Reacciones a “Dan vergüenza”

diciembre 6, 2007

Ustedes tienen la palabra:

“Desde hace mucho tiempo dejé de confiar en nuestros líderes y en nuestras instituciones. Me da lástima que como sociedad permitamos que esta gentuza —jueces comprados, senadorcitos y diputadillos— sigan haciendo y deshaciendo impunemente mientras la Nación Mexicana, acobardada en su ignorancia, sufre las consecuencias.” Ricardo Sánchez Bravo

“En esa mentada SCJN, los que la representan no sólo nos avergüenzan. Ellos son una de las causas principales que contribuyen a que nuestro país esté en las condiciones de injusticia social en que nos encontramos […] Si estas señoras y señores son parte de la mafia que dirige nuestro país, ¿qué destino nos espera?” Raúl Suárez Parra

“A veces me pregunto: ¿Qué pasa que la gente acá permite que esas cosas sucedan? Pero me doy cuenta que no, que hay mucha gente con decoro que protesta”. Luis del Pozo

“Inaudito, el resultado de la Corte. De pena ajena, cuánta crueldad”. José Alberto Zabaleta

“Qué más nos podemos esperar de los magistransas de la Suprema Cortesana de la Inanición. Todavía está fresca en la memoria el triste papel de la otra Cortesana (la electoral) que no obstante reconocer el fraude electoral (pero ‘chiquitito’, según ellos) le dio el triunfo a quien actualmente ocupa –indebidamente– la silla presidencial. Ramón Cavazos

“¡Qué impotencia, Pedro, qué impotencia!” Adriana Herrera Canales

“Yo digo que desde mucho antes, ya no recuerdo desde cuándo, la sociedad no confía en ellos. No podemos confiar en algo que no conocemos (salvo si eres creyente, digo yo), en personas que están tan distantes, que viven en otro mundo, bajo otras reglas. Pero además, no confiamos porque los conocemos, porque parafraseando a uno de ellos, ‘sabemos de qué están hechos’, pero sí esperábamos que ¡por fin!, dieran una pequeña muestra de decencia, una prueba de que se ‘merecen’ todos sus privilegios, de que ‘vale la pena’ el sueldo que les pagamos mientras millones medran en la miseria, de que valía la pena mantenerlos con todos sus lujos, sus prebendas y sus cotos; esperábamos sí, que no hozaran (de nuevo) en su propio estercolero”. Verónica Abigaíl Hernández Andrés

“Todavía lo platicamos aquí, en el seno familiar, y no podemos encontrar en qué material legaloide se basaron para tomar este tipo de decisiones que a todos afectan”. Carlos Martínez

“Sobre los abyectos miembros de la suprema. ¿De la suprema qué? ¿Corte? ¿Corta? ¿Cortesana, con el debido respeto a las sexoservidoras, de las cuales la mayoría son mucho más decentes y podrían darles lecciones de ética y decencia?” Eduardo Lera

“Pienso y siento como usted, de modo que los guaruras también tendrían que venir por mí”. Carlos Vázquez

“Desde hace mucho a mí me da vergüenza esa corte de justicia. No creo que sea un secreto que, por lo menos desde que se coló allí como presidente Mariano Azuela Güitrón, la mayoría de los magistrados, incluyéndolo a él, la convirtieron en Corte del Opus Dei y vergüenza para el país.” María Urquidi

“Es vergüenza lo que sentimos, pero también coraje y, ante la impotencia de no poder hacer algo para que esos ‘jueces’ sean castigados, también sentimos náuseas.” Fidel Fuentes

“Tal vez a estos señores que fungen como magistrados no les inspire nada saber que muchos ciudadanos estamos decepcionados de la imparticion de justicia en el país, o que sabemos que el estado de derecho es vilipendiado por quien es la máxima autoridad en aplicarlo, pero por lo menos se darán cuanta que sus actos no pasan desapercibidos y que estamos atentos a su actuar.” Sergio Martínez Carrillo

“No tan sólo dan vergüenza, son la mierda del país, legalizan la impunidad… Quitan el aliento de seguir escribiendo”. Luis Aguirre

“Qué tristeza, acompañada de frustración, el ver cómo la única instancia en la que podríamos creer, pues en ella se basa la justicia del pueblo de México, contra las instancias poderosas, ahora lo único que resta es acudir al ‘supremo tribunal de México’… Dios o la Virgen de Guadalupe, pues no hay otra alternativa, o con quién vamos acusar o mejor dicho a denunciar a los deshonestos de nuestra máxima casa de justicia. El colmo es el ver anuncios televisivos diciendo que están para servir al pueblo de México. Ahora podremos decir con toda razón ‘al diablo con sus instituciones’.” Alfredo Díaz Martínez

“Nuestros gobernantes, políticos, empresarios deshonestos, y principalmente el enanito mentiroso que habita en Los Pinos, y sus instituciones (léase PGR, AFI, IFE, SCJN, etc.) sirven para dos cosas: para nada y para una pura chi#$%#&*%$#. Ahora recuerdo la frase de Andrés Manuel, ‘al diablo con las instituciones’.” José Luis Anguiano

“Me encantaría enviarles un email masivo a estos corruptos; ¿tienes idea a dónde?” Ernesto Arias

