Las verrugas de Venus (V)

ALABA SILENCIO Y DISCRECIÓN EN SU AMADA

Callada muestra su esplendor la rosa
y aprecio que no mezcles los jadeos
con nuestros cotidianos devaneos.
Amada mía, dulce y silenciosa:
bien sé yo que tu falta de volumen
no significa ausencia de cacumen.

Jamás te has pronunciado en contra mía;
en tu boca halla tumba mi secreto;
y siendo tu carácter tan discreto,
nunca has dicho una sola tontería.
Si al principio fue el Verbo, pues yo pienso
que tú eres anterior a tal comienzo.

Sorda eres a mis ruegos y a mis quejas
y sorda a los requiebros en la calle.
De ti nadie diría: “¡Que se calle!”
ni importa si algo llega a tus orejas
y desde niña hasta la edad provecta
serás por siempre la mujer perfecta.

Si el silencio es virtud de los mortales,
en ti es más bien forzada penitencia
y quiera el Cielo, amada, que la ciencia
no te libere nunca de tus males.
Que no quede la duda:
mi corazón es tuyo, sordomuda.

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