Del Mayflower a las pateras

abril 30, 2006
  • Fundamentalistas e indocumentados
  • Sostiene Plaqueta: los juguetes de la paz

Uno deja el terruño porque se muere de hambre; porque quiere tener más posesiones; porque lo persiguen para matarlo o marcarlo con un hierro candente o simple y civilizadamente encarcelarlo; porque se enamoró de alguien que vive en Birmania; porque no está a gusto con las leyes y costumbres de su entorno natal; porque lo destierran; porque quiere acercarse a Dios; porque sus padres le resultan antipáticos; porque admira los paisajes extraños; porque siente empatía hacia los habitantes de otras tierras; porque en el lugar de origen ser mujer es casi un delito; porque quiere reunirse con amigos, socios y familiares; porque acató el llamado de algún cromosoma antiguo; por curiosidad, por varias de esas razones combinadas o por alguna diferente. Hemos pasado el último millón de años en tránsito de un valle a otro, de un litoral a otro, de un continente a otro. Como consecuencia la humanidad está mezclada sin remedio y los pueblos originarios son una patraña: los americanos provienen de Asia, los asiáticos proceden de Europa, los europeos vienen de África y los primeros humanos surgieron del abismo de la animalidad en las praderas de Etiopía y Kenia. La especie bien podría llamarse Homo Viator.

El Mayflower

Los habitantes primigenios de Norteamérica llegaron a esta región hambrientos, cagados de frío, sin pediatras ni encendedores ni documentos de identidad. Los fundadores de lo que habrían de ser las Trece Colonias arribaron milenios después, en embarcaciones precarias. La más emblemática fue el Mayflower, que pasó por innumerables peripecias y salidas en falso desde el puerto inglés de Plymouth. La nave hizo escala en San Juan de Terranova, localidad hoy canadiense que había sido colonizada un siglo antes por pescadores vascos y muchos milenios antes por asiáticos procedentes de Behring. Aunque carecían de visa, los peregrinos del Mayflower no fueron recibidos con balas de gas pimienta sino con agua y provisiones para que continuaran su viaje, el cual culminó en las costas de Nueva Inglaterra, en noviembre de 1620.

El invierno los tomó por sorpresa en el asentamiento que fundaron y el hambre y las bajas temperaturas mataron a cerca de la mitad de los 102 que eran. Otros se salvaron por la comida que les regalaron los indios wampanoag, quienes además les dieron capacitación para cultivar el maíz. Al año siguiente las autoridades de la colonia recién creada establecieron “un día de dar gracias al Señor”, que es hasta hoy la celebración más acendrada de estadunidenses y canadienses. Además, en muestra de agradecimiento a sus benefactores, los colonos europeos los echaron de sus tierras y los exterminaron. Medio siglo después de la primera celebración del Día de Acción de Gracias, quedaban sólo 400 wampanoags vivos.

Los nuevos colonizadores eran cristianos radicales procedentes de Inglaterra y Holanda. Reprochaban a los anglicanos sus concesiones al catolicismo; eran puritanos, moralistas e intolerantes; pensaban que la función primordial de los gobiernos era hacer cumplir la voluntad divina y castigaban severamente a los bebedores, a los adúlteros, a quienes trabajaban en domingo y a los herejes. En las primeras colonias se restringía el derecho de voto a los integrantes de la iglesia y se pagaba los sueldos de los ministros con dinero procedente de los impuestos. Ustedes disculpen, pero lo anterior me trae a la cabeza las formas de gobierno ideadas en las postrimerías del siglo XX por los ayatolas chiítas y los talibanes sunitas.
La vertiente de la tolerancia surgió posteriormente en diversos asentamientos (Rhode Island, Maryland, Pensilvania) en donde incluso se garantizaba la libertad religiosa y la separación entre la Iglesia y el Estado. Pero los peregrinos del Mayflower, fundadores de lo que es ahora Estados Unidos, eran fundamentalistas y, desde luego, migrantes indocumentados. Fueron la simiente de un proyecto nacional que en su construcción fusionó la utopía social con la depredación, el pillaje y el exterminio de los pueblos que le habían antecedido en la población de Norteamérica.
Hoy en día el fundamentalismo y la migración indocumentada son las líneas rectoras de las paranoias y las fobias estadunidenses. Tal vez sea el reflejo de una mala conciencia histórica por parte de la comunidad wasp (White, Anglo-Saxon, Protestant, blanca, anglosajona, protestante), aún hegemónica. Los supremacistas y los chovinistas perciben a los migrantes latinos como “invasores” que amenazan con destruir el país al que llegan, en una extrapolación de lo realizado por los migrantes europeos y su expansión sangrienta, durante los siglos XVII, XVIII y XIX, en tierras que pertenecían a pueblos apaches, mohicanos, navajos, yaquis, cheyennes, esquimales, iroqueses y mexicanos.

Las actuales pateras y otras embarcaciones inciertas que naufragan y ahogan a sus ocupantes en sus trayectos desde los sures miserables hacia los nortes opulentos son una reedición contemporánea del Mayflower, pero los forasteros de ahora no quieren fundar nada que no sea sus propias vidas, ni despojar ni destruir a nadie, sino evitar su propia destrucción. En su derecho a ser va implícito el derecho a migrar. Hay que conseguir que los racistas, los chovinistas y los paranoicos, los dejen en paz. Por eso mañana, lunes primero de mayo, me abstendré de comprar productos fabricados en Estados Unidos y de realizar cualquier transacción con transnacionales de origen estadunidense.

