Jaque al Rey

Y como no se ha inventado un Sindicato de Monarcas que defienda la estabilidad laboral de los susodichos, el rey de España hubo de salir en defensa de sí mismo y de su empleo, y la semana pasada encomió “el modelo de monarquía parlamentaria” que lo hace jefe de Estado y que ha dado a la Península “el más largo periodo de estabilidad y democracia”. Bravo. Ese mismo día, la fiscalía de la Audiencia Nacional pedía un año y tres meses de cárcel para los dos jóvenes que el pasado 13 de septiembre quemaron en Gerona la foto del señor Borbón y de su mujer, justo cuando los aludidos se encontraban de visita por la ciudad. Previamente, la fiscalía había solicitado para uno de ellos una pena de 30 años, una fianza de diez mil euros y el decomiso del pasaporte. El jueves pasado el fiscal se desistió de los cargos y los acusados quedaron en libertad. El delito: “injurias graves a la Corona con la agravante de disfraz”. Y por estos días no son sólo las instituciones de la justicia las que tienen los ánimos exaltados en materia de asuntos de la Corona. En su blog de nombre impronunciable, Negative, de Barcelona, contraataca: “¿Que hay jaleo por quemar una puta foto de los reyes de España? La madre que nos parió. Lo que había es que quemarlos vivos en medio de la plaza y retransmitirlo en directo por antena3, mientras Matías comenta: ‘¡España está que arde!’”. Y un visitante anónimo le dice: “Téns tota la raó. I amb tots aquests euros, no només sanitat, sinó educació, cultura, esports. Per no dir tot el que se’n va en un exèrcit que no sé ben bé per que serveix”.

La mesa está servida. El entremés fue el intento de persecución judicial contra el editor y el dibujante de la revista Jueves que en una de sus ediciones puso la caricatura de Felipe de Borbón y de su esposa, Letizia Ortiz, copulando en la postura conocida como “de perrito”.

Los autores de la polémica portada, el dibujante Guillermo Torres y el guionista Manel Fontdevila, serán juzgados en la Audiencia Nacional el próximo 13 de noviembre por un delito de injurias a la Corona. La Fiscalía pide para los acusados una pena de 10 meses de multa, a razón de 12 euros diarios (3 mil 600 euros cada uno). De ser condenados y no pagar, serían arrestados.

Los intentos por aplicar las sanciones previstas en el Código Penal vigente, lejos de amilanar a los antimonárquicos, han multiplicado las protestas y cientos de fotos de las caras reales han ardido en las calles, y Felipe de Borbón y su mujer fueron recibidos en la inauguración de la Feria del Libro de Barcelona con la consigna “¡España, mañana, será republicana!”

La tarea de cagarse en el Rey había correspondido, por tradición, a izquierdas marginales y grupusculares que empiezan a no serlo tanto. Pero en los días que corren los pobres Borbones se encuentran entre dos fuegos, porque algunos sectores de la ultraderecha, tal vez rencorosos por las posturas democráticas de Juan Carlos, se han unido al coro de denuestos en su contra. Es el caso del cavernario Federico Jiménez Losantos, quien desde los micrófonos de la cadena COPE, voz de la derecha clerical, acusó al Rey de tener negocios turbios y de ejercer la censura, pidió que abdique al trono y se lo deje a su hijo Felipe. Ante el escándalo, la emisora salió en defensa de la libertad de expresión de su locutor.

Los dos partidos principales, el PSOE y el PP, han optado por proteger a la familia real y el estado de ánimo en la península sigue siendo mayoritariamente favorable a la monarquía. Los “populares” incluso gestionan la adición al himno nacional, hasta ahora puramente instrumental por razones de desacuerdo, una letra que sin lugar a dudas le dé su lugar a la corona. Puede ser que las de estos días sean escaramuzas pasajeras, que el jaque al rey se desvanezca sin consecuencias. Pero bien pudiera ser que el propio monarca se diera cuenta que su trabajo es ya impresentable e injustificable, negociara una buena pensión de retiro y la ciudadanía española decidiera abstenerse, con piedad y discreción, de cubrir el puesto vacante. La época es propicia. A fin de cuentas, Fidel Castro dejó sus graves responsabilidades de Estado, se volvió articulista (me parece, por cierto, que nadie tuvo la cortesía de darle la bienvenida al gremio) y no se cayó el mundo.

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