“En su columna de hoy menciona que la sociedad fue ignorada entre otras palabras por los seis jueces. ¿La sociedad somos solamente quienes tenemos Internet o podemos comprar La Jornada? Los seis personajes que disfrutan y dictaminaron contra una persona que se atrevió a hacer la denuncia que hizo, yo pienso que la ignoraron cerca de 80 millones; las noticias electrónicas (son el) único medio accesible.” Carlos Rodríguez Candila

“Una vez más, pobre México… Y como decía el Chapulín Colorado: ¿Y ahora quién podrá defendernos?” Samuel Montañez Espinosa

“No acostumbro escribir a periodistas o articulistas (de hecho, es la primera vez que lo hago), pero no quise dejar pasar la oportunidad de felicitarlo y manifestarle mi opinión estrechamente coincidente con la suya. Efectivamente, los 6 magistrados de la Suprema Corte de ¿Justicia? de la Nación ¡dan vergüenza!”. Mario Cortés Larrinaga

Adicionalmente, el buzón de Navegaciones recibió agradecibles y fraternos comentarios de simpatía a lo expuesto en el artículo “Dan vergüenza” firmados por David Brooks, Verónica Vázquez Mantecón, Jaime Soto Gutiérrez, Marcela Ladino, María Cigales, Ruth Le Gall Saralegui, José Luis Salas, Alberto Aziz Nassif, Rafael Maldonado, Ernesto Arias, Verónica de la Torre y Noel Guzmán Herrera. En este blog se ha dicho:

“Da gusto ver que aún hay quien se atreve a encarar a estos sinvergüenzas” Champy

“Como cereza en este inmundo pastel, viene la actitud de la dama magistrada defendiendo la ‘probidad e independencia con que tomaron su decisión’. No sé cómo verlo (el que la hayan mandado a ella a dar la cara), si como una falta de arrestos por parte de los magistrados hombres, o como una burla para Lydia Cacho. En cualquier caso, aún peor es que la vergüenza y decepción que nos inspiran los magistrados, ellos ni la sienten, ni un asomo de ambas.” Marichuy

“¿Será que después de la decisión, Mario Marín descolgó el teléfono e invito una botella de coñac a cada miembro del tribunal que votaron a favor de él? Aquí afuera hay una profunda indignación e impotencia al ver cómo nos escupen a la cara a todos con esta decisión.” Hugo Benítez

“Lo leí en La Jornada. Acá veo las fotos de estas deleznables personas. Qué ignominia, y ¿qué más se puede hacer, capitán, qué más?” PK

“A mí francamente me da asco”. cheKo

“Que sepan que protegiendo a delincuentes de la calaña de Mario Marín y de Kamel Nacif se hacen cómplices de esas redes de pederastas y de delicuentes que tanto daño hacen en nuestro país. Que sepan además que los del pueblo, que le pagamos sus sueldos y sus prerrogativas, no sólo los denunciamos, sino que nos avergonzamos de ellos.” Noé Narváez Uribe

“Qué triste se ve el futuro de un país con instituciones que no se atreven a castigar a los que abusan del poder, más triste cuando este abuso se manifiesta en misoginia y quienes lo exculpan son mujeres”. Yorch

“La SCJN ya comenzó con el furor navideño anticipando el regalo a los tres reyes mexicanos (el de la mezclilla, del cognac y de las prepubescentes). Pero este regalo otorgado a Mario Marín tiene un remitente más allá de la SCJN, lo firma el mismísimo licenciado Calderón como pago por los favores recibidos durante la elección federal del año pasado”. El patio trasero

… Y luego se escandalizan cuando decimos ‘al diablo con las instituciones’… ¿Podemos mandarlas con alguien más?” El Mensajero

“Coincido enteramente con su opinión, las razones esgrimidas por la corte por el ‘No’ son más que infantiles, completamente indignos de una Suprema Corte, hasta ahi nuestra esperanza de que algo cambie en este país, más sin embargo debemos seguir el ejemplo de Lydia de seguir inistiendo para que nuestra voz tenga eco, involucrarnos y expresar nuestra opinión para que sepan que efectivamente nos dan vergüenza. Kirzia

La Corte de la injusticia,
ha vomitado su fallo
con la destrucción de un rayo
desplegando su estulticia.
Se precian de su malicia
dan carta de impunidad
a quien viola sin piedad
los derechos de la gente,
y atropella brutalmente
a quien dice la verdad.

María de Lourdes Aguirre Beltrán

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Dan vergüenza

diciembre 4, 2007
Azuela Güitrón, Luna Ramos, Ortiz Mayagoitia

Señores magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Salvador Aguirre Anguiano, Mariano Azuela Güitrón, Margarita Luna Ramos, Guillermo Ortiz Mayagoitia, Olga Sánchez Cordero y Sergio Valls Hernández:

Ustedes tienen en las manos una vasta experiencia jurídica y el conocimiento profundo de la menudencia legal. Disponen de bibliotecas digitalizadas de jurisprudencia y cuentan con equipos de asesores e investigadores. Disfrutan de unos emolumentos que les permiten llevar un tren de vida equiparable al de los grandes empresarios, y además cuentan con alimentos, transporte, telefonía y gastos médicos mayores, todo ello pagado por nosotros, el resto de los ciudadanos. Ustedes tienen oficinas alfombradas y cómodas a fin de que puedan examinar en condiciones óptimas los graves asuntos que son sometidos a su consideración. Ustedes han sido provistos por el país de todo lo necesario, y con exceso. La idea es que no les falte nada para adoptar las decisiones correctas. Esto es así no porque ustedes sean particularmente simpáticos o preciosos o héroes de la película, papá, sino porque se espera que no nos fallen a la hora de tomar determinaciones que son inapelables e inatacables y que, por ello, no deben ser contrarias a la verdad, al sentido común y al decoro.

