¿Qué es la pornografía?

septiembre 30, 2007

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Homenaje al hermano

septiembre 29, 2007


¿Y de qué se puede lamentar éste? ¿De la risa, de ganarse la vida, del asombro y la furia así se adormezcan de cuando en cuando? ¿De amar, de engendrar, de tocar piano? ¿De haber sido tanto y tantas cosas, de lo que le falta por ser, previsible o inesperado?¿De dejar marcada para bien a cuanta gente toca?


Ética y etiqueta

septiembre 27, 2007

Jay Chapman, inventor de la inyección letal

  • Inhumanidad del protocolo Chapman
  • Jospeh Clark: 90 minutos de agonía

A principios de este mes ocurrió algo parecido a un milagro: las autoridades de Kentucky se disponían a macerar al reo Ralph Baze con una triple dosis de tiopentotal sódico (anestésico), bromuro de pancuronio (paralizante muscular) y cloruro potásico (inductor de paro cardiaco), pero antes de que la ejecución tuviera lugar, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos decidió analizar, por primera vez desde que se emplean las tres jeringas, si la inoculación intravenosa de esos venenos cabe en la definición de las penas crueles e inusuales, prohibidas por la Octava Enmienda de la constitución del país. [Una pequeña crítica constructiva al Departamento de Estado: reconvengan sin excesivo rigor –absténganse, en todo caso, de meterle un jeringazo triple– al traductor que puso “desusada” como equivalente español de unusual y explíquenle que desuso y rareza no son sinónimos.]

El alegato, presentado por David Barron, defensor de oficio de Baze y de Thomas Clyde Bowling Jr., advierte que el método de la triple, inventado hace 30 años por el humanitario y diligente doctor Jay Chapman, un patólogo fascista de Oklahoma a quien Hipócrates debe estarle mentando la madre desde la tumba, puede no ser tan rápido como se supone y puede desembocar en periodos de dolores prolongados y muerte por asfixia mientras el reo está consciente. El año pasado, en Ohio, el sentenciado Joseph Clark agonizó 90 minutos y requirió una segunda dosis de matarratas para dejar de gritar, amarrado a la camilla de ejecuciones, “¡no funciona!, ¡no funciona!”. Según los testigos de la carnicería, después de recibir la tercera inyección el condenado rogó: “¿No podrían darme algo por la boca para acabar con esto?” Unos meses más tarde, en una cámara de ejecución de Florida, Ángel Nieves Díaz se asfixió en silencio por espacio de media hora tras recibir una dosis letal que no funcionó como se esperaba. El espectáculo fue tan terrible que el gobernador Jeb Bush, con todo y su pertenencia a una estirpe de verdugos, hubo de suspender las ejecuciones siguientes.

Secuencia de la electrocución de Allen Lee Davis, pedófilo y asesino
ejecutado en julio de 1999. La instalación no funcionó como se
esperaba, la cabeza del reo se incendió y Davishubo de recibir
una segunda descarga eléctrica.

 

Esos y otros episodios de horror llevaron a los tribunales de dos estados a declarar inconstitucional el llamado Protocolo Chapman o La Triple, en tanto que otras 11 entidades han suspendido las ejecuciones con este método. Su autor sostiene que éste es susceptible de ser actualizado con nuevos y más potentes fármacos y se queja de los funcionarios de prisiones que no aplican su procedimiento como Dios manda, colocan la aguja apuntando hacia la mano del “paciente” y no hacia el hombro, o aplican la inyección en forma muscular o subcutánea en vez de intravenosa. “Tienes que ser un idiota para hacer eso”, concluye, y decide cortar (literalmente) por lo sano: “Lo más simple que conozco es la guillotina, y no me opongo a traerla de nuevo; se corta la cabeza de la persona, y se acabó”.