A Tamara de Anda le debemos la ilustración de abajo y la reflexión correspondiente, llamada “Los juguetes de la paz”. Sostiene Plaqueta:
Así se llama un requetechingonsísimo cuento de Saki. Es sobre un tío afligido ante el apasionamiento que sus sobrinitos sienten por las guerras del pasado. Los condenados se saben de memoria hasta el más mínimo detalle truculento de las batallas: el número de muertos, los bestiales métodos de ataque, los litros de sangre derramada. Para contrarrestar lo que a sus ojos es una precoz perversión, les enjareta unos muñecos de lo más aburridos, todos inocuos, para asegún cultivar en sus confundidos corazones un poco de armonía, paz y democracia. Pero tómela barbón: los infantes, nada brutos y sí alarmantemente listos e ilustrados, convierten el mini pueblito de juguete en un brutal campo de batalla, con decapitados y cañonazos y muerte masiva y harta sangrita de tinta roja. Tan-tan.
De esa ficción me acordé al toparme con algo que me pareció una broma del peor gusto: una juguetería llamada “Los Angelitos”. En serio. Con ese esperpéntico nombre uno esperaría encontrarse a Macaulay Culkin blandiendo un hacha ahí dentro. Pero no. Ubicada en la Del Valle, su publicidad promete que “para este día del niño” no tienen juguetes violentos que “atrofien la mente de sus hijos”. Le manejan pura cosa “educativa”.
Pobres chamacos. Siempre subestimados, siempre vistos como descerebrados bodoques-esponja que absorben, sin ningún filtro racional, cualquier babosada que se les ponga enfrente. ¿Por qué a todo mundo se le olvida que alguna vez fue niño, y que no era precisamente una masa-babeante-maleable-mangoneable-100%-vulnerable?
Como si algún chaval fuera capaz de jugar a la guerra o al contrabando o a los narcos o a las armas de destrucción masiva por más de una tarde sin hartarse. Como si les fueran a entrar unas ganas locas de crecer para irse a luchar a Irak. Los niños hallarán un centenar de sentidos menos siniestros que darle a sus juguetes, por más que su diseño se haya basado en las atrocidades de la vida real. O al contrario, si se sienten con ánimo belicoso, encontrarán la manera de sacarle todas las tripas afelpadas al bondadoso Güinipú, enseñarle a su muñequita de trapo lo que es la violencia doméstica o, en el peor de los casos, agarrarse entre ellos a balerazos (muy peligrosos los juguetes tradicionales, mejor déjenselos a los turistas). Y no por eso se van a retorcer y convertir en maleantes-locos-drogadictos.
Sólo tengan cuidado y no le vayan a comprar cosas gringas a los niños, ¡no arruinen el boicot! Tip: todavía existen los juguetes Mi Alegría, y aunque deberían demandar al que les diseña los empaques, sí tienen opciones chidas. Pero cuidado, porque otras son la materialización de la más funesta ñoñería, como los ositos de peluche que rezan el Padre Nuestro con voz electrónica, ¡horror!
Lleve usted este bonito set de soldados que luchan contra los terroristas mediorientales. 100 % hecho en México.


¿Qué culpa tiene el taquero?

abril 29, 2006
  • Guerra preventiva y proliferación nuclear
  • Una mexicana en Teherán
  • El tránsito de Venus en Tabriz

Taquero de Teherán

Alfredo Jalife, que de política internacional y de otras cosas sabe mucho más que este navegante, dice que no caerán las bombas sobre la vieja Persia porque “Estados Unidos no desea desatar otra guerra en el Medio Oriente” y que, en todo caso, el duelo de gestos hostiles en curso entre Washington y Teherán puede conducir a una nueva crisis económica global. Yo mismo, desde la profundidad de mi ignorancia, me atreví a parafrasear a Jean Giraudoux y escribí, hace unos tres meses, que la guerra de Irán no tendrá lugar.
Taquero iraní
Pero la guerra de palabras se hace cada día más álgida, y la verdad es que quién sabe. Los gobernantes iraníes advirtieron antier que si Occidente los sigue hostilizando seguirán realizando sus actividades de tecnología nuclear en secreto, y el máximo líder espiritual del país, Ali Jamenei, amenazó con atacar los intereses estadunidenses en todo el mundo en caso de que Washington lance una agresión militar. De un hombre tan inescrupuloso, fundamentalista e ignorante como George W. Bush se puede esperar casi todo, salvo su propia redención. La combinación de adversarios –fanáticos contra fanáticos— es perfecta para que las cosas acaben mal.
Madre e hijo
Mahmud Ahmadineyad, el presidente de la nación asiática, tiene una sonrisa fácil y agradable, unos ojos tan pequeños y hundidos que pareciera carecer de ellos y suele ser descrito por la prensa occidental como un islamista conservador. Da la impresión que está decidido a proseguir los planes de desarrollo atómico contra viento y marea, aunque asegura que no hay en ellos el propósito de fabricar armas nucleares. Puede ser. En todo caso, la lógica de no proliferación dejó de tener sentido desde que la Casa Blanca lanzó su doctrina mundial de guerra preventiva: visto a la distancia, más le habría valido al régimen de Saddam Hussein poseer las armas de destrucción masiva que no tenía y que Washington utilizó como pretexto para invadir Irak.

Elotero en Teherán

En este nuevo mundo demencial, una cosa es segura: ni India ni Corea del Norte ni Pakistán ni Israel serán objeto de una agresión militar estadunidense, por la simple razón de que, amistades y enemistades aparte, cuentan con bombas atómicas para disuadir a la superpotencia de cualquier acción hostil. Por eso, conforme se intensifican las presiones estadunidenses sobre Irán, mayores y mejores razones tiene ese país para buscar el arma atómica mediante la consecución de planes que no tienen nada de novedoso. De hecho, los esfuerzos de la antigua Persia por dotarse de tecnología nuclear datan de más de tres décadas atrás, cuando aún gobernaba el Sha. En 1974 Irán recibió de la empresa alemana Siemens dos reactores que fueron instalados en la localidad de Bushehr. Años más tarde, la República Islámica compró uranio a China y obtuvo tecnología de la llamada “red A.Q. Khan” que encabezaba un célebre científico paquistaní.

Moflero de Tabriz

En el tema atómico los iraníes comunes y corrientes respaldan abrumadoramente a sus autoridades y expresan ante los atónitos camarógrafos occidentales su orgullo por el desarrollo de una actividad a la que, argumentan, el país tiene todo el derecho, y que contribuirá a la reactivación económica y a paliar el 12 por ciento de desempleo que afecta a la sociedad.

Pese a todo, la moda

En febrero, cuando me dediqué a navegar por Irán, por la biografía de su presidente y por la confrontación con las potencias occidentales, recibí un mensaje de Rebeca González Anduiza, quien acababa de regresar de un viaje por el país islámico. Rebeca resumió sus impresiones en un texto titulado Los Colores de Alá: un viaje al moderno Irán, que tuvo la gentileza de enviarme, y que pondré en línea en cuanto se me ocurra cómo. La crónica está teñida, a mi juicio, de una compartible fascinación ante una sociedad extraña y, a la vez, recónditamente familiar: “Hay tantas dulcerías como puestos de tacos, sólo que no hay ambulantes”.
Esa memoria de viajes, y especialmente la mención de los puestos de tacos teheraníes me hizo caer en la cuenta que una salida bélica al actual conflicto no sólo tendría profundas (y graves) consecuencias geopolíticas y económicas sino que destruiría, en sentido tanto literal como figurado, la vida de mucha gente.
A fin de cuentas, Irán es mucho más que un puñado de ayatolas y una docena de centrifugadoras de uranio: es rebaños pastoreados por nómadas, es condominios verticales y horizontales, es embotellamientos, es niños bulliciosos de preescolar, es odontólogas que hurgan en las bocas de sus pacientes, es herreros y zapateros y tenderos, es cines y gimnasios, es redacciones repletas de periodistas, es obreros y empresarios, es músicos y literatas y bailarines y alfareros, es universidades y centros de fotocopiado, es partidos de futbol y basquetbol, es amantes felices y cónyuges celosos, es sitios arqueológicos y hoteles y bazares y cementerios: es un país lleno de personas que viven con la atención puesta en muchas más cosas que las correlaciones mundiales de fuerzas estratégicas, los imperativos de la economía o los disparates antijudíos de Ahmadineyad y las paranoias de Tel Aviv. Eso trasciende, con mucho, los intereses de las cúpulas gubernamentales de Washington y Teherán y París y Londres y Moscú. Nada en este mundo justificaría que a un taquero de Teherán le cayera un misil estadunidense en la cabeza.