En el caso de las acciones emprendidas por el gobernador de Puebla, Mario Marín, y por funcionarios de su gobierno, para agredir y silenciar a una periodista honesta, ustedes tuvieron a su alcance todos los elementos, así como un generoso lapso para reflexionar, allegarse datos adicionales y consultar, en la quietud y la comodidad de sus oficinas, las páginas de la Constitución y sus propias conciencias.

La sociedad mexicana estaba particularmente pendiente de sus actuaciones en este caso porque en él se había hecho evidente hasta la náusea el ejercicio de un poder torcido, el influyentismo como factor de atropello a los ciudadanos, el nudo de complicidades –presente en tantas instancias de la República— entre el poder económico y el poder político. En ese expediente y en el fallo de ustedes estaban en juego el inicio del siempre postergado combate a la impunidad, la vigencia de la libertad de expresión, la capacidad de los órganos del Estado de corregir y sancionar abusos cometidos en oficinas públicas. Los votos de ustedes eran cruciales para poner un límite al enorme poder de las redes que trafican con menores explotados. De ustedes dependía en buena medida la restitución de las facultades de los órganos impartidores de justicia y el freno al guarurismo como estilo de gobierno.

Poco o nada podía esperarse de un candidato que criticó acremente la obscenidad del maridaje coñaquero entre Kamel Nacif y Mario Marín y que unos meses más tarde, ya en la Presidencia, optó por darle al gobernador poblano abrazos del tamaño de una factura política. Poco o nada podía esperarse de usted, Mariano Azuela Güitrón, luego que, en su calidad de presidente de un tribunal constitucional, opinó que algún fragmento de la Carta Magna está “escrito con los pies” y se descalificó a sí mismo de manera inapelable e inatacable. Del resto de ustedes, en cambio, podía (¿podía?) esperarse un poquito de independencia, distancia y ecuanimidad.

Gober precioso, presidente espurio

La sociedad confió en ustedes y se equivocó. Ustedes decidieron que la ley está divorciada de la verdad, que el principio jurídico abomina de la ética, que la Constitución ampara la impunidad.

Ustedes decidieron que no hay nada de malo ni de punible en una procuración de justicia a punta de “pinches coscorrones a las viejas cabronas” (nada que lamentar de este lenguaje, ¿verdad Margarita Luna Ramos y Olga Sánchez Cordero?), ni en escamotear notificaciones legales, ni en ser partícipe y encubridor de una conspiración para propiciar la violación de una periodista.

Después de semejante toma de posición, ya pueden ustedes, señores magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Salvador Aguirre Anguiano, Mariano Azuela, Margarita Luna Ramos, Guillermo Ortiz Mayagoitia, Olga Sánchez Cordero y Sergio Valls, poner una demanda por difamación, ir con el gober precioso de su preferencia y ofrecerle dos botellas de coñac (o una suprema absolución) para que mande guaruras a encarcelar y atropellar a los ciudadanos que pensamos, decimos y escribimos que ustedes dan vergüenza.

Valls Hernández, Aguirre Anguiano, Luna Ramos

Mi percepción de Vasconcelos

noviembre 28, 2007

Momentos de Vasconcelos

Tengo para mí que José Vasconcelos es uno de esos hombres que, como el mariscal Pétain, dedican la segunda parte de su vida a destruir lo bueno que hicieron en la primera. Vasconcelos pasó de partidario ardiente de la democracia a defensor de las dictaduras, de educador liberal a fanático religioso, de forjador de la Universidad a remendador patético de sus propias frases, hasta el punto que en su decadencia pretendió que el lema de la UNAM habría debido decir “Por mi raza blanca hablará el Espíritu Santo”

Escribí unos posts abajo que el personaje era un poquito nazi, y ahora explico el diminutivo. Sí, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial fue partidario de las potencias del eje, pero se retractó cuando se hizo del conocimiento mundial la escala de horror a la que había llegado el Tercer Reich, particularmente con el genocidio de eslavos, judíos, gitanos y otros grupos humanos. En todo caso, un un nazi que se respetara no habría sido capaz de escribir lo siguiente:

 Ninguna raza contemporánea puede presentarse por sí sola como un modelo acabado que todas las otras hayan de imitar. El mestizo y el indio, aun el negro, superan al blanco en una infinidad de capacidades propiamente espirituales. Ni en la antigüedad, ni en el presente, se ha dado jamás el caso de una raza que se baste a si misma para forjar civilización. Las épocas más ilustres de la Humanidad han sido, precisamente, aquellas en que varios pueblos disímiles se ponen en contacto y se mezclan.