Por si las dudas, Daryl Holton escogió la silla eléctrica y el 12 de septiembre pasado se convirtió en el primero en Tennessee en morir en ella desde 1960. El infeliz, un veterano de la primera guerra del Golfo (1991), padecía una larga historia de trastornos mentales, incluido el síndrme de estrés postraumático, mató a sus cuatro hijos a balazos porque la madre no dejaba que los viera y luego se entregó a la policía. En los diez años que estuvo preso se negó a hablar con sus abogados de oficio y a firmar apelaciones. Las autoridades carcelarias hubieron de desempolvar el aparato letal y, antes de freír a Holton la calentaron durante 35 segundos –tiempo necesario para completar el proceso a mil 750 voltios– con una “carga experimental” diseñada para simular un cuerpo humano.

Antes de que Clark y Nieves fueran martirizados, un texto aparecido en PloS Medicine concluyó que la inyección letal era equivalente en ocasiones a una “asfixia química”. La revista médica The Lancet había publicado ya los resultados de una investigación realizada por facultativos que analizaron los expedientes de numerosas ejecuciones y entrevistaron a decenas de funcionarios penitenciarios; luego compararon la información con el protocolo para eutanasias adoptado por la Asociación de Veterinarios y concluyeron: “La actual práctica de la inyección letal no cumple ni con los estándares veterinarios”. La publicación acompañó el documento con un editorial que señala: “La pena capital no sólo es una atrocidad, sino también una mancha en el expediente de la democracia más poderosa del mundo. Los médicos no debieran estar en la tarea de matar. Los que participan en este acto bárbaro actúan como ejemplos vergonzosos de una profesión que ha permitido la corrupción de sus valores por la violencia del Estado”.

Encuentro un exceso de optimismo (o de benevolencia) en el texto porque a estas alturas, tras los desaseos electorales de 2000 y 2004 que favorecieron la elección y la reelección de Bush; habida cuenta del severo retroceso ocurrido desde 2001 en la vigencia de las garantías individuales, los derechos humanos y las libertades fundamentales; considerando que la Casa Blanca porfía en una agresión armada (contra Irak) con la que la mayoría de los ciudadanos está en desacuerdo, y dado que Estados Unidos es la única potencia occidental que comparte la barbarie de la pena de muerte con Arabia Saudita, Indonesia o China, resulta cuestionable describir a Estados Unidos como una “democracia poderosa”. Sin desconocer su enorme poderío militar, económico, político y tecnológico, me parece más bien una democracia sumamente débil y debilitada.

El máximo tribunal estadunidense ha decidido entrar al problema de la pena capital no por la puerta trasera, sino por un ducto de ventilación: no se discute el castigo, sino un método particular para aplicarlo, y no se pone en duda que privar de la vida a un ser humano sea, en sí, un acto degradante, bárbaro e inhumano, además de cruel e inusual: lo inusual y cruel podría ser, se dice a sí mismo el sistema judicial del país vecino, la prolongada y dolorosa agonía que en ocasiones causa la jeringa. En suma: por ahora, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos no está interesada en la ética, sino en la etiqueta. Pero peor es nada.

 


Efectos especiales

septiembre 25, 2007

El bolsillo tiene razones que la estadística no entiende. En la tienda de barrio y en el supermercado, junto con los productos adquiridos, le regalan a uno la sospecha de que la autoridad maquilla las cifras y que en lo que va del calderonato los precios no se han incrementado en 4.2 por ciento sino en 15 o 20, o más. Pero hasta el dato oficial sería malo para un régimen al que no le basta la palabra economía para titular el capítulo correspondiente en su primer informe de gestión (“Estabilidad y Crecimiento Económico”, lo llama, así, con todas esas mayúsculas), y cuya redacción turbia pone de manifiesto una mala conciencia. Hay que leer ese pasaje, un asombroso rosario de alegatos, pucheros y confesiones a regañadientes acerca de la ineptitud económica del equipo de gobierno y sus malos resultados iniciales, particularmente en materia de empleo (contracción de 3.2 %) y alza de precios.