El tránsito de Venus

Con este temor en mente, sentí la necesidad imperiosa de ver algunas imágenes de los iraníes en su vida cotidiana. Encontré en la Red algunas colecciones de fotos, especialmente la de la familia Mahdavi, que tiene música de fondo, y la de Valérie Desnoux, una astrónoma francesa que en junio de 2004 fue invitada por la Universidad de Tabriz a observar el tránsito de Venus sobre el disco solar y que realizó un encantador registro fotográfico de su viaje. De ahí tomé las ilustraciones para éste.

Motofamilia


Sejmet, La Terrible

abril 23, 2006
  • Salif Keita, en México
  • Sostiene Plaqueta: páginas de odio
Diosa de la violencia
A lo largo de febrero y marzo estuvieron apareciendo estatuas de Sejmet, Señora de Occidente, de la Lejanía, de la Vida y de la Muerte, de la Guerra y de la Venganza, bebedora de sangre. Ya sé que no tiene nada que ver y que todos los meses del año son así, pero este abril ha resultado fecundo en violencia y amagos de violencia. Pienso sobre todo en la estúpida idea, que va tomando forma en las mentes de los halcones de Washington, de propinar un coscorrón, tal vez atómico, al Irán rebelde, pero también en el atentado reciente de Tel Aviv y en los dos mineros asesinados a balazos en el complejo siderúrgico de Sicartsa, en México.
Creo que los hallazgos de múltiples Sejmet algo tuvieron que ver en mi ocurrencia de escribir una serie de mensajitos de amor a ciertas damas antiguas, pero la egipcia se fue quedando postergada por un par de razones: la primera, me incomoda que sea tan violenta, y la segunda, que (me) es difícil considerar propiamente hermosa a una mujer con rasgos faciales de leona, incluso si concedemos que del pescuezo para abajo la señora es todo un cuero. Pero tal vez sea prudente dedicarle, si no un puñal ensangrentado, cuando menos unas cuantas líneas. No vaya a ser la de malas.
Su enojo era temible, pero si se lograba apaciguarlo Sejmet daba a sus adoradores el dominio sobre los enemigos, y los fortalecía para que vencieran la debilidad y la enfermedad. En algunos templos se le ofrecía sangre de animales sacrificados para evitar su ira. La mitología egipcia la considera algo así como la brigada paramilitar de Ra. En efecto, en una ocasión en que éste se enojó con los humanos y decidió castigarlos, les envió a Sejmet, quien perpetró una carnicería terrible. Cuando Ra se dio cuenta que la humanidad estaba a punto de ser liquidada, apaciguó a la diosa con una bebida de cerveza, cebada y una sustancia roja que le daba el color de la sangre. Sejmet pensó que el mejunje era líquido hemático, se lo bebió todito y se puso tan borracha que se le olvidó seguir matando. Entonces Ra pudo pasar a la fase de las negociaciones.
Algo dirá sobre la mentalidad de los antiguos egipcios el hecho de que en su panteón hayan otorgado al poder, la guerra y la muerte, la representación de una mujer, Sejmet, y que a su esposo, Ptah, lo hayan investido con los trabajos artesanales, la palabra y la sabiduría, y que al hijo de ambos, Nefertum, lo considerasen “El Bello”, “Señor de los Perfumes” y originario de una flor de loto. Esta constelación familiar podría llenar los ratos de ocio de muchos sicoanalistas y servir de munición para variados estudios de género. Yo nada más consigno el dato.

El Músico

Ahora vamos a la música. El albino más melodioso del mundo, el gaznate más vigoroso de Malí, el enorme Salif Keita, estará próximamente en México y ofrecerá varios conciertos: en el Forum Universal de las Culturas, Monterrey, el 27 de abril; irá al festival Internacional de San Luis Potosí y al Festival del Desierto los dos días siguientes; estará en la Feria de San Marcos el primero de mayo, en el Teatro del Pueblo de Aguascalientes; se presentará el día 2 en el Teatro Diana de Guadalajara, en el Teatro Morelos de Morelia el 4, y cerrará el 7 en la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM, en el D.F. La gira sigue al lanzamiento del disco más reciente de Salif, M’Bemba (Ancestro), por la venerable e indispensable disquera Corasón.
Nacido en Djoliba, Malí, en 1949, en el seno de una familia noble descendiente de Sunjata Keita, el fundador del imperio de Malí en 1240, Salif enfrentó desde los primeros instantes de su vida el rechazo familiar y social. Por la falta de pigmentos en su piel, sufrió la discriminación de su gente cercana, que lo veía como la encarnación de un poder maligno y que escupía en el suelo cuando se lo encontraba para alejar a los espíritus del mal. El joven intentó convertirse en maestro de escuela, pero su debilidad visual le impidió ejercer el oficio. Su padre se horrorizó cuando Salif pensó en dedicarse a la música. De modo que, a los 18 años, el muchacho se largó de Djoliba en dirección a Bamako, la capital maliense, en donde hizo sus inicios como músico callejero, luego cantando en bares, hasta que se unió a una banda patrocinada por el gobierno que tenía su sede en el hotel de la estación de trenes de la ciudad. Posteriormente vendría una década de trabajo en Les Ambassadeurs, y después, la emigración –para nacer al mundo a veces hay que alejarse de la tierra natal— y los comienzos, en París, de una carrera en solitario que culminó con el célebre Amén (1991), en el que participó Carlos Santana. Salud y bienvenido, Salif Keita, voz moderna y ancestral, mandingo y africano del mundo, dador de vida.
Mano tendida

Antes de pasar a lo siguiente, les cuento que para festejar el segundo aniversario de esta columna (25 de abril), y gracias a los empeños de Aura Perroni, ya está listo el blog de Navegaciones (el cibernauta Ijon Tichy, no confundirlo con el cosmonauta del mismo nombre, lo descubrió antes de este anuncio; un abrazo lemiano para él). Espero que algún día logremos poner en línea la totalidad de las columnas hasta ahora publicadas, que suman más de 200. Encuentro que Aura ha hecho un muy buen trabajo de edición hipertextual, pero ustedes juzguen, propongan, destrocen y comenten.