Tal vez Vasconcelos se volvió loco porque no fue capaz de procesar el resultado final de la insurrección democrática de 1910, que acabó en un régimen progresista y justiciero, pero no democrático, y que lo convirtió en la primera víctima memorable de un fraude electoral escandaloso.

A diferencia de los fascistas italianos y de los nazis alemanes, Vasconcelos nunca hizo un intento serio de tomar por asalto el poder político, al cual mostró, después de su exilio, sumisión de funcionario.

Creo que, más que nazi, era un hombre sumamente contradictorio. Posiblemente su contradicción principal no fue entre el ideario democrático y la fascinación por los regímenes totalitarios, sino entre su condición de educador, maestro, impulsor del conocimiento, y su vasta ignorancia. Un ejemplo: Vasconcelos no tenía una noción ni siquiera aproximativa de conceptos como raza, etnia y cultura, que ya en su tiempo estaban bien asentados en el logos antropológico y filosófico. Munido con ese escandaloso desconocimiento, cometió la hazaña de escribir un ensayo sobre un tema del que no tenía la más puta idea. Que conste: con una alarmante frecuencia, los periodistas emulamos esa empresa.


Amarren a sus perros

noviembre 27, 2007

La tarde del domingo 23 de octubre de 2005, cuando empezaban a conocerse los resultados de la elección interna de Acción Nacional en Michoacán para designar al candidato presidencial de ese partido, llegaron a los teléfonos celulares de los principales colaboradores de Santiago Creel mensajes de texto sin firma que decían: “¿Así o más?”, en clara referencia a la abrumadora derrota sufrida por el ex secretario de Gobernación (Alberto Nájar, Masiosare, La Jornada, 6/11/05). En efecto, su rival, Felipe Calderón, había logrado en su estado natal el 72 por ciento de los votos en esos comicios realizados bajo un cúmulo de sospechas cuyos fundamentos fueron popularmente bautizados “el cochinero azul”: “acarreo de votantes, coacción y compra del voto con mecanismos como la operación cochinita y el reparto de despensas” que, a la postre, la dirigencia panista minimizó como “problemas de coordinación y negligencia” (Claudia Herrera Beltrán, La Jornada, 23/10/05). Unos días antes, Juan Camilo Mouriño, a la sazón coordinador de la campaña del michoacano, descartó que su jefe fuera a pagar factura alguna porque “no nos hemos unido a la maestra” (30/10/05).

El estilo es el hombre. Esos tres detalles tempranos dan el tono de lo ocurrido en el curso del año siguiente y de lo que ha venido ocurriendo desde entonces. Unos meses después de que Calderón amarrara, en el comicio michoacano, la nominación presidencial de su partido, el mezquino mensaje “¿Así o más?” se transformó en un bombardeo de mentiras, insultos, desinformación y difamación contra su rival, y buena parte de esa campaña sucia se llevó a cabo por medio de mensajes de correo electrónico, presentaciones de Power Point y comentarios en páginas y blogs. Como se documentó en su momento, no poco de esa basura salió de computadoras ubicadas en oficinas públicas del gobierno federal. “El cochinero azul” fue precedente de un “haiga sido como haiga sido”, reconocido motu proprio, que muchos sabemos cómo fue: el documental de Luis Mandoki, Fraude México 2006, todavía en cartelera a pesar de las conjuras contra la cinta, explica con nitidez ese “cómo”. La negación de lo cierto y la afirmación de lo falso se han mantenido, corregidas y aumentadas con respecto al foxismo, como pilares del discurso oficial.

En días recientes, a raíz de la incursión del 18 de noviembre a Catedral por parte de un grupo de exaltados vociferantes, algunos de los que opinaron en público que tal episodio se había originado en una provocación no muy ajena a los estilos del calderonismo ahora gobernante, recibieron en su correo electrónico y/o en sus blogs –es el caso del que firma–, además de divergencias y coincidencias razonadas, una catarata de mensajes y comentarios anónimos sin ningún sustento conceptual, que parecen fabricados en serie y que van del insulto a secas a exhortaciones al linchamiento, aderezadas, en algunos casos, con vivas al fascismo y otras lindezas.

Sin duda, es muy improbable que el jefe del Ejecutivo federal se ponga a aporrear teclados y a urdir seudónimos internéticos para hostigar a detractores, pero es posible que ahora, como ocurrió hace dos años, y como sucedió antes de los comicios de 2006, alguien en el círculo presidencial instigue esa clase de andanadas.

Parece del todo inútil presentar denuncias penales por estas acciones, entre otras razones porque desde el sexenio pasado la Procuraduría General de la República está convertida en instrumento de los caprichos presidenciales y en tapadera de las pifias del poder federal. Si algo faltaba para perder cualquier vestigio de confianza en ese dependencia, basta con leer la reacción de José Luis Santiago Vasconcelos ante la denuncia presentada recientemente por Andrés Manuel López Obrador contra Calderón, Fox, Zedillo y Salinas por el pésimo manejo del sistema hidroeléctrico en el sureste de México: la querella interpuesta fue, dijo Santiago, “extremadamente amoral (sic), políticamente reprobable” y “socialmente muy desagradable”.

