Curas para “bugas de clóset”

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  • Cristianos al rescate
  • Implicaciones teológicas extrañas

Hace unos meses topé con el extraño caso del pastor protestante Ted Haggard, quien hasta noviembre del año pasado era dirigente máximo de la Iglesia de la Nueva Vida, presidente de la Asociación Nacional de Evangélicos de Estados Unidos, reaccionario furibundo, casado y con más hijos que un conejo, asesor de la Casa Blanca, homófobo público y detractor de las uniones homosexuales. La vida le cambió de golpe cuando el sexoservidor Mike Jones dio a conocer que durante tres años Haggard le había pagado un dinerito mensual para practicar sexo oral y anal y que con cierta frecuencia lo proveía de metanfetaminas. Haggard aceptó los hechos con los dientes apretados (en ese momento no estaba teniendo, por suerte, sexo oral con Jones) y se declaró víctima de “fuerzas oscuras” que lo habían empujado a la “inmoralidad sexual”. El ministro fue depuesto de sus cargos, se retiró a Colorado Springs, pasó durante unos meses por un “programa de restauración” y reapareció, en febrero, proclamando que se sentía “completamente heterosexual”, y Aleluya. Se me parte el corazón cuando pienso en el infierno que ha de vivir este hombre.

Después de siglos de violentar a quienes no ostentan preferencias heterosexuales, de echarlos a patadas de los templos, de escarnecerlos, de expulsarlos de la sociedad y de matarlos, el pensamiento único halló una manera peculiar para no ser llamado intolerante: la “restauración sexual”, término que no hace referencia al restablecimiento de la libido o de las funciones genitales sino a la conversión de gays en heterosexuales (al revés no aplica, y es una pena, porque hay en este mundo tantos homosexuales que no saben que lo son, o que no pueden o no quieren admitirlo ante el espejo y ante el planeta). La premisa de los restauradores es simple: la persona que se siente atraída por individuos de su mismo sexo simplemente está confundida, equivocada o enferma, y es posible y hasta deseable sacarla de la confusión, despejar el equívoco o curarla. Una fuente oficiosa católica afirma:

La homosexualidad es en realidad una enfermedad (grave desorden) que puede afectar al hombre o a la mujer inclinándolos a buscar la complementariedad sexual (en todos los sentidos) con una persona del mismo sexo. Desde el punto de vista antropológico se considera una persona sana, a aquella que siente una atracción sexual hacia personas del sexo opuesto. Esto está de acuerdo con la historia de toda la humanidad, de la cual es testigo la misma Sagrada Escritura […] La conducta opuesta, ha sido considerada siempre, a lo largo de los siglos como una deformación contraria a la misma naturaleza que no entiende de un tercer sexo: o se es hombre o se es mujer. […] Es […] una obligación de nosotros como sociedad, y más aún para quienes tienen amigos que padecen esta enfermedad, el ayudarlos a sanar; aceptar sin más su estado, como algo normal y natural, es promover en ellos su problema y apartarlos de una posible solución. Más aún, expone al resto de la sociedad al contagio, pues está comprobado que las personas que conviven con aquellas que padecen de trastornos psíquicos como son la esquizofrenia, la paranoia, la psicosis, incluso los depresivos, terminan también enfermas, y a veces de forma más aguda que las primeras. La aceptación abierta de esta enfermedad, hace que la convivencia cotidiana con personas homosexuales vaya predisponiendo, a quienes consideran esto como una preferencia, a mal encaminar su afectividad y en una situación de quiebre emocional […] acepten participar de la experiencia sexual.” O sea que la homosexualidad se transmite en forma similar al vampirismo. Oiga, padre, ¿y no será mejor de plano clavarles estacas en el corazón a los gays y a las lesbianas?