Y ahora sí, por si quedara duda, lo que sigue no es mío sino de Tamara de Anda, y se titula “Tantito sobre páginas de odio (vaciladoras)”.
Sostiene Plaqueta:
–¡Amiguito, digitaliza esa violenta pulsión de muerte y lanza tu propia página de odio en Internet!
Al googlear (verbo de moda) en busca de sitios de aborrecimiento, inquina y repulsión, el torrente de propaganda en contra del Peje es lo primero que brinca. Da espanto la cantidad de chuscadas de baja estofa, blogs azotadísimos siembraparanoias y colecciones de notas tendenciosas. De todo un poco, pero mucho. Lo que extraña es que no existan sitios específicamente anticalderonistas… aunque ¿y ese tal Calderón, quién es? Consulten el chistorete electoral en boga y su respaldo periodístico.
Pues sí, en general las páginas consagradas al odio tocan aquellos temas prohibidos en las comidas familiares que se quieran armoniosas y exentas de batallas campales de sobremesa: política, religión y futbol. Bush, Chávez, el América, Jesucristo, los gringos, Alá, Bill Gates, los árabes, WalMart, los Pumas: todos ellos son blanco de los más sangrientos denuestos, algunos muy ingeniosos, otros al nivel de “puto el que le vaya a…”, tan chafas que invitan más a congeniar con el objeto de repudio que a abominarlo.
Fuera de esos tópicos, detonantes infalibles de discordancia, hay quienes han dedicado su tiempo libre a construir rabiosos vilipendios contra causas mucho más inverosímiles. Pero jalan gente. Por ejemplo, Barney el dinosaurio, víctima afelpada favorita para la crueldad infantil, ya hasta tiene una entrada en la Wikipedia sobre todo el movimiento paródico-sarcástico-sangriento que ha desatado.
También hay comunidades de odio contra ciertos alimentos. Parece que el que mayor cantidad de enemigos ha congregado es esa repugnante sustancia grasienta llamada mayonesa. O las anoréxicas, que de plano se proclaman en contra de todo lo que no sea agua (baja en sales), ya hasta le manejan la playera con el súper slogan “I hate food”.
Por supuesto que existen sitios que le tiran duro a los payasos, ¿qué niño no fue torturado con su monstruoso maquillaje y sus chistes-para-llorar? Los delfines también tienen su página de tirria y, aunque está bastante boba, yo concuerdo: esos animales son sospechosamente simpáticos, tiernos y adorables, ¡blargh!
¿Tons? ¿Quién se va a aventar la página de repudio a las flores de migajón?

El odio a los delfines, respaldado por Sejmet


La traición según San Nageo

abril 20, 2006
  • Iscariotemanía para legos y el Evangelio de National Geographic

La Semana Santa pasada, qué escándalo, el mundo asistió a la reivindicación de Judas. Ahora resulta que el poseído por Satanás, el ambicioso irrefrenable, el infiltrado, el más grande traidor de la historia, fue en realidad vehículo de los designios divinos, elegido de Dios y mártir supremo de sus obras. La revelación, si es tal, cimbrará los cimientos de la cristiandad, los del catolicismo y hasta uno que otro de la civilización humana; la Pasión según National Geographic (Nageo) habrá de incorporarse a los evangelios, la eutanasia (o el suicidio asistido) se volverá un sacramento adicional y habrá que extender a ocho las virtudes teologales e incluir en ellas a una que todavía no tiene nombre: la disposición a dar besitos asesinos.

Giotto

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El mismo beso, arriba según El Giotto, abajo según Helnwein

Las reacciones fueron de la total incredulidad al entusiasmo por lo que fue considerado un acto de reparación histórica. Algunas voces de alta jerarquía dentro del catolicismo mexicano, Norberto y Sandoval Iñiguez, but of course, así como el teólogo chileno Antonio Bentué, se lanzaron a descalificar el hallazgo: obra de gnósticos heréticos, tema taquillero, corriente publicitaria, obra de los enemigos de la Iglesia. “Ni es Evangelio ni es de Judas”, resumió el arzobispo primado de México.

Al parecer, los señores arriba mencionados no están muy al tanto de las tendencias de la moda actual en El Vaticano, y no me refiero precisamente a los diseños de casullas para esta primavera: por ejemplo, Walter Brandmuller, jefe del Comité Pontificio para la Ciencia Histórica, sostiene que la traición de Judas en el Huerto de los Olivos no fue deliberada; simplemente “cumplía con su parte en el plan de Dios”. Por su parte, Vittorio Messori, investigador católico cercano a Benedicto XVI, sostiene que la rehabilitación del personaje “resolvería el problema de la aparente falta de misericordia de Jesús hacia uno de sus discípulos”. A su vez, Donald Senior, presidente de la Unión de Teólogos Católicos y miembro de la Comisión Bíblica Pontifical por nombramiento de Juan Pablo II, señaló que el manuscrito recién publicitado puede ser punto de partida para un nuevo debate teológico sobre la figura iscariótica; “sólo Dios sabe lo que dirán los sacerdotes este fin de semana en la iglesias”, dijo, y concluyó: “Si me equivoco, que Judas me perdone”. Que viva Judas.

Tal vez algunos cristianos no católicos se sientan tentados a pensar que, a fin de cuentas, este viraje tiene cierta coherencia en la medida en que Roma representa más la tradición de Judas que la de Pedro, y que lleva muchos siglos recolectando monedas a cambio de traicionar las enseñanzas de Jesús, por más que, hasta donde sé, en estos dos milenios ningún Papa se ha colgado de la rama de un árbol. Es una mera especulación de mi parte y el debate al respecto, si lo hubiera, no me tendrá entre sus participantes. Además, nos desviaría del asunto principal, que es la negación del Iscariote como delator de su gurú.

Aparte de la Pasión según Nageo, los especialistas William Klossen y Hyam Maccoby dicen que Judas no fue un ladrón ni un mentiroso, como lo quiere el Evangelio de Juan, sino un idealista con un sólido sentido de la justicia que se sintió muy desilusionado con las injusticias de su época. En algo esos estudiosos canadienses parecen coincidir con el chileno Bentué, quien asegura que monsieur Iscariote pertenecía al movimiento nacionalista zelote, el cual perseguía una Judea independiente del Imperio Romano mediante la lucha armada. “Andaba buscando un líder que pudiera aglutinar al pueblo judío contra la presión de Roma, pero encontró a Jesús, que no andaba en eso y entonces se fue decepcionando y, sintiéndolo mucho, porque lo quería, lo traicionó”. El sacerdote argentino Armando Levoratti, miembro emérito de la comisión bíblica del Vaticano, comenta que “la acción de mister Iscariote es quizá el hecho más desconcertante que narran los evangelios” y recuerda que el verbo griego empleado en los evangelios para denotar la acción de Judas con respecto a Jesús es paradidomi, que significa entregar, y que encierra una velada alusión al designio de Dios y no a una traición: “el Hijo del hombre es ‘entregado’ a la muerte, conforme al plan de Dios para la salvación del mundo”.

