Bécquer, pornógrafo

Isabel II de Borbón, tocaya de la ex suegra de Lady Di, reina de España de 1933 a 1868 y tatarabuela en línea directa del actual Juan Carlos del mismo apellido, se dirige a su amante, Carlos Marfiori, en el pie de ilustración, con estas palabras:

“¡Carlos, Carlos, yo lo espero
de tu hidalgo corazón

mételo sin dilación

que ya por joder me muero!”

Retrato oficial

 

La redondilla es de Gustavo Adolfo Domínguez Bastida, mejor conocido como Gustavo Adolfo Bécquer, y la imagen, consistente con lo citado, de su hermano, Valeriano Domínguez Bécquer. El conjunto corresponde a un libelo titulado Los Borbones en pelota, una recopilación de acuarelas y textos que data de mediados del siglo antepasado y que no fue publicada sino hasta 1991. Por las páginas del pasquín transitan personajes célebres de la corte madrileña en tiempos de Isabel II, como el padre Claret, confesor de la soberana, el primer ministro Luis González Bravo, la ultraderechista María de Jesús de Ágreda, conocida como La monja de las llagas, y el multicornudo Francisco de Asís de Borbón, primo y consorte de la reina, y de quien ésta se quejaba en público:

 

“¿Qué pensarían de un hombre que la noche de bodas tenía sobre su cuerpo más encajes que yo?”

Con Marfiori

En el documento aparecen, además de onanismo, sodomía y varias combinaciones de sexo oral, una pareja de perros copuladores y un burro con el que la señora Borbón lleva a cabo un ensamble zoófilo tan explícito como inverosímil, al piel del cual Bécquer anota:

 

“Por probar de todo…
de tirarse a un pollino encontró el modo.”

Qué vasta es mi ignorancia. Un amigo muy querido (no digo su nombre porque me pidió que lo mantuviera al margen) me rebotó la colección en presentación de Power Point, fui a googlearlo a la red y me encontré con que es una obra bastante célebre, que ha logrado ya tres ediciones (una de ellas, en catalán), por más que resulte prácticamente imposible hacerse con un ejemplar.

Al lado de estas láminas, la portada de la revista Jueves que fue sometida a proceso judicial es una imagen de Walt Disney. No emito juicio alguno sobre la señora Borbón ni sobre los personajes de su entorno real, incluido el burro. Pero comparto con ustedes, y perdón si llego tarde, mi doble regocijo: el de paladear una obra libertina que desconocía y el de descubrir que Bécquer, además de ser un pornógrafo involuntario, lo era también a conciencia.

Todos a una

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