A mayor abundamiento

21 de junio de 2007,14:11:15

“Estimado Pedro Miguel,

Me imagino que recibes una cantidad importante de correos electrónicos todos los días y por lo mismo no tienes tiempo de responder a tod@s l@s lector@s de tu columna, así que no espero una respuesta a este correo. Sin embargo, me encantaría recibirla porque no estoy de acuerdo con parte de lo que argumentas y me gustaría saber tu opinión al respecto.

En Navegaciones publicado hoy jueves 21 de junio de 2007, en la última sección, se menciona que la razón por la que el ex-presidente Fox destinó 31 mdd al financiamiento de OMP fue “quedar bien con Occidente y presentarse como un gobernante moderno, democrático y humanista que nunca fue”. Tengo muchos puntos sobre esta aseveración. Con lo único que estoy de acuerdo es que Fox no era un gobernante moderno, democrático y humanista. De ahí en fuera creo que deben hacerse varias precisiones.

Primero, si durante la administración de Fox se destinó una cantidad importante de dólares al presupuesto de las OMP no fue porque una decisión personal de Fox o de alguno de sus colaboradores, sino porque es una obligación del Estado mexicano como miembro de las Naciones Unidas. Lo anterior, en virtud del artículo 17 de la Carta de San Francisco y de la Opinión Consultiva de la CIJ del 20 de julio de 1962.

Segundo, aun cuando es totalmente reprobable la actitud de algunos cascos azules y por supuesto que son culpables de los delitos que se les imputa en varias misiones (como bien señalas en tu columna), han sido casos aislados y de ninguna manera representa la conducta de la mayoría de los cascos azules en el mundo. Lo que más me molestó de tu columna es que de su lectura podría inferirse que es un grave error que México contribuya a OMP, con lo cual estoy totalmente en contra por muchas razones. Para todos aquellos que creemos en la existencia de una comunidad internacional que aun con instituciones débiles como Naciones Unidas ha podido dar algunos pasos adelante en la protección de la persona humana a través de acciones como el apoyo en situaciones post-conflicto, es absolutamente reprochable el que hagas inferir a tus lectores que lo que hizo el Estado mexicano (y no Fox, como argumenté en el párrafo anterior) es incorrecto porque puede terminar financiando la explotación de personas. Además de esto hay otros dos puntos que quisiera señalar.

1) Desafortunadamente en México, la opinión pública en general, parte de la clase política e incluso dentro de la comunidad académica, no hay una vocación internacionalista. No sólo no conocemos los conflictos internacionales más graves que vive nuestro planeta, sino que cuando sabemos un poco de ellos, preferimos ignorarlos porque “está del otro lado del mundo”. Por este motivo, es loable que llames la atención sobre una asunto internacional terrible (los delitos que han cometido algunos cascos azules), pero creo que el último párrafo de tu escrito puede fomentar que algunas personas se opongan al financiamiento para OMP que no sólo es necesario, sino obligatorio porque es una disposición contractual. ¿Por qué habrías de fomentar este tipo de actitudes? ¿Estás en contra del financiamiento a OMP?

2) Si alguna vez has platicado con cascos azules te diste cuenta que son personas que merecen todo nuestro respeto porque la labor que realizan va más allá del dinero que obtienen por ello. Ponen su vida en peligro por resguardar “la paz y seguridad internacionales”, por colaborar a la reconstrucción de países que los académicos denominarían “Estados colapsados”, por proteger a los derechos humanos, por asegurar que los víveres lleguen a la población civil, entre muchas otras acciones. Repito, el último párrafo de tu artículo invita a reconsiderar la pertinencia de financiar estas acciones y creo que eso o no lo consideraste a la hora de escribirlo o crees que muy probablemente “algunos de esos dólares salidos de nuestros impuestos hayan servido para pagar la explotación de las kidogo usharatis congolesas o, peor aún, hayan hecho parte del salario de los violadores de niñas en Yuba.”

Para finalizar, quisiera reiterar que no estoy negando de ninguna manera que se hayan presentado casos aislados de comisión de delitos por parte de cascos azules, pero esto no representa en la realidad el comportamiento de la gran mayoría de cascos azules y por ello deberíamos de cuidar nuestras palabras para no caer en generalizaciones.

Espero no tomes mal estos breves comentarios. El asunto que tocaste en tu columna lo he estado siguiendo de cerca y por ello me atreví a escribirte para disentir sobre algunas de tus aseveraciones.

Saludos,

Stephanie Black León

4 respuestas a A mayor abundamiento

  1. El Ocioso dice:

    Que Stephanie abra su blog y caso resuelto.

  2. Bruno dice:

    Se trata de una crítica de fondo del artículo de Pedro. De seguro él podría explicar más, pero por el momento le quiero felicitar por su apertura. No cualquiera publique algo así.