Por lo demás, los estadunidenses coinciden en que la construcción del personaje por la tradición católica está relacionada con el afán de los cristianos por desacreditar a los judíos y fomentar el antisemitismo. Bentué, por su parte, señala un hecho interesante: los intentos de reivindicar a Judas no aparecieron con el reportaje de Nageo, sino que datan de hace mucho tiempo. En 1853, en su clásico Judas Iscariot, el claridoso Thomas de Quincey buscaba reivindicar a quien ha sido considerado traidor por antonomasia. Años más tarde, el profético e imaginativo Borges se sacó de la manga a un teólogo vigesimónico, Nils Runeberg, y le hizo decir lo siguiente:

La traición de Judas no fue casual; fue un hecho prefijado que tiene su lugar misterioso en la economía de la redención. El Verbo, cuando fue hecho carne, pasó de la ubicuidad al espacio, de la eternidad a la historia, de la dicha sin límites a la mutación y a la carne; para corresponder a tal sacrificio, era necesario que un hombre, en representación de todos los hombres, hiciera un sacrificio condigno. Judas Iscariote fue ese hombre. Judas, único entre los apóstoles intuyó la secreta divinidad y el terrible propósito de Jesús. El Verbo se había rebajado a mortal; Judas, discípulo del Verbo, podía rebajarse a delator (el peor delito que la infamia soporta) y ser huésped del fuego que no se apaga. El orden inferior es un espejo del orden superior; las formas de la tierra corresponden a las formas del cielo; las manchas de la piel son un mapa de las incorruptibles constelaciones; Judas refleja de algún modo a Jesús.”

Hay otras versiones. Una nota de El Universal de México del pasado 6 de abril consigna la existencia de El Evangelio de Judas Iscariote (Ed. Terra Ignota, México, 1992), libro en el que el mexicano Raúl Rangel, fallecido en 2004, “narra cómo un amigo suyo, que estuvo ordenado en la religión católica y tuvo acceso a la Biblioteca Vaticana, le hizo llegar a fines de los años 70 una copia que tradujo del latín al español de lo que, le dijo, era un documento secreto que encontró en la Biblioteca de la Santa Sede y que se trataba de El Evangelio de Judas. Rangel estudió por 15 años el tema y se convirtió en un especialista. En el escrito, cuyo original habría sido redactado por el propio Judas Iscariote, describe cuáles son las impresiones personales que tenía de Jesús, cómo fue que el profeta decidió incluirlo entre sus discípulos y, entre otros aspectos, que antes de la Ultima Cena, el Mesías le confía que él va a tener que entregarlo.”

La nota omite la hipótesis más escandalosa del librito: Judas traicionó a Jesús por despecho de amante despreciado y corroído por los celos ante la relación que su maestro habría sostenido con Juan, el “discípulo amado”; la Pasión habría sido, entonces, una historia de gays. No tengo la menor idea de si el texto citado por el autor defeño existió fuera de su imaginación o si fue una invención a lo Borges. De lo que no me queda duda, porque tengo un ejemplar a la vista mientras escribo esto, es de la existencia del opúsculo del propio Rangel, que según El Universal “se agotó en 1994, (y) en ese año la Editorial Selector pagó los derechos de una edición de 20 mil ejemplares, los cuales imprimió pero no distribuyó”. A ver si alguien se lo topa por ahí en alguna librería de viejo.

El brote de iscariotemanía que apareció de pronto como una isla en medio de las aguas de iscareotefobia características de la Semana Santa, parece haber cedido. Tal vez haya sido por efecto del Sábado de Gloria, cuando en innumerables representaciones la figura del traidor acaba apaleada, escupida y achicharrada por multitudes exultantes. Que muera Judas.


El Pendón Morado / III y última

abril 20, 2006
  • Hacia la Tercera República Española
  • Sostiene Plaqueta: I don’t speak chamorro

Si los hispanohablantes no peninsulares fuéramos acendradamente egoístas tendríamos que vivir eternamente agradecidos a la memoria de Franco, porque cuando éste dio su golpe de cachiporra sobre la piel del toro provocó una diseminación de inteligencia, cultura y humanismo por todas las esquinas y rincones del continente idiomático. Cuántas instituciones, cuántas cátedras, cuánta obra genial, cuántas tertulias, cuántas vidas buenas y honradas fundaron los republicanos desterrados. No quiero dar un ejemplo ni mencionar un nombre, porque sería tan injusto como llamarle mar a una sola gota de agua. Gracias a ese río español de sangre roja (Pedro Garfias) que le llegó del otro lado del Atlántico, América Latina se hizo más buena, más culta y más moderna, y refrendó su pertenencia a una región del espíritu humano que empieza en Filipinas, se consolida en América, sin constreñirse a las tierras al sur del río Bravo, revienta en el Caribe, se asienta en la península Ibérica y se extiende hasta las costas occidentales de Africa, donde los saharauis y guineanos ecuatoriales sobrellevan sus padecimientos respectivos. La globalización no se inventó ayer.

14abril

14 de abril de 1931

republi

14 de abril de 2006

Aunque así no fuera, el achicamiento del mundo ha legitimado los reclamos de la derecha mundial -algunos formulados desde España, otros desde México- por la situación deplorable de los derechos humanos en Cuba e hizo posibles el enjuiciamiento en Madrid de genocidas sudamericanos y el pedido de extradición de Pinochet, formulado en 1998 por Baltasar Garzón a Inglaterra. En reciprocidad agradecida, y sin un ápice de mala entraña, debemos decirles, hermanos peninsulares, que su democracia monárquica todavía huele a sangre, que hasta las salas impecables de sus tribunales llegan de vez en cuando los gritos de los torturados, que hace falta un poco de transparencia en el gasto de la familia real -pagado con recursos públicos- y que la libertad de expresión está atada (“y bien atada”) de antemano cuando el derecho penal impide cualquier crítica a un integrante vivo o muerto de la dinastía Borbón.

En territorio español, la República es más que un fantasma y más que un recuerdo porque, como señala Víctor Díaz Cardiel, “30 años después de la muerte del dictador y de la toma de posesión de Juan Carlos, la monarquía como forma de Estado es una rémora para el desarrollo democrático de este país”. Jaume Durgell, por su parte, señala que “la cuestión de la monarquía no es más que la manifestación de un problema mucho mayor: un problema cuya base tiene que ver con la esencia misma de la injusticia: en la repugnante creencia de que algunas personas nacen con más derechos que otras. Sostener la causa del rey es afirmar que hay personas superiores a otras, y eso es trágico, es dañino y es mentira”. Pero hay aún monárquicos que afirman sin rubor que la reivindicación de la República es anacrónica y obsoleta, como si hubiera un anacronismo mayor que el de un rey de chocolate encabezando el Estado.