Tripulados o no, concertados o no, algunos exaltados de la derecha nacional envenenan la vida pública del país más de lo que ya está, y con ello le hacen un flaco favor a su liderazgo, el cual se enfrenta, desde una presidencia impugnada y atrás de las vallas del Estado Mayor Presidencial, a un país fracturado y polarizado. Por eso, si el calderonismo quiere evitar una descomposición política mayor y seguir haciendo como que gobierna de aquí a 2012, no estaría mal que amarrara a sus perros.


20 de noviembre: de los plomazos a los chiflidos

noviembre 26, 2007

María Petrona Mori, madre de Porfirio Díaz, hacia 1854 (Wikipedia)

Las palabras “Revolución Mexicana” traen a la mente imágenes gloriosas, libros de texto, nombres de calles, fotos oxidadas de Casasola, museos, trenes rellenos de Adelitas, películas y corridos. Uno piensa en lejanos momentos que fueron luminosos para el país, tras la larga noche del Porfiriato. Uno recuerda los artículos 3°, 27 y 123 constitucionales, el reparto agrario, el Seguro Social, los murales de Bellas Artes, las bases de una política exterior soberana.

La memoria organiza una ensalada de nombres: Madero, Zapata, Villa, Obregón, los Flores Magón, Genovevo de la O, Felipe Ángeles… Rara vez, en cambio, se piensa que los máximos y verdaderos instigadores de la Revolución Mexicana fueron José Yves Limantour y Porfirio Díaz.

Este último empezó como héroe de la República, en tiempos de la Intervención Francesa, pasó por una época de político chillón (lloró de vergüenza en la tribuna del Congreso a fines de 1874 cuando no pudo pronunciar decentemente un discurso y volvió a llorar dos años más tarde, cuando, rebelado contra el presidente Lerdo de Tejada, fue derrotado por Mariano Escobedo en Icamole, Nuevo León) y acabó de dictador entreguista y asesino. Todo (su facilidad para las lágrimas y su carácter despiadado) se explica por la expresión facial de su mamá, doña María Petrona Mori, una mujer que de seguro era admirable (cuando murió su marido, ella sola sacó adelante a sus hijos) pero cuya mirada podía hacer que hasta un adulto se cagara del susto, y cuantimás un escuincle oaxaqueño al que le faltaba mucho para llegar a general.

Por mucho que haya permeado en nosotros la imagen de los hombres alborozados que decidían irse a “la bola”, no habría que olvidar que los revolucionarios no fueron a ponerse en el camino de las balas sólo por ganas de echar desmadre, sino porque no les dejaron otro camino. No se lo dejó Díaz a Madero, no se lo dejó Madero a Zapata, no se lo dejaron a Villa Carranza y Obregón.

Evocamos el bronce, los avances logrados, el desquite del pueblo, pero olvidamos con frecuencia que eso que llamamos La Revolución Mexicana fue una larga y espantosa pesadilla para quienes la vivieron: muerte, destrucción, desplazamientos, hambre, inestabilidad, incertidumbre. Tampoco habría que olvidar que el júbilo de una dictadura derrumbada fue previo a los largos años de violencia en que se vio sumido el país, primero por efecto de la contrarrevolución del espurio Victoriano Huerta, y después porque los caudillos menos revolucionarios se dedicaron a matar a los que lo eran más.

En realidad, lo que festejamos el 20 de noviembre no es la sustitución de un autócrata (Díaz) por un incauto (Madero), ni la carnicería que siguió tras el asesinato vil del segundo, sino el final de todo ese horror y su legado bueno. El régimen posrevolucionario se colgó de esa fecha porque no hay ninguna precisa para el término de la Revolución: ésta no tuvo ceremonia de clausura ni cierre definido (hay que recordar que cuando Zapata y Villa fueron asesinados ya estaba vigente la Constitución actual) y la violencia armada se perpetuó hasta bien entrado el Siglo XX en forma de alzamientos esporádicos de caudillos insumisos y bajo el manto o la sotana de la Guerra Cristera.

Carranza, Obregón, Calles y demás caciques norteños que triunfaron sobre las huestes populares de Villa y de Zapata, se robaron algunas banderas de los derrotados porque, después de siete (o diez, o doce) años de combates, pillajes y paredones de fusilamiento, y con el país hecho pedazos, éste no habría aceptado un simple regreso a la vieja paz porfiriana. Los nuevos jefes necesitaban agregar legitimidad (por más que en aquellos tiempos la palabreja no estuviera de moda) a su poderío militar y, así fuera en medio de traiciones, intrigas, corruptelas y chingaderas mayúsculas, dieron paso a la construcción de un régimen más justo, más moderno y, con todo y todo, menos antidemocrático y excluyente que la dictadura porfiriana. Al término de la lucha armada, la vida política de la República dio márgenes de acción a constructores de la Nación como Narciso Bassols, Francisco J. Múgica, Heriberto Jara y, desde luego, el general Lázaro Cárdenas del Río, y también a figuras tan contrastantes como el jacobino Tomás Garrido Canabal, asesino de curas nomás porque sí, y el brillante José Vasconcelos, quien al paso de los años se volvió un poquito nazi, y a quien se atribuye la frase “en Sonora termina la civilización y comienza la carne asada”.

