La fe del adversario (I)

Como reptil silente,
suspendido en un caos sigiloso
que sueña sin gemidos,
te invoco, mármol; deposito
una palabra escrita en tu paladar,
consigo pinzas y una piedra florecida,
batallo a tus espaldas,
trasiego fórmulas y cánticos.

Desde una soledad sin ojos,
en un aislamiento insobornable,
lentamente doy vueltas
alrededor de ti
sin palabras ni gestos,
sin cópulas, sin polen, sin contagios:
un caldo estéril,
un hervor atrapado en una piedra.

Con dignidad, espero
a que interrumpas tu mutismo
y que pongas tu muerte entre paréntesis.

Como un dolor
preciso y necesario,
me apego a ti, sin concesiones.

Este pulmón que se fatiga en letras,
que se desgasta en sílabas no dichas,
debiera estar en mi sitial
de deidad impotente,
de nahual disecado.
Pero en tanto
(tanto tiempo, fatiga inconsolable)
escenifico tu ritual,
sirvo la mesa de la piedra,
instituyo el altar de los hervores.

* * *

2 respuestas a La fe del adversario (I)

  1. Eva Villaseñor dice:

    me gusto todo, pero el tercer parrafo es buenisimo.

    ya me dieron ganas de ir a tomar fotos.

  2. Pedro Miguel dice:

    Qué bueno que te inspire, Eva. Que tomes muchas fotos chingonas.

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