Las verrugas de Venus (I)

Los que en 1988 enfrentaban una usurpación, hoy, ante una nueva presidencia espuria, en vez de hacerle frente le dan el trasero. Cómo han cambiado los tiempos a ciertas personas, pero eso no viene al caso. En diciembre de aquel año, El Fisgón, Miguel Luna y el que postea, publicaron un humilde regalo navideño titulado Las verrugas de Venus, que pretendía ser, además, un modesto homenaje a Quevedo con motivo de nada en particular.

Uno de esos textos –el primero, en el orden del librito– apareció el año pasado aquí y en el papel. Ya no tiene caso que se presenten en esa secuencia; además, alguna mano hay que meterles y acaso algún fragmento habrá que agregarles.

Visto a la distancia, tal vez lo que sigue resulte algo más Bataille que Quevedo. Aunque me horroriza un poquito, a lo hecho, pecho, y ya ni modo. Se titulaba “Sobre un rival en edad provecta”, pero hoy es pecado de lesa corrección política burlarse de los rivales de amores por su edad avanzada, y además el nuevo título se corresponde mejor con el contenido.

QUÉJASE DE SER TRAICIONADO

 

CON UNO QUE PRONTO SERÁ CADÁVER

Ilustración: Rafael Barajas, El Fisgón

Entiendo que mi vida es, por contraste
con la del nuevo amor que tienes, breve:
él, siglos sobre el mundo lleva nueve;
amor buscabas, prehistoria hallaste.
Comprendo que te hartaran mis defectos
pero los vivos somos imperfectos.

El “hasta que la muerte los separe”
en ustedes es cosa consumada.
Reza, para sentirte penetrada,
que pronto el rigor mortis se la pare.
A tu sicoanalista me anticipo:
lo tuyo es necrofilia más que Edipo.

Me tienes por cobarde
pues, desplazado, no lo reto a duelo.
Es que es muy cruel matar al bisabuelo
y además, ya es muy tarde:
ya lo mató la Muerte, mentacata.
Tendría yo que usar bala de plata.

Los gusanos en él aposentados
Pueden mudarse a ti, mujer traidora,
y como prueba firme que te adora,
zopilotes tendrás por entenados.
Tú, la que se horroriza de ladillas,
vas a ser infestada de polillas.

Con él te echaste un polvo, me presumes,
y eres muy literal, pues ha concluido
su vida, y hoy en polvo convertido,
bien consumatum est, te lo consumes.
Cuidado, presuntuosa:
como el sida, la muerte es contagiosa.

Creyendo que el asunto te prestigia,
vas de luna de miel por el Estigia.

¡Habrase visto cosa más impura

que la ensalada que haces con tu amigo!
Tú con él me traicionas, y él, contigo,
le pone cuernos a su sepultura.

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