Amparadas por semejantes patrañas proliferan docenas de organizaciones, casi todas ellas traducidas del inglés al español, que proponen la deseable sanación, el exorcismo para “afeminados” y “machorras”. Una, Free to be me (“Libre para ser yo”) ofrece asistencia para “salir de la homosexualidad, empezar la jornada del cambio” y “volverse normales en lugar de ser gays”. Un corolario de lo anterior sería que un homosexual es, por definición, un heterosexual de clóset, y que hay que sacarlo de allí a como dé lugar. Otra, Courage, asegura que “uno puede avanzar más allá de los límites de la identidad homosexual hacia una más completa en Cristo”. (Miren nomás la de implicaciones teológicas desagradables que tiene la frase.) Vida humana de plano se coloca en el terreno de la seguridad nacional: “Una de las mayores amenazas que se ciernen sobre los EU (e inclusive sobre los países hispanos por su cercanía con esta nación), es el avance del homosexualismo, es decir, de la promoción de las prácticas homosexuales y de su aceptación pública.” El grupo se propone “alertar al público sobre la campaña en pro del homosexualismo que agresivos grupos de homosexuales y lesbianas están llevando a cabo en nuestra sociedad hoy en día. Nuestras familias y nuestros hijos se encuentran en peligro ante este ataque”. (Sopas: de seguro Bin Laden desfiló, con tacones de aguja y tetas implantadas, en la última Marcha del Orgullo LGBT.) En el Programa de los 14 pasos se incluyen éstos: “Creemos que Dios ya había roto el poder de la homosexualidad y que por lo tanto El podría restaurar nuestra verdadera personalidad (4); percibimos que habíamos aceptado una mentira tocante a nosotros mismos, una ilusión que nos había atrapado en una falsa identidad (5); aprendimos a reclamar nuestra verdadera realidad que como humanidad, somos parte de la creación heterosexual de Dios y que Dios nos llama a redescubrir esa identidad en Él a través de Jesucristo, como nuestra Fe le percibe (6); resolvimos confiar nuestras vidas a nuestro amante Dios”. (Literal, y pregúntense –porque el texto lo requiere– cuál será la preferencia sexual del Altísimo.)

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Aliviados estamos. Con esta misma lógica no faltará quien ofrezca curas para el padecimiento del catolicismo, sanaciones para el síndrome de la raza negra, remedios para dejar de ser gitano, recetas infalibles para aliviar la condición indígena o purgas que combatan la enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, como esas que le encantaban a Vladimir Ilich.

Lo siento. Pensé que esta reseña iba a ser más divertida, pero ya me aburrí (la idiotez es con frecuencia monótona) y supongo que ustedes, también. Es evidente que necesito unos días de descanso, aunque sean poquitos. Para colmo, un automatismo de Blogger bloqueó de manera accidental (espero) el sitio de esta columna. Por lo pronto, aquí está esta entrega. Y antes de terminar, refresquémonos con la definición de Probisida, una ong panameña: “La orientación sexual es la atracción emocional permanente, amorosa, sexual o afectiva a otra persona. La orientación sexual es diferente de la conducta sexual, pues está referida a emociones y la conciencia de sí mismo. Preferencia sexual es la forma responsable y autónoma de cada individuo de decidir su preferencia de acuerdo con sus valores, creencias y necesidades. Aquí cada persona tiene la opción de elegir o practicar la preferencia sexual en la cual se sienta mejor.”

 

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posmonauta me puso sobre la pista de esta imagen, que fue subida a flickr por tony.capricorny

P.D.:Ah, en razón de la situación de emergencia en Navegaciones, les debo los links.

2 respuestas a Curas para “bugas de clóset”

  1. Roberto dice:

    Hola Pedro,

    Pensé que te interesaría, más o menos en la misma línea de las travesuras del buen Haggard, las peripecias del programa de “Sólo abstenencia” (Abstinence only) que promociona también Bush (desde sus tiempos de gobernador de Texas). Te pongo una liga, por sí acaso, para no hacer esto tan largo: http://www.nytimes.com/2007/07/18/education/18abstain.html?ei=5070&en=3ae7375b1bc0b4bd&ex=1186200000&adxnnl=1&adxnnlx=1186085610-nL9IZs98+QUyPOhet23G4A

    En el mismo tenor, busca en los archivos de Dan Savage (Savage Love): http://www.thestranger.com/seattle/SavageLove. Ha escrito mucho de Haggard y demás. Además es muy divertido leerlo.

    Saludos

  2. Pedro Miguel dice:

    Gracias por los links, Roberto. Ya habrá que hablar en extenso de los “abstinencistas”, por llamarlos de algún modo. Por lo pronto, y a juzgar por la cara de melancolía de Laura Bush, supongo que su marido es congruente, en la vida privada, con sus actitudes públicas.

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