Nuestra noción de la Revolución Mexicana se confunde también con los frutos –algunos muy tardíos— de las luchas armadas que tuvieron lugar entre 1910 y 1918, por lo menos: garantías individuales, obra educativa y cultural, derechos colectivos de las comunidades, ejidos, conquistas laborales, seguro social, expropiación petrolera, diplomacia independiente, carreteras, aeropuertos, refinerías, hidroeléctricas, es decir, todo lo que se desarrolló a partir de los acuerdos que permitieron poner fin, poco a poco, a las confrontaciones violentas.

Todo eso empezó a terminarse a partir de 1982, cuando llegó a la Presidencia Miguel de la Madrid, el primer tecnócrata desde tiempos de los “científicos” de Porfirio Díaz, y la regresión se aceleró y tomó rumbo definido cuando Carlos Salinas de Gortari fue impuesto como jefe del Ejecutivo federal, en 1988, mediante un fraude electoral tan escandaloso como el de 2006. De Salinas a Zedillo, de Zedillo a Fox, de Fox a Calderón, el descuartizamiento de la Nación ha mantenido un rumbo firme, claro y coherente: el país se mueve hacia un porfiriato con Internet y satélites, la sociedad vuelve a ser chusma a ojos de los poderosos, se reinstala el poder de las sotanas y las casacas militares, el país pierde su soberanía y las hordas policiales vuelven a romperles la cabeza a los disidentes, a los inconformes, a los obreros en huelga, a las comunidades rebeldes. Los inversionistas (extranjeros o mexicanos, pero preferiblemente extranjeros) se reparten la zalea de la propiedad otrora pública y uno se pregunta cuánto falta para que el grupo en el poder acabe instigando una nueva Revolución Mexicana.

El proceso parece indetenible, y quién sabe si sea más fácil contener al grupo gobernante que tumbarlo. Felipe Calderón tiene aspiraciones de Porfirio, pero las tragedias de la historia se repiten como farsa y nadie en su sano juicio pensaría, hoy, en procurar una repetición del ciclo de violencia que tuvo lugar en la segunda década del siglo pasado; el desafío actual es conseguir que los neoporfiristas que desgobiernan se larguen del poder, y lograrlo no con plomazos sino con chiflidos.

Ma. del Carmen Hinojosa Rodríguez, mamá de Felipe Calderón, en 2007


Homenaje a unos gringos maravillosos

noviembre 25, 2007

Hace setenta años, los voluntarios de la Brigada Lincoln enfrentaron al fascismo, armas en mano, en la España desolada por la sublevación militar, y muchos de ellos quedaron en el Valle del Jarama. Hoy, cuando la Casa Blanca se gasta el dinero de los contribuyentes en enviar mercenarios a Irak para que asesinen a mujeres y niños, los brigadistas que todavía viven se sacuden los achaques y salen a las calles, codo a codo con veteranos de otras guerras, a exigir la paz. La gente de buena voluntad en el mundo tiene una deuda enorme con ellos, los vivos y los muertos. Viejos y queridos hermanos, los tengo siempre en el corazón.

“Durante la guerra, el Batallón Lincoln participó en la Batalla del Jarama, defendiendo las comunicaciones entre Valencia y Madrid. También estuvieron presentes en las batallas de Brunete, Belchite y Teruel.
En España el Batallón Lincoln fue apreciado como uno más, pero en Estados Unidos fue considerado como un símbolo romántico de la lucha contra la desigualdad y la opresión fascista, y catalizó buena parte de la campaña a favor de la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.
No obstante, al final de la guerra civil fueron acusados de «simpatizantes de la Unión Soviética» y, durante la Caza de Brujas tras la Segunda Guerra Mundial en la que se persiguió a cualquier sospechoso de ser simpatizante del marxismo, fueron considerados un «peligro» para la seguridad nacional por parte del gobierno estadunidense.”

Wikipedia


Campana sobre campana

noviembre 23, 2007

A cinco días sigo convencido que el escándalo del campanario catedralicio del domingo pasado fue una provocación muy bien urdida contra la Convención Nacional Democrática. Posiblemente no sólo se pretendiera sepultar en los medios el discurso del Peje sino también desviar la atención de Fraude 2006, que ha sido un éxito y que contiene unas escenas casi pornográficas de Norberto con los mafiosos prianistas. Dejo aquí datos que he ido recopilando sobre el campaneo provocador:

LLAMADAS ORDINARIAS A MISA

La primera se da media hora antes de la celebración, con la campana mayor o la campana destinada a la Misa. Primero se da una campanada y se deja un espacio de tiempo; luego se dan quince golpes seguidos, y se deja otra pausa; y se termina con una campanada.

La segunda llamada se da quince minutos antes de la celebración, con la campana mayor o la campana destinada a la Misa. Primero se dan dos campanadas pausadas y se deja un espacio de tiempo; enseguida se dan veinte golpes seguidos, y se deja otra pausa; y se termina con otras dos campanadas. La última se da al sonar la hora de la celebración, con la misma campana. Primero se dan tres campanadas pausadas y se deja un espacio de tiempo; luego se dan veinticinco golpes seguidos, se deja al final otra pausa; se repiten luego las tres campanadas pausadas y acompasadas; y se termina con cuatro toques seguidos, ni tan juntos que no se puedan distinguir, ni tan dilatados que se olviden.”