Felipe Calderón no sólo se ofertaba como el “presidente del empleo” sino también como el de la “mano firme”. El 2 de septiembre, en plan “promesa cumplida”, dijo que en los primeros nueve meses de su administración “se lograron cifras extraordinarias en cuanto a la erradicación de plantíos y decomisos de droga” y afirmó que “los operativos puestos en marcha han obligado al crimen organizado a replegarse en algunos casos y en otros los ha forzado a cambiar de estrategia, eso ha contribuido a reducir la violencia vinculada al narcotráfico”. Quién sabe si mentía de manera deliberada o si se dejó llevar por sus impresiones, de un optimismo admirable, y no leyó las resmas que él mismo había entregado, unas horas antes, en San Lázaro.

Apartado “Procuración e Impartición de Justicia”: si bien en comparación con el primer semestre del año pasado la incidencia delictiva decreció marginalmente en algunos rubros (portación de arma de fuego, -0.6%; delitos fiscales, -4.6%; violación, -3.1%; fraude y estafa, -2.4%; abuso de confianza, -2.2%; y “otros delitos del fuero común”, -1.3%), en los primeros seis meses de este año se incrementaron en forma escandalosa el secuestro (67%), los delitos contra la salud (91.5%) y “los relacionados con instituciones bancarias y de crédito” (46.1%). El robo creció sólo 9.1 %; los ilícitos cometidos por servidores públicos, 7.7%; los homicidios, 1.9%; las lesiones, 0.6%, y “otros delitos del fuero federal”, 12.7%. En total, medidos en términos de denuncias por cada 100 mil habitantes, éstos se incrementaron en 45.5 %, en tanto que los del fuero común lo hicieron en 2.1 %.

En el primer semestre de 2007 se erradicó 0.8 % más de sembradíos de mariguana que en el periodo correspondiente del año pasado, pero 25.6 % menos de cultivos de amapola, y en cifras globales la erradicación decreció 10.8 %. Los decomisos se incrementaron en los rubros de hoja de mariguana (28.8 %), goma de opio (533 %) y vehículos (88.9 %), pero decrecieron en semilla de mariguana (-35.3 %), cocaína (-76.2 %), heroína (13.1 %), sicotrópicos (-98.9 %) y laboratorios clandestinos (-76.5 %). Entre enero y junio del año pasado se detuvo a 8 mil 568 presuntos narcos, y en el periodo correspondiente de éste, los arrestados fueron seis mil 74, una reducción del 29.1 por ciento. El adobe no hace referencia específica al número de asesinatos vinculados al narcotráfico, pero un recuento de El Universal asegura que, sin incluir al DF y al Estado de México, van mil 908 en lo que va del año, 19 % más que los registrados entre enero y septiembre del año pasado.

Mienten los niños, los enamorados, los estafadores y los candidatos presidenciales. Los gobernantes, también, por supuesto, pero suelen ser sutiles y cuidadosos a la hora de adulterar la realidad: incluso los sectores de la población más necesitados de ilusiones –cómo se restregaban de gusto muchos clasemedieros con los embustes de Salinas sobre nuestro ingreso al Primer Mundo— agradecen que les tomen el pelo con un poquito de elegancia, y que el amasijo de látex y resortes no se note demasiado en los efectos especiales. Acompañado por sus intelectuales y líderes de opinión –pero qué necesidad, chatos, de sentirse cercanos al calorcito del poder—, el calderonato celebra sus victorias imaginarias día tras día. Por desgracia, lo que corre por el país en estos tiempos no es salsa catsup ni pintura roja, y la cifra de los derrames crece día a día.


Madeleine como símbolo

septiembre 23, 2007

Madeleine McCann

  • Desaparecidos y desiguales
  • El Cascabel en el espacio

Nada extraordinario, por desgracia: una niñita de cuatro años desaparece sin dejar rastro y sus papás, consternados, revuelven el planeta y claman por ayuda. Hasta ahora no se sabe qué pasó la noche del 3 de mayo, en un departamento de Praia da Luz, El Algarve, Portugal: la pequeña Madeleine McCann, de origen británico, fue víctima de un secuestro que terminó mal, raptada por explotadores de menores, atacada y desaparecida por un agresor sexual, o asesinada sin qquerer por sus propios padres, médicos ambos, a quienes se les pudo pasar la mano en la dosis de sedantes que solían administrar a sus pequeños para poder salir a divertirse. Nada extraordinario: un martirologio infantil más en una humanidad que se ha especializado en hacerles las peores maldades a sus propios cachorros.