El florecimiento de los republicanos en España es despacioso y todavía minoritario, pero ha superado la marginalidad. En noviembre del año pasado, según datos de una encuesta dada a conocer por El Mundo, 24 por ciento de los españoles prefería la república a la monarquía, frente a 38 por ciento que respaldaba a la Corona y otro tanto que no podía definirse ante la cuestión. Cinco años antes los republicanos eran sólo 15 por ciento, los monárquicos alcanzaban 43 y quienes no expresaban una postura definida sumaban 32 por ciento. Esa cuarta parte de la sociedad española que rechaza la monarquía no necesariamente participa en un movimiento político organizado. Estos vínculos son una pequeña guía incompleta de la creciente marejada republicana. Este mes, cuando se conmemora el 75 aniversario de la Segunda República, los partidarios de establecer una Tercera miden sus fuerzas, realizan centenares de actos políticos y culturales y se concentrarán, el sábado 22, en una marcha que irá de la Cibeles a la Puerta del Sol. Ya veremos. Estoy seguro que más temprano que tarde la sociedad española habrá de liberarse de los zánganos reales y coronará como rey al único aceptable: el pueblo soberano.

* * *

Gracias por sus mensajes y por su información a Martín Triana, Fernando Terreros, Laura Bolaños, Salvador Zaragoza Jiménez, María, Alejandrina Pliego (ambas, en Italia), Mario López, Arturo Gálvez, Enzo Mangini, Rolando Sarmiento Bravo y Eduardo Lera. Abrazos tricolores (rojos, amarillos y morados) para todos ustedes, y a lo que sigue. Hace unos días le pedí a Tamara de Anda, Plaqueta, también conocida como La Reina del Blog (plaqueta@gmail.com), que compartiera el mar de estas navegaciones dominicales en la forma en que le diera la gana. Y aquí va la primera de sus incursiones. Las llamaré, en homenaje a Tabucchi, Sostiene Plaqueta:

I dont´t speak chamorro. En un oscuro episodio universitario, a unas compañeritas les tocó exponer en clase sobre No Logo. Bien entrenadas por la SEP para el refinado arte de la memorización a-lo-pendejo, escupieron un montón de párrafos llenos de ordenadores chinos, cazadoras cosidas por chamacos malayos y, por supuesto, diabólicas zapatillas Nike. Comprendí entonces, con elevado espanto, que mucha gente es incapaz de digerir los localismos de las traducciones españolas, y que casi casi lo mismo daría que leyeran la versión original del texto en inglés, bielorruso o totonaca. ¿Cuántos incautos no andarán por ahí creyendo que los canadienses están locos y usan tacones para jugar futbol, o que hay países donde el ecologismo es tan salvaje que, en venganza contra las villanas que alguna vez cazaron animalitos inocentes, las despellejan y se visten con ellas? (¡Guión para película gore!).

Y eso que no les tocó un libro con mucho argot, de otro modo se habrían extrañado ante la escatológica facilidad gachupina de cagarse en todo, o por aquello de que ahí las cañas empedan -sin ser ron- y se fuman a los porros (¿del Poli, de la UNAM, de la Complutense?). Del otro lado, qué desconcierto ha de suscitar nuestra mexicana fijación oral en forma de incesantes solicitudes al prójimo para que no mame, o la sorprendente -y embrollante- cualidad polisémica del chingar, que debe ser el término más útil de la historia.

Eso nos pasa por hablar una lengua que no es como la madre-sólo-hay-una, sino todo lo contrario: un desmadre de heterogeneidad. Más fácil la han de tener los hablantes de chamorro (no es cábula, ese es el idioma de las Islas Marianas y Guam, donde quién sabe si están piernudos o no), que por ser poquitos seguro se ponen de acuerdo más fácilmente.

Para aliviar tanta confusión está “Jergas de habla hispana“, glosario en constante crecimiento. El buscador funciona por país y/o palabra. Indispensable para mis compañeritas, recomendabilísimo para cualquier hablante-lector-escribiente del idioma español:

Vayan y navéguenlo antes de que nos trague el inglés y los hispanohablantes nos convirtamos en extraños seres en especie de extinción (a lo mejor hasta con presupuesto federal para preservarnos en salmuera). Si no, próximamente: Navigations por Peter Michael, no se lo pierda en su periódico favorito The Working Day.

chamorro

¿Es feliz el chamorro? -Es feliz.


El Pendón Morado / II

abril 20, 2006
  • Borbón y el Tejerazo del 23 de febrero
  • De república agredida a monarquía agresora

El Artículo 25 de la Constitución española de 1931 dice: “No podrán ser fundamentos de privilegio jurídico la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas. El Estado no reconoce distinciones y títulos nobiliarios”. El 40 afirma: “Todos los españoles, sin distinción de sexo, son admisibles a los empleos y cargos públicos según su mérito y capacidad, salvo las incompatibilidades que las leyes señalen”.

Los pasajes equivalentes en la Constitución monárquica de 1978 indican que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social” (artículo 14), pero luego adversa: “El Rey es el Jefe del Estado (…) Su título es el de Rey de España y podrá utilizar los demás que correspondan a la Corona. La persona del Rey de España es inviolable y no está sujeta a responsabilidad” (artículo 56). El precepto siguiente reza: “La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos”. A esos renglones siguen varias páginas con más pendejadas medievales sobre líneas de sucesión, matrimonios, príncipes herederos y tutores reales.

Hay la generalizada opinión de que la disyuntiva entre monarquía y república es falsa, y que lo importante, en el caso de España, es que este rey salió bueno: dice la versión oficial que ha sido muy democrático y respetuoso, que su presencia fue determinante para permitir una transición tersa y tranquila y que los españoles deben estarle eternamente agradecidos por su actitud firme y honorable el 23 de febrero de 1981, cuando un grupo de militarotes trató de violentar el orden democrático. “Según consenso unánime, el factor determinante en la transformación de España ha sido el rey Juan Carlos”, sostiene, en forma previsible, Mario Vargas Llosa. Y pareciera no faltarle razón: “según una encuesta de Demoscopia, 88 por ciento de los españoles opinó recientemente que el rey ha sabido ganarse la simpatía incluso de aquellos que no ven la monarquía con buenos ojos, y 85 por ciento aseguraba que el soberano había hecho un buen trabajo.”

teje

“¡… Se sienten, coño!”: Tejero a los diputados.