DATA DE SIGLOS EL REPIQUE DE CAMPANAS

El campanero de la Catedral Metropolitana, Rafael Parra Castañeda, afirmó que el sonido de las campanas que llaman a la misa mayor desde las torres de la Catedral Metropolitana es normal y se ha realizado desde hace siglos cada domingo cerca del mediodía. El responsable de realizar este llamado desde el recinto, sostuvo que las campanadas previas a la misa en todo el mundo desde hace siglos sólo se tañen para gloria de Dios. ‘Las campanas tocan según el tiempo litúrgico que vivimos, en este caso el domingo pasado se repicó como Domingo Ordinario, tal y como corresponde al calendario litúrgico’, señaló el Diácono Permanente. El religioso afirmó que de acuerdo con el manual de procedimientos de la Catedral Metropolitana, el domingo pasado se hicieron tocar las campanas desde las 11:28 de la mañana en el primer llamado: ‘Consiste en el toque de una campana y 25 repiques; esto dura un minuto’. Los repiques se realizan ordinariamente con las esquilas o campanas giratorias, explicó.

Para las 11:43 se hace la segunda llamada con dos toques de campana con 25 repiques cada uno y dura un minuto y medio aproximadamente. Es el último llamado el más prolongado: A las 11:50 se toca la Campana Mayor, la Santa María de Guadalupe, de 12.8 toneladas con un sonido de Fa Mayor; posteriormente se reza el Ángelus con los repiques del Ave María que dura 6 ó 7 minutos, justo antes de dejar que suenen las campanillas del reloj de Catedral (recientemente restauradas) anunciando el mediodía. Después la campanadas vuelven a sonar con la Plegaria o Rogativa, donde en la torre oriente se tocan 13 campanas de diferente nota musical para emular la plegaria: ‘Ruego al Señor por ti, y te rogamos Señor’. Esta plegaria se repite 3 veces y el repique finaliza con el tañido de las campanas de mayor tamaño; esto se realiza una vez que ya ha iniciado la procesión hacia el altar para la celebración eucarística dominical. Rafael Parra asegura que no han sido pocas las ocasiones en que justo al mediodía los políticos y candidatos que presiden concentraciones en el Zócalo capitalino suelen decir: ‘escuchen cómo las campanas de la Catedral nos reciben, ahora pasó justo lo contrario’.”

 

A todos los Fieles de este nuestro Arzobispado salud en nuestro Señor Jesu Christo.

Así como es verdad inegable que nadie tendria razon para reprobar el moderado uso de las Campanas atendidos los santos fines, el cuidado, i solemnidad, conque las bendice i consagra nuestra Santa Madre la Iglesia, i la comodidad que traen á todos, á lo menos para saber la hora en que se celebran en los Templos los Divinos Oficios, asi tambien es cierto que no habrá fundamento racional para aprobar el intolerable exceso, que se ha introducido, de los toques, por las molestias i vexaciones que causan.

De esto se sigue claramente no ser justo el abusar i hacer odioso ó ridiculo lo que tiene tan santo destino, pues segun varias leyes puede cualquiera empleado en estudios i en ministerios publicos embarazar que toquen inmoderadamente las Campanas contra su debido uso i necesidad, é igual privilegio se concede á los enfermos, porque aquel estrepito desarreglado les es perjudicial imponderablemente, lo qual es punto decidido en la Rota Romana, porque tenemos obligacion de mirar por los que estando con graves accidentes padecen mucho con los toques continuos i pesados; Para evitar estos inconvenientes debe haber reglas fijas en el modo de tocarlas, i no dexarlo al arbitrio i voluntariedad de los que hacen diversion ó de otras personas inconsideradas, i establecer como se deben tocar prohibiendo los toques nocturnos, extraordinarios, largos, i á deshora.

Mucho más quando ha llegado al estremo de no haber mas regla que tocar á el que mas puede, i tocar con las mas grandes i con el mayor numero de Campanas que se puede de suerte que si se tirára de intento a échar de las torres abaxo las lenguas de las Campanas, ó á romper las mismas campanas i desquiciarlas de sus Espigas para que cayeran con fatal riesgo de muchas personas, no parece que se podria echar mano de medios mas eficaces que los que algunos practican haciendo ver la justicia de aquel dictamen dado muchos años há de que : por la publica utilidad pueden ser expelidos los immoderados tocadores de las Campanas porque dañan á los habitantes con el importuno i no necesario ruido aturdidor de ellas; pudiendose afirmar asimismo Que esto no es culto divino, sino estrepito humano, Que se confunden asi las festividades i clases, i Que se trastorna desde los fundamentos el intento discreto i santo de la Iglesia.

A fin pues de cortar de raiz este abuso tan reprobado é insufrible, despues de encargar, como encargamos por este Edicto que en todos los Campanarios se pongan en el modo posible unas tablas como las que hai en el de nuestra Santa Iglesia Metropolitana, para precaver las mortales caidas de las personas que tocan, i otras desgracias por desprenderse las Lenguas ó Campanas mismas, i para detener en mucha parte lo ingrato que tenga su sonido.

