La fe del adversario (V)

Vaho de tierra en movimiento.
Fundación en el limo.
El reloj de mi abuelo.

Locomotora en el manglar.
Estirpe que abandona su rama,
se desenrosca,
baja a la hierba.
Hoy, Dios de los Ejércitos,
empleado miserable,
ciudadano, mendigo, sacerdote,
enjabonadamente asumo
mi vida fugitiva;
el efecto coriolis me mantiene
en una rotación perpetua;
traigo hielos eternos conmigo.
Soy la aguja que borda trayectorias,
soy el punto de equilibrio entre Tritón y Nereida.

Ella está en mis cuadernos; es la venganza.
En el seco papel se perpetua,
se yace, se abandona para siempre
con saliva de yeso,
genitales de cuero.

Todo recuerdo humecta.
Voy a decir mañana: eras un río
pero en este presente
su exhalación de piedra pómez
evapora las lágrimas.
Pero en este presente
su aspereza me curte y me embalsama.

* * *

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