Sobre el Tejerazo: Paul Preston en su biografía de Borbón (Juan Carlos, el Rey de un pueblo) afirma que éste no tuvo nada que ver con el Tejerazo: “Guillermo Quintana Lacaci, capitán general de Madrid, dijo: ‘soy franquista, adoro la memoria del general Franco, he sido ocho años coronel de su regimiento de guardia, hice la Guerra Civil, por tanto ya te puedes figurar cómo pienso. Pero el Caudillo me dio orden de obedecer a su sucesor y el Rey me ordenó parar el golpe del 23-F y lo paré; si me hubiera ordenado asaltar las Cortes, las asalto’.” Sin embargo, fuentes tan diversas que van desde alguno de los participantes en la intentona hasta grupos de izquierda radical insisten en desmentir la determinación democrática de Borbón en aquellos momentos o señalan al menos que el jefe del Estado dejó pasar demasiado tiempo antes de tomar partido. Reproduzco algunas:

Amadeo Martínez, diplomado del Estado Mayor en aquel entonces, dijo a La Jornada que existen sospechas de que el rey no fue el ‘restaurador de la democracia’, como sostiene la versión oficial. En su libro 23-F, el golpe que nunca existió, Martínez sostiene que el supuesto golpe fue una operación en beneficio de la corona española. ‘[Jaime] Milans del Bosch me dijo: el batallón que ocupó Valencia salió prácticamente desarmado. No iba a combatir contra nadie. Llevaba órdenes rigurosas de respetar el entorno urbano para evitar accidentes entre la población. Aquello no era un golpe militar. Sólo se trataba de escenificar una situación política especial, limitada en el tiempo, en provecho de España y la Corona'”.

JCI

El rey en la tele.

“Me resulta muy difícil creer que el Rey no tuviera ningún conocimiento previo de una operación cuya cabeza pensante era uno de sus colaboradores más cercanos (…) Los golpes militares de verdad no se dan a las seis de la tarde, con soldados que van dando vivas al jefe del Estado contra el que teóricamente actúan, con tanques desarmados que respetan los semáforos y las reglas de circulación, con oficiales golpistas que envían cámaras de televisión para que la primera magistratura del país pueda dirigirse cómodamente a los ciudadanos, con su máximo dirigente político deseando ir a palacio a los pocos minutos de comenzado el operativo para contarle al Rey cómo se están desarrollando las cosas, con su líder militar (un general monárquico del máximo prestigio dentro de las FAS) recibiendo órdenes por teléfono del propio monarca y a la vez jurándole fidelidad sin límites”.

Es imposible creer que los servicios de información españoles ignorasen la preparación del golpe, siendo igualmente inimaginable que el general Alfonso Armada -tras 15 años de colaboración con don Juan Carlos de Borbón- hubiera aceptado encabezar un proceso de intervención militar sin contar con la anuencia de Estados Unidos (…) Según la declaración que hizo en el juicio, a [Antonio] Tejero en aquel momento le dieron a entender que el nuevo gobierno sería sólo de militares, y que el verdadero jefe era el Rey, que lo apoyaba totalmente. Armada le explicó: ‘La monarquía necesita robustecerse, por ello Su Majestad me ha encargado esta operación’. También le revelaron que tanto el Vaticano como el gobierno estadunidense habían sido sondeados y que la administración Reagan les había prometido ayuda”.

Un informe confidencial publicado recientemente por El Mundo dice que en vísperas de la intentona Milans del Bosch reunió a sus generales y les dijo “que podía producirse en Madrid un hecho importante (…) al que había que estar atentos” y que “de este hecho S. M. el Rey estaba al corriente, lo aprobaba y lo apoyaba, como le había hecho saber a él el general Armada, de cuya fidelidad a la Corona no tenía ninguna duda”. “La mecánica sería la siguiente: producido el incidente, Armada se iría a La Zarzuela, y desde ahí daría instrucciones concretas, siempre en nombre de S. M.”

Una última opinión, la de José de Argüelles Ponte, quien dice haber sido comandante en la división Brunete, bajo el mando de Milán del Bosch, y haber participado en la Operación Galaxia, conspiración anterior al 23-F que se disolvió en la nada, asegura que “Su Majestad nos traicionó” y que “Tejero (…) tomó las cortes y desde allí telefoneó a S. M., dándole el parte. Este llamó a la Brunete para que socorra a Madrid de desmanes de los rojos que sacaban cabeza.” Posteriormente, prosigue este sujeto, Milán del Bosch recibió una llamada “del mismísimo Rey”, quien le habría dicho: “Encuéntrome en comprometida situación y os ruego replegaros a Valencia y entregaros a jurisdicción militar; ésas son mis órdenes o ateneos a las consecuencias”.

Algo más: en los términos de la Constitución de 1931 España no habría podido ser uncida a la agresión criminal de George Walker contra Irak, toda vez que su artículo 6°, breve y luminoso, dice: “España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional”. El documento de 1978, en cambio, señala que “Al Rey corresponde, previa autorización de las Cortes Generales, declarar la guerra y hacer la paz (…) y el mando supremo de las Fuerzas Armadas”. Borbón fue, en consecuencia, cómplice de Bush, de Blair y de Aznar en la carnicería. Me queda claro que las formas de gobierno republicanas no son necesariamente sinónimas de democracia y pacifismo y que las monárquicas no pueden asociarse en automático con belicismo y dictadura. Pero España fue agredida (por Hitler, por Mussolini, por el propio Franco) para restablecer la Corona, y fue agresora, 67 años más tarde, bajo la monarquía restaurada. Así fuera sólo por eso, algunos en el mundo seguimos llevando en el corazón una España que es roja, amarilla y morada.


El Pendón Morado / I

abril 13, 2006
  • Toribio Echeverría recuerda el 13 de abril
  • Amnesia de la España democrática

“Antes de las seis de la mañana habíase congregado el pueblo en la plaza que se iba a llamar de la República, y los concejales electos del domingo, por su parte, habiéndose presentado en la Casa Consistorial con la intención de hacer valer su investidura desde aquel instante, se constituyeron en sesión solemne, acordando por unanimidad proclamar la República. Acto seguido fue izada la bandera tricolor en el balcón central del ayuntamiento, y Juan de los Toyos dio cuenta desde él al pueblo congregado, que a partir de aquella hora los españoles estábamos viviendo en República”. Años más tarde, exiliado en Caracas, Toribio Echeverría narró así lo ocurrido en la localidad vasca de Eibar el 13 de abril (cumpleaños de Clara) de 1931. Un día después de esa fecha el Pendón Morado, que en realidad es tricolor (tres franjas horizontales: roja la superior, amarilla la mediana y morada la de abajo), fue izado en las principales ciudades de España. Tomaba cuerpo así el Pacto de San Sebastián (17 de agosto de 1930), en el que el conjunto de los partidos y organizaciones republicanas acordaron impulsar la democracia universal y estatutos que regulasen la vida regional y las relaciones con el Estado español para Cataluña y para “todas aquellas otras regiones que sientan la necesidad de una vida autónoma”. Florecía la sangre de los mártires insurrectos Fermín Galán y Angel García Hernández, sentenciados en juicio sumarísimo y fusilados a las 14 horas del 13 de diciembre de ese mismo año, “a pesar de ser domingo y ser tradición no ejecutar condenas de muerte en ese día de la semana”, en el polvorín de Fornillos, en Huesca. Fructificaba la movilización electoral de 12 de abril siguiente, en la que los republicanos enviaron a Alfonso XIII y a su élite clerical y militar un mensaje inequívoco de rechazo. Se reivindicaba la lucha de los castellanos de Madrid y los valencianos de Alcoy que en 1873 forzaron la proclamación de la Primera República.

