacia los anillos de Saturno. Esa noche me aburrí casi tanto como todas las que pasé tratando de capturar la intimidad secreta de mis vecinos. Desde entonces el jodido invento de Galileo durmió el sueño de los justos en la parte superior de algun clóset y se perdió para siempre en el curso de alguna mudanza.

Tal vez equivoqué el momento. Corrían los tiempos más oscuros del DF pre Tunick y creo que la figura más sexy de la escena pública de ese entonces era Paloma Cordero, esposa de un señor que no tiene más relieve en la historia que el haber impuesto a Carlos Salinas como su sucesor en la Presidencia.

Afuera de mi casa actual no hay nada interesante que ver, y ya no sé. Pero en aquellos tiempos y lugares, la gente sólo se acercaba a las ventanas en caso de incendio o cuando un accidente espectacular dirigía su curiosidad hacia el exterior. Pero los moradores de aquel barrio apagaban la luz y cerraban las cortinas cuando era hora de Eros o de Marte, de desnudarse, de hacer cosas ilícitas, de fallecer, en fin, de cualquier cosa que alimentara el morbo ajeno. Y, en consecuencia, condenaban a los mirones a sobrellevar una vida muy dura.

4 respuestas a Memorias de un voyeur

  1. Anonymous dice:

    Gracioso texto.

    Un saludo desde la comarca norte, que parece un telescopio de inframundo.

    Beguina.

  2. Pedro Miguel dice:

    Gracias, astrónoma Beguina.

    Un abrazo.

  3. gabriel l.v. dice:

    1. qué suerte no tenerte de vecino (hay dramas familiares, actos sexuales, operaciones de consumo de drogas [no dempacado, lo siento], desnudos ¿abundantes? (lástima, tampoco) y escasos asesinatos (de cucarachas).

    2. estamos armando una colección de insultos de vieja escuela: díscolo es uno de ellos. cuántos puedes recordar? (patarato, chambón, guajolote, etc.)

    3. recién antier vi body double del gran brian de palma: una especie de homenaje a la otra película de mirones, the rear window de hitchcock. es bien bonito ver cómo el personaje libera su nerdez en el voyeurismo. y es que sí: yo, antes que denunciar, miro asombrado los intercambios sexuales/farmacéuticos/dramáticos. antes que interrumpir berrinchudamente, prefiero quedarme viendo cuando cacho a mi novia con otra persona. hacer lo contrario, sería tirar una anécdota a la basura, que no?

    4. y nos quejábamos del error de diciembre? cuando la figura más notoria de la sexualidad mexicana es paloma cordero, algo anda muy mal.

    abrazo.

  4. Pedro Miguel dice:

    Gabriel:

    1. Hace mucho que colgué el telescopio.

    2. badulaque, ganapán, mamarracho.

    3. Preocúpate cuando descubras a tu amante en brazos de su marido: esa cornadura sí que duele.

    4. Hay errores de diciembre y errores de toda la vida. MMH cometió el segundo y, sí, creo que en los primeros años 80 la sexualidad nacional pasaba por una crisis casi tan grave como la de la economía.

    Abrazo.

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