  3. Pedro Miguel dice:

    Apreciable Stephanie:

    Agradezco tu inteligente y fundamentada carta y acuso recibo de preocupaciones legítimas y razonables.

    Lo último que le hace falta al mundo es que la ONU termine de perder el margen de autoridad y de acción que le queda, y desde luego que un planeta sin cascos azules no sería mejor que el que actualmente tenemos.

    Admito de entrada, en este sentido, que mi texto careció de un elemento de equilibrio: referir la función positiva de cuerpos de paz en algunos contextos desesperados y desesperantes. Por otra parte, en un afán de consignar un exceso de datos concretos, omití centrarme en lo que es, a mi juicio, el tema fundamental: que, a falta de controles adecuados, y en una circunstancia dominada por la ley del más fuerte, nada garantiza que las tropas internacionales no se comporten como un grupo armado más y no cometan, con base en el poder que detentan, atropellos graves contra una población en condiciones de extremo desamparo.

    Creo que los abusos de las fuerzas multinacionales constituyen un patrón, no una excepción. No será un patrón generalizado, ciertamente, pero salvo los casos de Líbano y el Sahara occidental (en donde son de veras simples espectadoras), los atropellos ocurren prácticamente en cada país en el que son desplegadas, y no por unidades, sino por decenas. Hace muchos años que se denuncia estas atrocidades (¿cuántos han pasado desde que fueron enviadas a Camboya?) y, a lo que puede verse, ninguna autoridad internacional ha dado con la forma de ponerles freno. En los hechos los cascos azules disfrutan, durante sus misiones, de algo muy parecido a una inmunidad judicial absoluta, y tengo la impresión de que esta abominación ha sido tácitamente aceptada como un mal menor: “Bueno, las violaron, pero al menos les salvaron la vida”. Perdona la brutalidad con que enuncio el problema, pero es la interpretación que me hago de la incapacidad de la ONU para prevenir prácticas que ocurren una, y otra, y otra, y otra, y otra vez. ¿Qué hace falta? ¿Cambiar la legislación internacional? ¿Dar mayores atribuciones a la CPI para que, ex oficio, investigue y sancione las barbaridades que cometan los militares extranjeros enviados en misiones de la ONU? No lo sé: no soy experto en el tema sino simple transmisor de mis propios sentires. Pero me parece que el asunto se tiene que discutir y algo se tiene que hacer para garantizar que los contingentes de la ONU no actúen como una tropa cualquiera de ocupación en los países y regiones en los que se encuentran destacados.

    De México: no es necesariamente el fondo lo que critico, sino la forma. La opacidad en el proceder me resulta escandalosa, especialmente a la luz de los abusos cometidos precisamente por elementos de cuerpos de paz a los que contribuimos a financiar.¿Quién decidió cuánto dinero destinar a cada misión, y con base en qué razones y consideraciones? ¿Se hizo un análisis de cada situación? ¿Quién fiscalizó la correcta aplicación de los recursos? ¿Se molestó la Cancillería en pedir un reporte de los abusos? Pues no, porque la entrega de esos dineros no estaba motivada por un genuino interés en el drama humano del Congo o de Sudán, sino por el afán de presentar al gobierno foxista como muy cumplidor de sus obligaciones internacionales. O sea: los fondos se emplearon con un criterio patrimonialista, para comprar beneficios diplomáticos, no para ayudar a naciones en problemas. Es probable que para esos 32 millones de dólares las misiones de paz hayan sido un mejor destino que los bolsillos de los Sahagunes, pero no tenemos forma de estar seguros.

    No dudo de la abnegación, integridad y entrega de muchos soldados destacados como cascos azules en misiones de la ONU. Si tienes referencia de alguna historia en particular, te ruego que me pongas sobre la pista para que yo a mi vez la difunda, así sea como compensación tardía e insuficiente por la falta de equilibrio a que me referí párrafos arriba.

    Te reitero el agradecimiento y cuenta, desde luego, con una respuesta para cada uno de tus mensajes.

    Ocioso: qué extraño comentario. El propósito de este blog no es monologar sino dialogar.

    Gracias, Bruno. Espero que las explicaciones que van en esta entrada sean las que requieres.

  4. Bruno dice:

    Pedro: respondiste muy bien, dejando claro que no se trata de los mentados “casos aislados” de siempre. O sea, te negaste a “relativizar” el problema, de la manera tradicional. En todos lados se cuecen las habas, eso sí, pero no siempre la fallas de deben al cocinero, sino a la receta. Aquí se trata de una receta fallida, la ONU, que hay que rescatar. Dicen que peca igual él que mata la vaca al que él que le agarra la pata. No es cierto en este caso: peca más. El labor de la ONU ha sido de solapar y así perpetuar el crímen (como has dejado bien claro). Esto es un crímen mayor que los mismos crímenes que solapa.

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