Las verrugas de Venus (II)

Exhumado en 2007, este texto de 1988 adquiere una significación entonces insospechada: hace dos décadas no se había puesto de moda el fenómeno delictivo de la pedofilia, acaso porque la pornografía infantil era inexistente o marginal. Es probable que ya existiera la explotación sexual de menores asociada a los servicios turísticos, pero de eso se sabía poco. Sin embargo, el abuso y la violación de niñas y niños era ya, como lo es ahora y como lo ha sido siempre, una práctica frecuente y estaba –igual que hoy en día– mayoritariamente a cargo de padres, tíos, hermanos, profesores y confesores. Es un tanto irresponsable la alharaca que arman las autoridades con respecto a los gravísimos peligros que acechan a los niños en Internet, habida cuenta que son mucho mayores las probabilidades de que sufran una agresión sexual (o muchas) en el hogar, en los grupos de catecismo, en la escuela y en los pasillos del edificio. Pero eso es otra historia.

QUÉJASE DE LO CONTRARIO QUE EN EL ANTERIOR

Ilustración: Rafael Barajas, El Fisgón

Infeliz robacunas: ¿qué señales

de amor habrate dado ese mocoso
que intercambias de modo tan morboso
mis pantalones, ay, por sus pañales?
Adúltera: con falta de criterio
cometes infanterio, no adulterio.

Suerte que no medraste en el pasado:
Herodes pudo haberte vuelto viuda
o al Niño Dios, perversa testaruda
en su pesebre habrías fornicado
(con lo cual de pasada, y de seguro,
a Roma le jodías el futuro).

Sé que detestas el imperialismo
porque a los Niños Héroes dio muerte.
Niño perdido” es mucha mala suerte
y en “niño envuelto” ves canibalismo.
Un inocuo manual de pediatría
en tus estantes es pornografía.

Confundes con libido y con pasiones
los primarios instintos maternales;
resultado: las partes genitales
cual pila bautismal te las supones
y así, cuando consumas la conquista
de un infante, te crees Juan Bautista.

Tal vez supongas tú que estoy ardido
pero aventajo a mi rival, señora,
en biografía y más que en una hora:
a diferencia de él, yo ya he nacido
y si en duelo apostamos nuestra vida
por arma escojo el espermaticida.

Si tu amado babea
no me vengas con que es por tus encantos.
No por amor a ti le vienen llantos.
¿Sueña contigo? No: la cama mea.
Es un juego, el amor, de toma y daca
y en él te toca ahora limpiar caca.

Mas por cobrar tu amor, perversa mía,
soy capaz de comprarme una sonaja
o de hacerme soldado en la más baja
graduación del sector de infantería.
Y más aun: de ahora en adelante
mis requiebros serán da-gú de infante
y voy a referirte mis amores
usando nada más versos menores.

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