Despues de esto, declaramos i mandamos pena de Excomunion Mayor que no se pueda tocar á vuelo aun en las Festividades mas solemnes sino en las visperas de ellas, á las primeras Oraciones de la noche, el dia siguiente antes de comenzar el Oficio, i á medio dia; pero estos vuelos no han de ser con todas las Campanas, i sí con tanta moderacion que no llegue á molestar este toque i solo dure cinco minutos, i á la media hora otros cinco, i parar las Campanas; pues de este modo se anuncia i se hace notoria suficientemente la Festividad. Quando sale una Procesion General, i quando vuelve á la Iglesia, i en las Iglesias por donde pasa, al tiempo mismo de pasar, podrán tocar las Campanas pero con la limitacion dicha. En todas las Festividades partículares de todas las Iglesias, sin excepcion, pues todas están sugetas á la Disciplina general que ordenen los respectivos Arzobispos ú Obispos, solo se tocarán breves repiques sin vuelos en las horas mismas que quedan dichas.

Dobles, primeras, i segundas clases. I con solo estos repiques se debe hacer señal para los Oficios en los dias dobles, primeras, i segundas clases, pero sin ser tan largos que lleguen á ser enfadosos, pues solo se deben hacer dos, uno para llamar y otro para empezar, de modo que el toque no debe pasar de la hora establecida para dar principio á los Divinos Oficios, pero con tal que ninguno de ellos pase de cinco minutos, y no se volverán despues á tocar las Campanas con motivo alguno. En los dias Feriales, Simples, y Semidobles, deben tocarse con mas brevedad i menos solemnidad.

Dado para todo este nuestro Arzobispado de Valencia á treinta dias del mes de Septiembre de mil setecientos noventa años.

Francisco Arzobispo de Valencia”

 

Toque de misa mayor: normalmente es el toque de gloria, se toca los días festivos (incluidos los domingos) y en las procesiones. Este es el toque por excelencia dónde se oye y se aprecia la calidad del campanero, un buen campanero es aquel que le saca música a las campanas, consigue acariciar el badajo y la campana, con suavidad, cuanto más suave sea la caricia mejor sonará. Cada campanero tiene su propio estilo. Se usan las dos campanas, se inicia con un pequeño intercambio de golpeos con ambas campanas simultáneamente, y alternativamente como afinándolas y tanteando su peso, los golpeos son casi seguidos, como precalentamiento, luego ya empieza el concierto en sí, alternando y combinando golpeos seguidos, rápidos y acompasados, cambiando el ritmo segÚn el repertorio de cada campanero, puede durar varios minutos. El sonido resultante no puede ser molesto, todo lo contrario.


Medio minuto agudo y penetrante de campana a las 5:30 de la mañana hace en un instante poner en conmoción a todos los habitantes de San José de la Montaña.”

 

 


Y justo a las cero horas, con el nacimiento del 2000 las campanas de Catedral fueron nuevamente protagonistas de la fiesta: un minuto de repique para gritar a los cuatro vientos: “¡Bienvenido milenio!”, en una fiesta mexicana llena de color en la que no pudo faltar la música de mariachi al gran festejado de la noche: el año nuevo, aunque antes, con un poco de nostalgia se despidiera a 1999 entre los acordes de “Las Golondrinas” y la voz del tenor De la Mora.”

 

Los domingos se realiza un desordenado toque de la práctica totalidad de las campanas, sin otro motivo que una posible orden del Papa Juan Pablo II, dictada en 1983, y de la que no tenemos conocimiento. Así como la recuperación de diversas señales del culto divino de cada día nos parece excelente (aunque todavía incompleta), el toque desaforado de los domingos nos parece un exceso sin justificación. Debiera estudiarse los toques antiguos (de los que, sin duda, hay una buena relación o varias en los ricos archivos capitulares), así como entrevistar cuidadosamente a Don Polo y sus ayudantes, e incluso grabarles en vídeo (si fuera posible), para recoger y fijar técnicas y ritmos de los toques. En cuanto a los toques de los domingos, seguramente recogidos por la tradición, deben establecerse según una necesaria jerarquía, utilizando de menos a más campanas, para diferenciar y reconocer las festividades: domingo ordinario: alguna esquila, alguna campana fija.”

Francesc Llop I Bayo, México, a 29 de septiembre de 1997.


“La pregunta no es por qué repicaron las campanas de la Catedral, sino por qué lo hicieron durante 12 minutos. Desde el pontificado de Paulo VI se estableció que las catedrales del mundo darían un repique (es decir, campanas a vuelo) todos los sábados para rogar por la paz en el mundo. Luego, el repique se hizo extensivo a dos días (sábado y domingo). Y ahora es diario. Sin embargo, ese repique siempre ha sido de cinco minutos, de 11:55 a 12:00 horas, lo que puedo jurar ya que vivo dos calles detrás, exactamente, de la Catedral. ¿Por qué ese día fue de 12 minutos? Es algo que deberá explicar la Arquidiócesis.

Salvador Ávila Beltrán