Con respeto al dolor que sufre o sufrió Madeleine y al de sus padres, hayan sido o no responsables o corresponsables de su desvanecimiento, es horrible que el caso individual de esta niñita levante tanto revuelo en un planeta en el que desaparecen anualmente decenas o centenas de miles de menores. Algunos de los registrados son adolescentes que se largaron de casa y se fueron a otra parte con su hartazgo ante una vida familiar desgraciada (nadie se va de casa si vive feliz en ella), o con la novia, con el novio, con la droga, con la guitarra, con el pasaporte. Otros –tal vez la mayoría— desaparecen en el marco de riñas conyugales o familiares en las que florece la canallada de raptar a los hijos propios y, con frecuencia, trasladarlos a otro país; la leyenda urbana dice que algunos menores desaparecidos sufren una muerte atroz, descuartizados por traficantes de órganos, aunque hasta ahora no hay en ningún país un solo caso documentado de tal horror; en la realidad, muchos bebés son robados por mafias que los venden a parejas infértiles de Estados Unidos y de Europa, y un número indeterminado de menores son secuestrados y destinados a la explotación laboral y sexual en una industria clandestina pero consolidada y creciente. De cuando en cuando un pederasta solitario rapta a un menor y lo lleva a vivir a su lado o lo viola, lo asesina y hace desaparecer el cuerpo o lo deja por ahí. Pero esos casos son sólo unos cuantos de los abusos sexuales de menores, los cuales son perpetrados, en su gran mayoría, por un familiar, una persona cercana a la familia, el profesor o el cura.

Milun Dhanjee


Hay otra forma de borrar del mapa a un niño: bombardear su casa, dispararle con un rifle de asalto o incluirlo en el abrazo de fuego de un atentado dinamitero, como lo hacen con regularidad las tropas de Estados Unidos en Irak, las de Israel en los territorios palestinos y los terroristas anónimos en Bagdad, en Afganistán, en el territorio israelí o en cualquier otra parte.

La enorme alharaca mediática que se ha alzado en torno a la desaparición de Madeleine no ayuda mucho. En ella se han involucrado los ricos y los famosos de medio mundo

—Laura Bush, Joseph Ratzinger y muchos más—, los padres de la pequeña han emprendido una gira internacional, han recaudado millones de dólares y, para no ofenderlos, las distribuidoras cinematográficas británicas tuvieron la cortesía de suspender el estreno de una película gringa que trata de la desaparición de una niña. La prensa inglesa se levantó en pie de guerra contra los medios y los detectives de Portugal, a los que acusa de pretender el linchamiento del matrimonio McCann, y la recompensa ofrecida a quien aporte datos para dar con el paradero de la niña llega ya a cuatro millones de libras.

Milun Dhanjee, en cambio, se esfumó el 21 de febrero de 1994 (tenía 10 años) en Bingley, Yorkshire, y nadie ha vuelto a saber de él. Es morenito, tal vez de ascendencia india o paquistaní, y si sigue vivo tal vez se congratule del esfuerzo mundial por hallar a Madeleine, y acaso le duela un poco que él, en su momento, le importó un pepino al mundo. El de febrero de 1996, a las siete de la tarde, Ana Lilia Burgos Frías, entonces de 13 años, y Yazmín Herrera Corona, que tenía 11, salieron de su domicilio en la Colonia Alborada I, Tultitlán, Estado de México, para ir a comprar pan. Fueron abordadas por unos sujetos que las introdujeron a un automóvil negro, con vidrios polarizados y sin placas, y desde entonces sus familiares no las han vuelto a ver. No hubo potentado que ofreciera poner de su bolsillo el dinero para una recompensa, el Papa de aquel entonces no metió ni el dedo meñique en el asunto y ningún ministro se conmovió por el hecho. Fue un caso entre decenas de millares. Por alguna razón, la página de la procuraduría mexiquense registra dos centenares de menores ausentes pero no menciona a Yazmín Monserrat, tal vez porque hace rato que la niña, si está viva, ya cumplió 18 años. Quién sabe por qué la menor figura, en cambio, en el sitio de la procuraduría tamaulipeca.