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Esa mañana, en Eibar, el pueblo destruyó los símbolos de la monarquía

Toribio Echeverría fue un representante digno de la generación que forjó la Segunda: obrero de origen, empezó a trabajar a los 13 años como aprendiz en un taller de grabado. Ganó en concurso público el cargo de secretario del ayuntamiento de Eibar, en donde fundó cooperativas industriales y de consumo y ayudó a establecer la Casa del Pueblo. Fue miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y de la Unión General de Trabajadores (UGT). Tomó parte activa en la Guerra Civil (1936-1939) en defensa de la República y, ya en el exilio, en Venezuela, se dedicó a la literatura, a la filosofía y a la lingüística. Fue nombrado integrante de la Euskaltzaindia (Academia de la Lengua Vasca). El párrafo que inicia esta navegación pertenece a su libro Viaje por el país de los recuerdos.

viaje_pais_recuerdos_1968

No es bueno el olvido. Han pasado 75 años desde aquella mañana en Eibar, 70 desde que un puñado de militares criminales se alzó en armas contra el gobierno legalmente establecido, 67 desde la derrota militar del bando republicano, 31 desde la muerte de Franco, 29 desde la disolución de la República Española en el Exilio, 28 desde la promulgación de la constitución monárquica actual. Mucha agua ha corrido por los cauces del Ebro, el Duero, el Guadalquivir, el Guadiana, el Tajo, el Júcar y el Miño. En Madrid y Guernica se borraron hace mucho las huellas de las bombas arrojadas por la aviación nazi, los poetas y los pensadores lanzados a la diáspora se han ido muriendo en olor de dignidad, y a los más viejos habitantes del Valle del Jarama se les borraron ya los rostros de los miembros de las Brigadas Internacionales que defendieron allí, con las armas en la mano, la libertad, la justicia y el futuro del mundo.

Atrás han quedado las cuatro décadas de edad media impuestas por la dictadura. Quienes se quedaron sobrevivieron a las tinieblas -algunos, muy a gusto en ellas; otros, en padecimiento del silencio, la clandestinidad, la represión- y en el tercer cuarto del siglo pasado emergieron para fundar la monarquía constitucional, la España actual, un país tan distinto del franquismo como de la República. Las fuerzas políticas que a la muerte del Criminalísimo pactaron un nuevo orden político tuvieron que negociar. Los dictatoriales aceptaron el establecimiento de la democracia y los demócratas aceptaron la impunidad para los crímenes y los criminales del pasado reciente. Entre otras cosas. La mayoría de los españoles consideró entonces -creo que lo sigue pensando- que la Constitución de 1978 constituye un marco adecuado para resolver las contradicciones añejas del país, los conflictos que le planteaba un presente que ya se fue, y los desafíos del futuro. Ojalá.

Pero es bueno recordar. En julio del año pasado, Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional en España, puso sobre la mesa las fotos de los muertos sin sosiego: “El país que pidió la extradición de Pinochet y el país cuya Audiencia Nacional ha condenado recientemente al ex militar argentino Scilingo por crímenes de lesa humanidad, no ha sido capaz de ofrecer verdad, justicia y reparación para aquellas víctimas de su propio país que padecieron abusos graves durante la Guerra Civil y el régimen franquista.” El 30 de marzo la organización humanitaria insistió: “los restos de decenas de miles de personas permanecen en fosas clandestinas sin haber sido identificados o en lugares desconocidos por sus allegados. Los familiares de quienes fueron condenados a muerte y ejecutados tras juicios injustos no han podido hasta ahora conseguir la anulación de tales sentencias. La información oficial que pudiera establecer la verdad de lo sucedido, contenida en los numerosos archivos repartidos por todo el Estado español, sigue siendo de difícil acceso y, en algunos casos, corre el riesgo de desaparecer”.

A principios de su mandato, hace ya dos años, José Luis Rodríguez Zapatero se comprometió a conformar una comisión interministerial (CI) para el estudio de la situación de las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. La entidad se constituyó el 10 de septiembre de 2004 y quedó a cargo de la vicepresidenta del gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, pero ha permanecido muda desde entonces.

La bancada de Esquerra Republicana de Catalunya, por voz del diputado Joan Tardà i Coma, presentó en febrero de este año una propuesta sobre la memoria histórica republicana y antifascista que establecía, entre otros puntos, la anulación de las sentencias represivas dictadas por los tribunales militares o civiles del franquismo, la indemnización con 12 mil euros a los familiares de los fusilados, la reparación jurídica y moral de los daños causados a los guerrilleros que operaron tras la caída de la República y a las personas que fueron represaliadas, encarceladas, torturadas o desterradas, la restitución de los bienes y honores a los integrantes de las instituciones y fuerzas públicas republicanas, la anulación de la causa sumarísima instruida al presidente catalán Lluis Companys, fusilado por el ejército, y el reconocimiento de las aportaciones a la libertad y la restitución de los bienes a las logias masónicas, los naturistas, los evangélicos, los esperantistas, los judíos, los gitanos, los que sufrieron persecución por su orientación sexual y las entidades perseguidas por motivo de lengua y cultura. El dilatado universo de las víctimas denota el tamaño de la destrucción causada por Franco y sus secuaces. Sin embargo, los grupos parlamentarios del Partido Popular (PP, heredero de clóset del franquismo) y del PSOE (víctima del franquismo con posible síndrome de Estocolmo) desecharon la moción; el primero, con el argumento de que “es un error escarbar en el pasado” (dicho literal del “popular” Manuel Atencia Robledo), y el segundo, con el pretexto de que debe esperarse las conclusiones de la CI y que, cuando estén listas, el gobierno de Rodríguez Zapatero presentará una propuesta de ley. Qué daño puede hacerles a los muertos una espera adicional de seis meses, diez años, otro siglo.

Por los republicanos asesinados, torturados, encarcelados y perseguidos; porque incluso tirados en sus tumbas anónimas son mucho más necesarios, íntegros y modernos que los politicastros cortesanos y monárquicos del siglo XXI, y también por razones más actuales que expondré la semana entrante, la navegación termina, por ahora, con estas tres palabras: Viva la República.