El gusto narco


Lo que hay que ver: For the love of God, una calavera incrustada con diamantes (derecha), fue perpetrada por el fantoche de moda, Damien Hirst (izquierda), y vendida en cien millones de dólares a quién sabe quién.
El que pide irse al otro mundo en un ataúd adornado con calcomanías del América, es un naco; el que decora con rubíes la cacha de su pistola es un narco; éste, en cambio, es un respetado artista de vanguardia británico. La vulgaridad no reconoce clases ni fronteras.

Si hubiera que escoger, me quedaría con el mueble póstumo.

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