 

Yazmín Monserrat


El enigma de la desaparición de Madeleine debe ser resuelto a cabalidad por las autoridades portuguesas, pero sería deseable que no se utilizara el caso para restregar en la cara de la opinión pública internacional la extremada desigualdad que impera en el mundo.

Respuestas al Cascabel: Ana Zarina Palafox señala que esa canción va incluida en el disco de oro titulado Sonidos de la Tierra que viaja a bordo del Voyager I rumbo a Sirio. “Lorenzo Barcelata, a quien se le atribuye la autoría de este son tradicional, murió en 1943, disfrutando del pleno éxito comercial en blanco y negro al que podían aspirar los músicos en esos años. Seguramente fue uno más de los que, aunque tenían piezas realmente propias, fueron acicateados por las incipientes industrias discográficas para registrar todo, incluso los sones tradicionales, y cobrar las regalías del caso. Y también estaba de moda el mariachi, como grupo oficialmente representativo de nuestro país, así que lo grabó con el Mariachi México. Digamos que ‘era un hombre de su tiempo’ y que la NASA simplemente eligió una pieza ‘bonita y alegre’, que correspondiera a la imagen turística de México. […] ¿Qué podía encontrar la NASA? Su trabajo es explorar el espacio exterior, no las comunidades del interior. […]” La respuesta completa de Ana Zarina, aquí.

Marco Barrera contrapuntea: “Se calcula que hoy en día hay cerca de 700 grupos de son jarocho. […]Como buen cálculo, este puede ser erróneo por lo que creo que una de las labores del grupo de yahoo sonjarocho podría ser la de realizar ese levantamiento. En los años setenta no quedaban ni una treintena.

“Entonces México era un país eminentemente rural; hoy es una red de ciudades con un decadente número de escuálidos campesinos e indígenas que van de la agricultura a la inmigración. Hoy hay grupos de son jarocho en Washington, San Francisco, Los Angeles -seguramente en Chicago también- y afortunadamente también en Japón: los jarochos comenzaron a migrar tardíamente. No olivedmos también a nuestro jarolombiano Leopoldo Novoa, quien colombianizó antes que los narcos el gusto musical de la región sur de Veracruz con Chuchumbé, antes digo de que por la ruta de los narcos se echara a perder la cumbia colombiana con la influencia de la cumbia norteña narcotizada y de que Chespirito se volviera bufón de fiesta de algún jefe de cártel colombiano y de algún presidente enano.

Pero quizá la mayor concentración de grupos de son jarocho esté hoy en el defectuoso, en el Distrito Federal.

“En los setenta, quienes impulsaron su renacimiento despreciaban a quienes denominaban grupos de marisquería o a quienes tocaban en los Portales en la Bella Villa de la Vera Cruz: La Negra Graciana hizo su aparición en los ya legendarios encuentros en Tlacotalpan apenas hace unos cinco o seis años, si no mal recuerdo, ya que se estaba haciendo famosa.

“Lo que aún siento que hace falta es que se le escarbe más a su historia; amén de El mar de los deseos. El caribe hispano musical. Historia y contrapunto de nuestro querido Toño García de León y de otros cuántos artículos o pequeñas contribuciones, sigue habiendo un hueco duro de llenar.

“Ahora bien, están comenzando a repuntar otras variantes del son, como el huasteco, y otros géneros. No hay que perderle la pista al trabajo que está haciendo el grupo Pasatono en Oaxaca, comandado por el querido Mtro. Rubén Luengas que hablando de globalizaciones ha trabajado en el rescate de las bandas de jazz en la Mixteca y, en particular, en el uso del banjo. El Jazz y con él el banjo, llegaron a esas serranías en los años veinte y treinta del siglo pasado por distintas razones; por el impulso al Itsmo y con la Panamericana. ¿Te acuerdas de las descripciones de los viajes en los barcos de vapor por el Grijalva y el Usumacinta? En ellas también se relataban los conciertos a cubierta en la 1a clase –Arriba—, cuyos navegantes solían acompañar de un buen Remy Martin.”

