Las 9 sílabas

El eneasílabo es el metro más sombrío del español, y uno de los más endiablados. Lo cultivó Neruda en Estravagario y recopilaciones posteriores, con una naturalidad y una soltura que dan miedo y, por supuesto, envidia. En algún recodo de la vida yo tenía 19 años, o así, me empeñaba en aprender de memoria las Obras Completas de ese gran tapir (claro que no lo logré, pero todavía me salen de corrido algunos de sus poemas) y un buen día a una amiga muy querida –y contemporánea mía, para más chinga– le diagnosticaron leucemia. Cuánto quería ella a los gatos, a cuántos recogió de la calle. Pero esos animales no le sirvieron para anclarse en la vida: se quedó sin ellos y ellos, sin ella, o sea que rapidito se murió. Antes de eso alcancé a vomitar mi consternación en unos eneasílabos muy mal hechos que me encontré la semana pasada cuando hurgaba entre papeles. Por supuesto, en su momento no tuve corazón para hacérselos llegar. Ella se habrá aclimatado desde hace mucho a uno de los nueve cielos y no tiene la menor necesidad de nueve sílabas, ni seis, ni una. Yo, por mi parte, no he vuelto a intentarlo.

Recuerdo la noche absoluta
en que salimos de la tierra:
lloró tu cuerpo su amenaza,
su desquiciada sangre enferma.

Oscuro habrá de ser el día
en que entreguemos el espejo.
mientras tanto, sigue la lluvia
de amistades y de silencio.

Un gato encerrado en la noche
vimos llorando desde lejos
y se nos puso el alma verde
y se estremeció nuestro cuerpo.

La culpa completa del mundo
—ayer sólo temblor macabro—
asomaba por nuestros ojos
que miraban a un pobre gato.

Mientras tu sangre se aniquila
compongo esta canción de cuna
para tus células mortales,
tu corazón, tu sepultura.

2 respuestas a Las 9 sílabas

  1. enpenumbra dice:

    A esa misma edad yo componía algo para mi abuelo, pero ya era tarde para dárselo.
    Besos de libélula.
    A ella le habría gustado
    De libélula muy nocturna, que en aquí son cerca de las cinco de la mañana.

  2. Pedro Miguel dice:

    Entiendo perfectamente a García Márquez cuando dice que desde que perdió a su abuelo no le ha vuelto a pasar nada interesante. El mío murió yo tenía seis y le escribí una carta, envolví con ella una piedra y la lancé con mi honda hacia arriba, para ver si llegaba al Cielo. Cayó en el techo de lámina de la casa, con un gran estruendo, y mis padres me prohibieron que intentara cualquier forma de comunicación con el Más Allá.

    ¿Tu abuelo es, era, un “ella”?

    Besos.

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