 

Adiós al domingo. Dado el agotamiento del que escribe, y hasta nuevo aviso, Navegaciones deja de aparecer los domingos y se constriñe a los jueves. Se ruega la comprensión de tripulación y pasajeros, y seguimos en contacto diario, o casi, en el blog que aparece aquí abajo, en donde se consigna las fuentes de esta entrega..


El mundo y El cascabel

septiembre 20, 2007

“… con una cinta morada”

  • Japoneses, mariachis, y jarochos
  • 16 versiones de un son veracruzano

El otro día Marco Barrera me mandó el vínculo al video de una interpretación muy hermosa de El cascabel, tocada por un grupo de músicos japoneses entre los que destaca Agematsu Mika, quien perfeccionó sus habilidades con maestros paraguayos, recibió el título de Maestra Arpista en Veracruz y es ya parte del panorama musical latinoamericano con una buena media docena de discos dedicados a las melodías de por aquí. Para mi sorpresa, algún usuario de Youtube dio rienda suelta a su indignación patriótica en un comentario: “No frieguen… ya los chinos nos van a piratear hasta la música del mariachi??? Chale, no es justo… como sea, le falta demasiado a la chava de la arpa para poder tocar al nivel del Vargas de Tecalitlán…” Tal vez al autor de esas palabras le terminaría de dar el soponcio si tuviera noticia de las varias bandas de mariachi que pululan en las tierras del Sol Naciente, de las que la más famosa es el Mariachi Nippon, que el año pasado tocó en la explanada delegacional de la Magdalena Contreras. Y qué dirán los masiosares cuando vean a los mismísmos de Tecalitlán interpretar en Tokio la célebre Kawa no Nagare no Yoni, o cuando una señora evidentemente nipona canta en japonés (y bien) Volver, volver.

 

El mariachi japonés

 

“Bola hueca de metal, ordinariamente del tamaño de una avellana o de una nuez, con asa y una abertura debajo rematada en dos agujeros. Lleva dentro un pedacito de hierro o latón para que, moviéndolo, suene”, dice del objeto Madre Academia, y cuenta que el baile del cascabel gordo era un “festejo o diversión en que la gente vulgar, o quienes querían imitarla, se regocijaban y alegraban”. Gracias al Mariachi Vargas la tal vulgaridad ingresó, un tanto embalsamada y disfrazada de bel canto, al Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana; luego la cantante Yuri se encargó de convertir la refinada copla popular en vulgaridad televisiva. No voy a meterme en conflictos regionales pero es un poco raro reivindicar, en nombre del mariachi, la mexicanidad de una canción veracruzana que acabó en las trompetas y violines jaliscienses, pero sin el arpa jarocha original. Tal vez la hibridación se produjo en el Distrito Federal, en la plaza que fue bautizada en honor del revolucionario italiano José Garibaldi, nieto del célebre Giuseppe y tan alborotador como su abuelo, y quien combatió, con grado de teniente coronel, en las filas maderistas y se distinguió en el ataque a Casas Grandes, Chihuahua. En 1923 el coculense Juan Indalecio Hernández Ibarra llegó a la ciudad de México y abrió, en un local de la calle de Honduras, a un costado de la ya para entonces Plaza Garibaldi, una tienda cantina a la que puso por nombre El Tenampa. Conforme los conjuntos de mariachi se despojaban de los calzones de manta, los huaraches y los sombreros de palma, y adoptaban atuendos que emulaban a los de los hacendados, este establecimiento se convertía en emblema universal del desmadre patriotero y charro. La actual administración del lugar no sabe a ciencia cierta de dónde viene el nombre:

“Unos dicen que era la marca de un habanero ya desaparecido; otros, que así se llama un río de España; otros más, que es el nombre de una ranchería de Veracruz; o que es una derivación del vocablo tenampal, que quiere decir ‘lugar de reunión’; hay quienes piensan que es una combinación de palabras: tenebra, tenebroso y hampa”.

 

Jarochos californianos

Pero la referida ranchería no es tal, sino municipio veracruzano. En la Plaza Garibaldi los músicos de Cocula conviven desde hace mucho con los procedentes del Golfo, y el repertorio tradicional del mariachi, lejos de limitarse a los sones de Jalisco, suele incluir canciones rancheras, corridos, huapangos, sones jarochos, valses mexicanos, trova yucateca, baladas modernas e incluso piezas caribeñas, como el Lamento borincano de Rafael Hernández. Hagamos rabiar al Masiosare: “Yoshiro Hiroishi, cantante de fama indiscutible entre el público japonés, grabó Sabor a mí, con la que Alvaro Carrillo obtuvo el triunfo definitivo. Cuando el asiático visitó la ciudad de México, localizó al oaxaqueño, que actuaba en un centro nocturno, se vistió a la usanza tradicional japonesa, fue al antro y se presentó en el escenario con su guitarra y cantó Sabor a mí con éxito inusitado”. Por descontado, el mariachi está bien representado en la Península Ibérica por Semblanza Mexicana (Barcelona), Mariachi Azteca (Bilbao) y Grupo Mencey (Canarias), entre otros.

 

Los soneros holandeses

Madres, que ya voy a terminar y se me andaba olvidando El cascabel, que además de jarocho y jalisquillo es huasteco, como lo exhiben Los Camperos de Valles; se le escucha en Turquía con dos de sus instrumentos originales, el arpa y la quijada de burro; y si uno anda perdido en Wassenaar, en las afueras de Rotterdam, puede acudir al número 2421 de Polanenpark, tocar la puerta, preguntar por Gerrit van Ommering y por sus compañeros Mayra y Fred de Haas, y pedir que por amor de Dios interpreten un Cascabel muy aceptable y cantado casi sin acento. No son los únicos en Holanda: por allá anda también, o andaba, en el número 80 de la Granidastraat, Amsterdam, el sonero Félix Pérez. La melodía la toca asimismo un dueto formado por el californiano John Robles y el chiapaneco Jorge Mijangos. Mono Blanco y el Grupo Siquisirí interpretan la pieza como los ángeles, pero ello no es obstáculo para que la entonen también los Niños Cantores de Morelia, que grupos menos conocidos la toquen en las calles de cualquier ciudad o en en los restaurantes, o que jóvenes virtuosos o más bien chambones la ejecuten en sus habitaciones sin más público que una cámara de video.

Cuestión de gustos: a mí la que más me late es la versión de Antonio García de León que viene en el álbum Zacamandú / Antiguos sones jarochos. Espero no causar estropicios autorales terribles dejando aquí esa rola (archivo de baja calidad, si es que eso es atenuante de algo). Para estas notas he recurrido a Youtube en forma exhaustiva: 16 versiones de El cascabel.

No quiero irme sin agradecer, tardíamente, a Francisco Onésimo Torres, a Ana Zarina Palafox y a Lourdes Aguirre Beltrán, por el cálido y decimero recibimiento que me brindaron en el portentoso grupo de Yahoo Sonjarocho ni sin felicitar al Tlacuiloco porque se sacudió de encima al zopilote que lo andaba merodeando. Pues sí, querido Marco: no me imagino a un alemán que se espante cuando los mexicanos interpretan a Bach o a Beethoven, ni a un inglés engorilado por un palomazo de una rola de los Beatles en la colonia Narvarte. La música tiene cuna, pero no patria, o bien su patria es el mundo. Y vaya que las notas de origen mexicano lo han poblado.


19 de septiembre

septiembre 19, 2007

El 19 de septiembre de 1984 metimos a la circulación (digo “metimos” porque fue a martillazos contra las inercias y el cerco) el primer número de La Jornada. Un año exacto después se cayó media ciudad. O sea que esta fecha está cargada de esencias. En ambos casos, El Fis y el que escribe estaban hombro con hombro, pero la hermandad viene de antes. Hoy, ahí vamos de nuevo, y a ver qué pasa. Invitación abierta.

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